17 de octubre de 2019, 15:49:57
Política

Jaime Lissavetzky, portavoz del PSOE en el Ayuntamiento de Madrid


"El Ayuntamiento sufre una psicosis con el NO2"

Por Enrique Villalba

Jaime Lissavetzky (Madrid, 1951) es el portavoz del Grupo Municipal Socialista de Madrid. Tras un año como líder de la oposición, analiza lo que va de legislatura, haciendo hincapié en el empleo y el medio ambiente.


Ha sido un año con dos alcaldes.
Ha sido un año de retroceso, estrambótico y con truco. Aunque se presentó Alberto Ruiz-Gallardón como candidato, se sabía que si ganaba las elecciones Rajoy, dejaría la Alcaldía a Ana Botella. Es una alcaldesa que cumple toda la legalidad. Hay legalidad pero no legitimidad porque no se lo ha ganado, sinceramente. En la calle, la sensación es que han votado a Gallardón y les han colocado a Botella. Creo que ha sido un año perdido en lo que Ayuntamiento de Madrid se refiere. No hay un solo responsable de un Área que siga en su sitio. Todos estaban deseando hacer las maletas. Cuando llegó Botella cambió a los que quedaron. Esto demuestra que ha habido una improvisación pero no ha habido una política razonable y lógica.

Jaime LissavetzkyRuiz-Gallardón prometió crear 150.000 empleos y desarrolló un plan de empleo.
Con la crisis, la principal prioridad es crear empleo. No estoy deseando que se equivoquen con su promesa pero es difícil que lo consigan porque no depende solo del Ayuntamiento. Es muy fácil prometer cuando la reponsabilidad es de otro, en este caso, de la Comunidad. En Madrid, los parados han crecido y el Ayuntamiento de Madrid está inactivo ante esta situación porque hay una parálisis administrativa por el endeudamiento. La deuda es tan grande que lleva a estrangular su estrategia de empleo y a desembocar en planes de ajuste. Vas por Villaverde y la nave Boetticher está prácticamente terminada pero hay que esperar porque no hay presupuesto. Otras iniciativas, en este caso privadas aunque promovidas por el Ayuntamiento, como el centro tecnológico de Las Tablas, también se paraliza por problemas entre las empresas. Todo lo que sea generar economía productiva no se hace. Lo único que funciona es el turismo, pero funciona porque hablamos de Madrid. Hay que hacer un modelo productivo basado en las universidades, la investigación y los recursos humanos.

Jaime LissavetzkySe han realizado varios planes de ajuste y una comisión de duplicidades para dimensionar la administración.
Hay que preguntarse cuál es el problema. Ha sido la megalomanía del PP, con obras como Cibeles o la M-30, que se hizo sin dinero de otras administraciones y que se metió en una empresa donde se centrifugaba la deuda para que no computase en las arcas municipales. Luego se descubrió que si se asumía por el Ayuntamiento, se ahorraban cien millones al año por evitar pagar cánones. En resumen, una gestión nefasta. Hay que gastar lo que se tiene. Aquí se ha gastado más de lo que se ha ingresado. En cuanto ha llegado un mal período económico, se han subido terriblemente los impuestos en la etapa de Ruiz-Gallardón porque quería hacer demasiadas cosas. En política, se trabaja por acontecimientos. Pero aquí se ha trabajado por sobresaltos. Y eso es una patología administrativa. ¿Cómo va a afectar el recorte presupuestario de la Comunidad en el Ayuntamiento? ¿Con más recortes? No estoy en contra de los recortes pero razonables. La austeridad sí es buena si se plantea como prescindir de los superfluo, no quitar el apoyo necesario a los que están en peor situación. No puede ser que cuando la situación es insostenible, no se paga a proveedores a tiempo, el Ministerio de Hacienda tenga que intervenir para poner orden. Y así lleva el Ayuntamiento durante cinco años por la mala cabeza de algunos. Nosotros ya planteamos en el programa que había que hacer un ejercicio de austeridad eliminando altos cargos, evitando algunas externalizaciones y alquileres innecesarios. La de Gallardón es una chapuza financiera que nos ha llevado a una situación preocupante, un damero maldito.

Jaime LissavetzkyCritican la deuda de las empresas municipales.
Habría que racionalizar cada empresa. Si Calle 30 se usaba como pantalla para centrifugar la deuda, habría que revertir la situación. Nosotros la remunicipalizaríamos la empresa, lo que no significa que no se externalizasen los servicios de mantenimiento. Otro ejemplo, Madrid Espacios y Congresos tenía beneficios. En diciembre hubo que inyectarle 34 millones porque no tenía ingresos. Eso sí, participa luego en la autoventa de Mercamadrid. No puede ser que empresas que son solventes reduzcan su viabilidad. Cada una debe de ocuparse de su razón social y no de cosas extrañas. Hay que tener un sector público municipal saneado.

