24 de noviembre de 2020, 5:12:46
Opinión


OperaciĆ³n asfalto

Por Nino Olmeda


En las próximas semanas, los ayuntamientos de la Comunidad de Madrid anunciarán, al menos los más grandes y con  más presupuesto, el inicio de sus operaciones asfalto, consistentes en adecentar las carreteras de sus municipios con el objetivo de lavar la cara de los pavimentos por los que pasan los vehículos. La capital, el pueblo más grande de la región, se llenará de maquinarias y empleados trabajando con el alquitrán que caerá sobre los suelos de nuestras calles para eliminar los desajustes que deja el paso del tiempo y de los camiones y coches.

Cientos de miles de euros caerán sobre nuestro asfalto y cuando los madrileños, después de disfrutar de sus merecidas vacaciones, pisen de nuevo las calles verán trajes relucientes cubriendo nuestros suelos. La publicidad institucional hará de las suyas y,  pasado el verano, los automovilistas regresarán a las calles, unas operadas y otras todavía enfermas, para recuperar la normalidad cotidiana. Atrás quedarán el sinsabor de contemplar el mismo descosido del asfalto durante semanas o meses, el mal rollo de tener que recordar en qué semáforo hay que girar a la izquierda para sortear el socavón que te llevó a mentar en voz alta el nombre del responsable de que las calles de tal distrito no sean un peligro para los conductores y la esperanza de que cualquier coche patrulla de la Policía Municipal de Pedro Calvo incluya en alguno de sus partes diarios el mal estado de algunas carreteras con el objetivo de que se reparen o que al menos a alguien se le ocurra señalizar el marrón.

Cuando alguien se traga la zona rasgada del suelo de determinada calle y nota el caer de la rueda por el roto del asfalto, vocifera y llama en voz alta al encargado de sanear lo herido por el paso de los vehículos. Si además, una de las ruedas revienta y te tienes que detener a cambiarla, el grito se transforma en insulto y te preguntas para qué sirven los impuestos municipales si las averías de las carreteras de determinados barrios se reparan cuando toca, es decir, en la siguiente operación  asfalto y no cuando se estropean. No sé si el Ayuntamiento tiene alguna responsabilidad en el reventón de la rueda que sufrió mi coche el mismo día que los electores depositaban su voto en la urna para decidir alcaldes y concejales, mientras circulaba por la calle Pablo Neruda, a la altura de la Avenida de la Albufera, muy cerquita de la Asamblea de Madrid, en el Vallecas mejorado con  la llegada de esta institución pero todavía muy necesitado de inversiones.

Si se dirigen a la Avenida de San Diego o transitan por las calles Martínez de la Riva o Carlos Martín Alvarez, en los alrededores del Parlamento autonómico, verán cómo están los pavimentos o cómo la doble fila es algo tan habitual como ver a los agentes municipales sortear vehículos mal aparcados sin enterarse de que deben de mirar también al suelo y no sólo de frente mientras patrullan. Operación asfalto sí, pero baches y socavones sin curar durante todo el año, cuantos menos, mejor.
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