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Artes gráficas: Líderes editoriales

martes 29 de abril de 2014, 07:30h

Si los libros dejaran un rastro de tinta desde su origen hasta las manos del lector, Madrid se encontraría en el otro extremo en cuatro de cada diez casos. Y es que aquí se concentran unos 300 sellos editoriales que lanzan, entre todos, más de 35.000 títulos al mercado cada año. Cuna por excelencia del libro de texto y del libro infantil y juvenil, Madrid también tiene otros liderazgos menos conocidos, como el del libro-catálogo de arte, un producto que la región proporciona a los museos más importantes del mundo. En cuanto a las artes gráficas, las empresas madrileñas del sector están viviendo una edad dorada de innovación y creatividad. Madrid está escribiendo con letras de oro el futuro de la cultura impresa.

  • Industria de artes gráficas y edición.

    Industria de artes gráficas y edición.
    Diego Sánchez

  • Industria de artes gráficas y edición. Personas comprando libros en la calle

    Industria de artes gráficas y edición. Personas comprando libros en la calle
    Juan Luis Jaén

Madrid es la segunda potencia nacional en edición de libros, solo por detrás de Cataluña, con un 43 por ciento de la producción editorial de todo el país. Existen 333 sellos registrados en el Gremio de Editores de Madrid, aunque este abarca también alguna que otra editorial con sede en otras regiones como Extremadura o Aragón, que no cuentan con un gremio propio. Aun así, y aunque los datos más recientes datan de 2012, los expertos afirman que son unas 300 las empresas que se dedican efectivamente a esta actividad en toda la región. Y, a pesar de que la crisis les ha infligido una mordida del 35 por ciento desde 2008, entre todas ellas continúan facturando más de mil millones de euros.

Y es que, como recuerda Rosalina Díaz, recién reelegida presidenta de la Asociación de Editores de Madrid, "aunque han bajado los ingresos, no se ha dejado de editar". La variedad de títulos que se lanzan al mercado continúa siendo muy grande: en 2012 se editaron 35.000 títulos, si bien se imprimen menos ejemplares de cada uno de ellos. La tirada media ha acusado en los últimos años una caída sostenida, hasta situarse en 3.500 ejemplares, según los últimos estudios.

En cuanto al número de empleados en las empresas editoriales madrileñas, la media se situó en 2012 en 20, por encima de la media nacional, que se quedó en 16. En total, según los datos de las empresas agremiadas, el sector editorial da trabajo directo a 6.551 personas en la región, un 51,6 por ciento del total de empleados de las editoriales en España. De ellas, 2.570 se dedican directamente a la producción editorial.

Pero no hay que olvidar a los colaboradores externos, un perfil de trabajador muy numeroso en el sector editorial, que proporciona a las empresas servicios de maquetación, corrección, traducción o lectura de originales, entre otros. En Madrid, el número medio de colaboradores por editorial se situó en 30; lo que supone que hay unos 10.000 profesionales de ese tipo en la región, aunque esta cifra podría verse reducida en un pequeño porcentaje, ya que es frecuente que un mismo trabajador proporcione sus servicios a más de una editorial a la vez.

Buena parte de esta actividad la desarrollan los grandes grupos editoriales, cuatro de los cuales, con sede en Madrid, facturan más de 60 millones de euros al año. Unas cifras que tienen mucho que ver con la pujanza del libro de texto, cuya producción está prácticamente centralizada en Madrid, en manos de grandes grupos como Anaya, SM, Santillana u Oxford University Press. Este tipo de libros supone el 12,9 por ciento del total de títulos editados en Madrid durante 2012 y nada menos que el 32,5 por ciento de la facturación de todo el sector y es, con diferencia, el que mejor resiste la crisis económica. Así, por ejemplo, de cada diez euros que factura el Grupo Santillana, 6,8 proceden de la venta de libros de texto. "La fundación de Santillana en Madrid por parte de Jesús de Polanco, a raíz de la ley que universalizó la educación básica en 1960, fue un hito", explica Mariano Jabonero, director de Relaciones Institucionales del grupo. Después, Santillana comenzó a incorporar otros sellos dedicados a la literatura o al ensayo como Taurus, Alfaguara, Aguilar, Punto de Lectura (bolsillo)... Pero su principal negocio continúa siendo el libro de texto. "El principal reto al que se enfrenta el libro de texto hoy es la digitalización de contenidos. Los docentes son quienes marcan la pauta y demandan cada vez más contenidos digitales, por lo que la edición multimedia y la innovación cobran cada vez más peso", apunta Jabonero. A día de hoy, Santillana cuenta con unos 800 empleados en plantilla en Madrid, el 89 por ciento de los cuales tienen un contrato indefinido, y unos 4.020 repartidos por 23 países.