Solicitaron un Pleno monográfico sobre la calidad del aire.
El problema es el dióxido de nitrógeno. Aquí sí se podía hacer un plan de ajuste. El Ayuntamiento no reconoce la boina de contaminación, a pesar de que en la foto de familia del PP para las elecciones apareció y en octubre de 2011 llegamos a niveles de preaviso. Tampoco que la contaminación afecte a la salud, cuando hay estudios epidemiológicos que lo demuestran. No puedes cruzarte de brazos o decir solo que la gente no haga deporte. Hay ejemplos de manual para diferenciar entre un neurótico y psicótico. Un neurótico es al que le dicen que dos más dos son cuatro y no le gusta. Un psicótico es el que dice que dos más dos son cinco. Y me refiero al tema administrativo, que nadie se me ofenda. En el Ayuntamiento hay una patología psicótica porque no aceptan un hecho experimentado constatable. Es decir, que hay unos índices de contaminación ligados al dióxido de nitrógeno mayores a lo que exige la Unión Europea. El PP se empecina en no reconocer la realidad.

Jaime Lissavetzky¿Está dispuesto a cortar el tráfico por la polución a costa de afectar a la economía?
Vamos por partes. La contaminación de dióxido de nitrógeno está ligada al tráfico rodado en un 80 por ciento por los coches diesel. Si sabemos el problema, hay que buscar soluciones tecnológicas, que se están desarrollando, y no tecnológicas, que son las que nos corresponden. Hay que fomentar el transporte público y reducir el uso del coche privado en las zonas más contaminadas. Ese diagnóstico lo ha hecho el Ayuntamiento. Otra cosa son las medidas que ha aplicado. No estamos de acuerdo con poner peajes. Proponemos una zona de bajas emisiones en la zona interior a la M-30. En casos de alerta o preaviso, cuyos niveles ya están tasados, no se podría acceder al centro de la ciudad o a las zonas más contaminadas, salvo residentes y servicios públicos. Eso es de cajón y no lo habían puesto ellos. Nosotros lo pusimos en las alegaciones. Además, en la zona de bajas emisiones se debería utilizar el etiquetado de los coches para conocer su potencial contaminador. A los más contaminantes, se les prohibiría entrar en la zona de bajas emisiones. Se podría ir implantando de forma progresiva. Otras medidas novedosas que propusimos eran establecer correcciones en la ITV para controlar las emisiones, limitar la velocidad en función de los atascos en la Calle 30 y reducir progresivamente las plazas azules en favor de las verdes. Eso disminuiría la polución y no afectaría al desarrollo económico. Es muy infantil argumentar que si se hacen todas las medidas se afecta a la actividad. Eso hay que demostrarlo con datos. Hay que pensar en conjunto.

Jaime Lissavetzky¿Qué ciudad quiere el PSOE que salga del Plan General?
El Plan de 1997 ha sido un plan fallido. Se apostó por el desarrollismo que olvidó el suelo industrial y se basó en la construcción, con un paradigma falso: cuanto más suelo haya en el mercado, más barato será. La realidad es que antes el precio del suelo influía en el coste de la vivienda en un 30 por ciento y ahora en un 50. Ha habido una retención de suelo por especuladores que ha hecho fracasar ese plan. Y claro, ha habido que hacer un centenar de modificaciones y mientras tanto han quedado en nada muchos desarrollos como el del sureste. En vez de apostar por una ciudad que busque el reequilibrio y las dotaciones públicas, se ha buscado el beneficio. Nosotros propusimos una calle peatonalizada en cada distrito. La ciudad debe ser un espacio de convivencia. El ciudadano debe estar por delante del promotor. El urbanismo puede ayudar a la economía, el medio ambiente, los asuntos sociales. Es el momento de rehabilitar, no de construir. De rectificar todo lo mal hecho. En el centro de la ciudad hay que favorecer el transporte público y quitar cachivaches de enmedio. Vemos con cierta expectativa el nuevo Plan pero va a ser difícil jurídicamente que se revierta el suelo para otros usos. Además, sin dinero, la ciudad está estrangulada y a la expectativa de destino.

Han atacado la disminución en políticas sociales.
En las políticas sociales ha habido muchos recortes desde las tres administraciones. Se paraliza la construcción de escuelas infantiles, se cierran centros de salud municipales y de ayuda contra la drogadicción. Y todo esto, como hay que pagar y hacer caja, nos han subido el IBI por el 'catastrazo' y la variación impuesta por Rajoy; el 'tarifazo' en Metro y Cercanías en el que el el Gobierno reduce su aportación; la vida es más cara: luz, gas, agua... Resumen, es una ciudad más cara para los ciudadanos y con menos servicios, a costa de una política del despilfarro y el boato.

Jaime Lissavetzky¿Siguen con el mismo ímpetu olímpico?
Gallardón me llamó y me comentó la posibilidad. Si tenemos hecho el ochenta por ciento de las infraestructuras, porqué no vamos a competir. Si tienes bastantes papeletas para ganar un premio y el dinero gastado, es absurdo no querer jugar. Madrid tiene una oportunidad. Entiendo que en momentos de crisis la gente lo apoye menos, pero merece la pena intentarlo.

¿Cuál es su relación con la oposición?
Institucional y personalmente, buena. Desde el punto de vista político, hay una cercanía con Izquierda Unida porque siempre ha habido acuerdos de izquierda fructíferos en la historia de la Comunidad de Madrid. Con el nuevo portavoz de UPyD hay una relación muy buena. Coincidimos en unas cosas y en otras, no. Con ambos partidos hemos coincidido en cosas como la petición de un Pleno monográfico sobre calidad del aire.
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