31 de octubre de 2020, 20:47:02
Opinión


Agua del Jordán

Por Rafael Martínez-Simancas


Dicen que Madrid es una de las diez ciudades donde mejor se vive en el mundo, pero también es una en las que mejor se muere. Uno puede estar en una terraza y asistir a la acción armada de alguna mafia de las muchas que tienen sucursales por aquí. El viejo perista que se ganaba la vida afanando carteras en el autobús se jubiló hace tiempo y ahora lleva a sus nietos al colegio, como cualquier otro ciudadano, y hasta recela de la delincuencia que vino del este “porque no saben hacer las cosas bien”.

Madrid es curiosa, formidable, terrible y brutal, todo al tiempo. Incluso te pueden bautizar con agua del Jordán que es lo propio de los príncipes. Hasta es posible que pongan de moda agua bendita embotellada para bautizos selectos. Ciudad atea donde los ministros juran el cargo sobre una Biblia de Carlos IV.

En Madrid igual te atropella la escolta de un ministro que un vendedor de Lotería te ofrece el Gordo y tú lo rechazas porque la suerte nunca viene cuando se persigue. Hay toros en Las Ventas, espontáneos en la Bolsa que están a la que salta, putas desterradas y concejales que se lavan las manos. Una ciudad de japoneses que recelan porque piensan que en los tablaos les van a robar las cámaras. Todos tan iguales, como si en el aeropuerto les dieran un plano y un saco de miedo.

Y mucho más. Por lo tanto no se vayan mucho tiempo de vacaciones porque se lo pueden perder. Madrid es tan dañina que provoca un cierto grado de síndrome de Estocolmo, de ahí que se le eche de menos cuando tan a menudo se le echa de más. Las pasiones o son completas o no existen.

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