Según el editor José Manuel Gómez Luque, cofundador de Mr. Garamond y coordinador del Máster de Edición de la Universidad Autónoma de Madrid, el libro de texto ha resistido bien la crisis, con la peculiaridad de que tiene liberalizado el precio, a diferencia de los demás, protegidos con un descuento máximo del 5 por ciento (10 por ciento durante el Día del Libro y la Feria del Libro) permitido por ley.

Libros para las nuevas generaciones
Aparte de los libros de texto, el otro gran producto editorial madrileño es el libro infantil y juvenil. "La crisis vino a cortar el grifo del dinero en un cierto momento de euforia en el que se había creado un buen número de editoriales dedicadas a este segmento", explica Gómez Luque. "Hay pequeñas editoriales que siguen apostando por nuevas propuestas y que están capeando el temporal a fuerza de imaginación y de oficio, como es el caso de Kókinos o, con un tamaño mucho mayor, como Siruela", añade. Por su parte, los grandes grupos editoriales han puesto especial mimo en esta nueva línea de negocio que ha traído nuevos bestsellers a sus catálogos, como Geronimo Stilton (Destino), Kika Superbruja (Bruño) o el gran éxito para bebés, El pollo Pepe(SM). Su presidente, también líder de la Federación de Gremios de Editores de España, Javier Cortés, insiste en que este segmento es la otra gran "fortaleza" del libro madrileño, para el que trabajan cientos de editores, correctores, ilustradores... Toda una industria dedicada a alimentar la mente de las nuevas generaciones de lectores, "pequeños grandes consumidores de cultura". Los mismos que, ya de adolescentes, continúan demandando literatura fantástica, vinculada al cine o al fenómeno fan del momento. Productos como Juego de tronos (Gigamesh) o Crepúsculo (Alfaguara) son prueba de ello.

Pequeñas editoriales
Al margen de las grandes cifras de negocio, el grueso de la tarta editorial está formado, sin embargo, por las pequeñas y medianas editoriales, que suponen 275 de las 333 empresas que forman parte del Gremio de Editores de Madrid. Su importancia no es tanto cuantitativa como cualitativa. Y es que, como recuerda Rosalina Díaz, en un sector cultural como el que nos ocupa, "no solo dan empleo a mucha gente, sino que además mantienen la independencia cultural". Y ello lo logran no solo a la hora de dar a conocer a los nuevos escritores, sino de mantener el fondo de catálogo, esos libros que es necesario mantener disponibles o rescatar de vez en cuando del olvido por su interés cultural... aunque por sí solos no basten para sacar a un editor de su crisis particular. Entre todas las editoriales madrileñas, mantienen vivos en sus catálogos más de 200.000 títulos, una variedad más que suficiente para satisfacer la voracidad de la sociedad más lectora de todo el país.

