27 de octubre de 2020, 17:04:47
Opinión


Asignatura pendiente

Por Pedro Montoli├║


Salvo para los vecinos afectados de Pozuelo y Boadilla, el cierre de la Casa de Campo es un logro medioambiental. No entiendo, por tanto, que ahora se cuestione desde la presidencia de la Comunidad. Sí, habrá que buscar soluciones para esos 3.000 vehículos que antes tenían en la Casa de Campo un magnífico atajo pero no a costa de volver a abrir el parque a los coches.

Otro asunto muy diferente es el de la prostitución. La medida medioambiental parece haberse contaminado con la percepción de que más que a salvar los árboles la decisión municipal respondía a un intento de salvar almas. Y digo almas y no cuerpos porque, como ha resumido el delegado de Movilidad a él no le importa dónde vayan las prostitutas de la Casa de Campo.

Los actuales responsables madrileños, como los anteriores y los anteriores y los anteriores, no saben qué hacer con la prostitución. De nada ha valido celebrar congresos, perseguir a los clientes, abrir una oficina de la Policía Municipal en plena Montera o  detraer cuatro o seis patrullas diarias de policías municipales para que permanezcan como mudos testigos de esta ctividad alegal, lo mismo que no servirán de nada las cámaras o intentar expropiar la licencia de los sex shops.

El problema de la prostitución ha sido la asignatura pendiente de cualquier gobierno. Da igual el método empleado. A principios del siglo XX muchos pensaron que con la apertura de la Gran Vía que iba a suponer el derribo de numerosas callejuelas donde se ejercía la prostitución  se iba a acabar con el problema. El resultado fue que las meretrices se reubicaron en las calles laterales a la nueva vía. Franco, que mantuvo abiertas las casas de citas hasta que Carrero Blanco le hizo cerrarlas, metía a las prostitutas en prisión o las deportaba durante seis meses a centros especiales. No logró tampoco erradicar esta actividad. Ahora se las persigue por Montera, por la colonia Marconi, por la Casa de Campo y no por ello disminuye el número de mujeres que patean la calle a la busca de un cliente.

Ojo, cuando se habla de medidas contra la prostitución todas están referidas contra la callejera porque la otra, la que se ejerce en locales o en pisos esa parece no contar, salvo cuando, de higos a brevas, una redada policial descubre a un número de indocumentadas que terminan con una orden de expulsión, o cuando, de vez en cuando, cae una banda que trafica con mujeres. Sin embargo, para qué engañarnos, este tipo de actuaciones, sin duda, mucho más interesantes y certeras apenas son una gota de agua en un mercado que mueve más dinero que el juego.

Quienes defienden la legalización de la prostitución argumentan que con ello se  favorecería la eliminación de los chulos, además de .conseguir un mayor control sanitario y hasta fiscal. Es posible. Lo que está claro es que por el camino que vamos no se va a ninguna parte. Y no se trata de conseguir que el problema se traslade a otros puntos de la Comunidad. Eso, como la historia nos demuestra, no es más que un parche. Es hora, por tanto, de sentarse con todas las partes implicadas y analizar, de verdad, qué se hace y cómo se hace antes de que la situación se complique aún más de lo que está.
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