24 de noviembre de 2020, 5:20:46
Opinión


Dos son mucha multitud

Por Marta Jiménez Serrano


Adolfo Cabrales y Andrés Calamaro se han quedado sin vacaciones de verano, y han decidido embarcarse juntos en una gira por España. La última parada que hicieron fue el pasado sábado, día 7, en Getafe, en el Estadio Juan de la Cierva.

Fito y Calamaro, ambos tremendamente venerados por separado, juntos crearon tremenda expectación entre el público, y las entradas volaron. Sin embargo, el nombre de la gira ya parecía no ser muy optimista, y en el concierto quedó claro que dos son multitud (y cuánta). El concierto empezó con más de media hora de retraso y los dos, uno alto, otro bajito, uno con gafas de sol y otro con patillas, saludaron al público.

Tocaron cuatro canciones juntos –que no revueltos-, dos del bilbaíno y dos del argentino. Luego Fito se fue y Calamaro tuvo que enfrentarse sólo a un público que no esperaba una hora y media de susurrante acento argentino. Y a pesar de que Calamaro brilló sobre el escenario, mucha gente estaba dispersa, atendiendo a las bebidas o haciendo cola en el puesto de perritos calientes situado al final del campo de fútbol. Sólo las más conocidas (La Flaca, Te quiero igual) fueron aplaudidas por todos.

Y no es que la gente no se supiera las canciones, pero Calamaro no captó la atención deseada. De hecho, cuando el argentino se fue no se oyó el reclamo popular de un bis, no se oyó un claro “otra, otra”, ni aplausos desaforados. Cabezas inquietas observaban, pensando que lo mejor estaba por llegar.

Y llegó Fito. Entre la actuación de uno y otro cantaron Estadio Azteca a dos manos, que fue coreada con entusiasmo, y tras la despedida de Andrés la boina de Fito acaparó todas las miradas y los aplausos. Tanto, que en una ocasión se la quitó ante el público, que no se callaba. El bilbaíno empezó explotando el último disco, Por la boca vive el pez, y luego recordó viejos tiempos haciendo un repaso de las más conocidas (Soldadito marinero, A la luna se le ve el ombligo). A las dos y media terminaron a medias con una canción de cada uno.

Calamaro estuvo hablador, introdujo las canciones, intentó alguna broma y en la mayoría de sus canciones tocó la guitarra. Fito, que sólo habló para dedicarle Cerca de las vías a su madre, no dejó las seis cuerdas en ningún momento, y se mostró en el escenario mucho más tímido que fuera de él. Ambos, en su estilo, cumplieron con creces individualmente, pero faltó compenetración. Por eso Calamaro salió perdiendo, ya que Fito jugaba en casa..

Pero a pesar de la falta de juego en equipo, son Fito y Calamaro, y eso nunca puede salir mal. Fue un concierto tal vez diferente a lo esperado, pero en el que la gente disfrutó, bailó, cantó y, qué remedio, evidenció su preferencia hacia el producto nacional.
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