7 de diciembre de 2019, 20:20:45
Cultura y ocio


Crítica teatral.-Fuenteovejuna: sincretismo

Por Antonio Castro

La compañía Mefisto Teatro hace una pausa en su recorrido por los festivales veraniegos más importantes para presentar en  Madrid –Teatro Fígaro- su versión caribeña de Fuenteovejuna. Van a estar hasta el 5 de septiembre, desafiando la abulia de este tórrido verano. Al frente del elenco está Vladimir Cruz. Dirige Liuba Cid.


En principio parece complicado conciliar la sobriedad y hondura de Lope de Vega con la explosión vital del Caribe. Pocos mundos tan alejados como la España profunda y Cuba. Pero el drama de un gobernante abusando de su poder para tiranizar a un pueblo no es exclusivo de nuestros pueblos. Creo que en Cuba saben mucho de eso.

Lo que vemos en el escenario del Fígaro es un ejercicio de sincretismo, una combinación de creencias y formas que, finalmente, son siempre las mismas. Poco importa que el Comendador sea la encarnación de Changó. Su soberbia, su creencia en la impunidad que da el poder, acaba chocando contra la unión de un pueblo que, harto de sus tropelías, se toma la justicia por su mano.

¿Quién mató al Comendador? ¡Fuenteovejuna lo hizo!  Pero antes hemos visto a un pueblo que busca un poco de diversión para aliñar su vida rutinaria. En esta propuesta no son bailes de cintas, jotas castellanas o fandangos. Son los ritmos caribeños arrancados de cualquier objeto que pueda producir un sonido. Los habitantes de esta  Fuenteovejuna no visten jubones, paños oscuros o calzan gruesas botas. Son personas que viven ahí, van ligeramente ataviadas, descalzas, pero mantienen el mismo orgullo que Lope dio a sus personajes. No evitan enfrentarse a su destino conjurando a los oráculos ancestrales –la tirada de los caracoles- que siempre acaban diciendo lo mismo: aunque el Poder se salga con la suya, siempre queda la dignidad individual y colectiva de un pueblo.

Choca, como no podía ser menos, el acento de los actores recitando a Lope. Supongo que para ellos es un difícil ejercicio pronunciar nuestras erres, nuestras jotas… Su Castellano tiene otra cadencia pero intentan acomodarla al texto original.

Fuenteovejuna es un espectáculo atípico que ya se ha visto desde Almagro hasta Olite. Y puede tener un largo recorrido ya que es un buen ejemplo de cómo se pueden hermanar las formas teatrales de ambos lados del Atlántico.
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