Madrid es, además, la plataforma perfecta para exportar libros, principalmente a América Latina. Si la Feria del Libro es capaz de salvar un año entero a los editores y las librerías, y la Noche de los Libros vuelve a dinamizar las ventas interiores tras el parón posnavideño, Liber, la Feria Internacional del Libro, es el escaparate perfecto para exhibirlos ante los compradores extranjeros, especialmente para las editoriales pequeñas, que no tienen delegaciones en el exterior. Si grandes grupos como Santillana tienen a 600 empleados en Brasil y otros cientos por diversos países latinoamericanos, los pequeños y medianos sellos acuden a este evento para encontrarse directamente con sus clientes. Y los gobiernos latinoamericanos compran muchos libros a las editoriales españolas. "Si en España la facturación alcanza 1.800 millones de euros, las ventas en Latinoamérica superan los 2.000. Se hace un 10 por ciento más de negocio en ultramar que en España", apunta Díaz.

Las artes gráficas se reinventan
Las artes gráficas aparecen como un sector asociado tradicionalmente a la actividad editorial, aunque lo cierto es que solo comparten convenio colectivo y una parte del negocio. Y es que, a pesar de que el libro suele ser el primer producto que le viene a uno a la cabeza cuando piensa en ellas, este supone solo un 8 por ciento de todo el sector de las artes gráficas. Estamos, pues, ante una industria mucho más amplia y desconocida para el gran público que la de productos editoriales, en la que Madrid acapara nada menos que un tercio de la facturación nacional, un tercio de los profesionales y el 30 por ciento de las empresas de toda España. Son datos de la Asociación de Empresas de Artes Gráficas de Madrid, que calcula que en Madrid se dedican a esta actividad unas 3.200 empresas, que abarcan un 9 por ciento del tejido industrial madrileño. Producen desde embalajes de todo tipo hasta cartelería, folletos, billetes de tren o de avión, publicidad exterior, etiquetas, tarjetas de visita, catálogos...

Aquí la crisis ha afectado, y mucho, al sector, que busca nuevas oportunidades en la creatividad y las nuevas tecnologías. Según las estimaciones de Aurelio Mendiguchía, director técnico del Instituto Tecnológico y Gráfico Tajamar, "en la Comunidad de Madrid ha podido desaparecer un 40 por ciento de las empresas del sector gráfico" desde que empezó la crisis. Ahora, añade, hay una oferta mucho más reducida, formada en gran parte por microempresas formadas por una sola persona que suponen el 25 por ciento del total, o a lo sumo dos, y que ofrecen un servicio multicanal. "A muchas empresas les está costando sobrevivir porque no se están adaptando a los nuevos retos", asegura Mendiguchía, que lleva décadas formando a nuevas generaciones de trabajadores de este sector. Así, hoy en día, la formación del diseñador gráfico no solo se centra en el soporte de papel, sino que abarca el diseño para soportes como el iPad, las tabletas, los smartphones...

Esta perspectiva coincide con la de Yago Bolívar, diseñador gráfico, fundador de la Familia Plómez y coordinador del área de Visual Communication de Istituto Europeo Design Master en Madrid. "El boca a boca es la principal carta de presentación de los diseñadores", asegura Bolívar, y los profesionales madrileños del sector acumulan una experiencia media de 16 años, por lo que ahora se ven obligados a formarse para no quedarse atrás. Desde la Asociación Diseñadores de Madrid (DIMAD), Manuel Estrada insiste en que el diseño ha tenido un gran desarrollo en los últimos años y, dentro de él, el que más ha crecido es el diseño gráfico. Madrid tiene todavía capacidad para absorber a las nuevas generaciones porque, recuerda, "el diseño es transversal" en la actividad económica. Además, cada vez hay más personas interesadas en él, como demuestra la instalación de la Central de Diseño/DIMAD en Matadero, donde se llevan a cabo todo tipo de eventos para profesionales, pero también para todos aquellos interesados en esta actividad.

Otra prueba de la salud de hierro de la que goza el diseño la encontramos en Las Rozas. Allí, hace apenas dos años, nació U-Tad (Centro Universitario de Tecnología y Arte Digital), una universidad que daba respuesta a las necesidades de las empresas gráficas y tecnológicas de contar con personas formadas en las últimas tecnologías y tendencias. Se trataba de atender a áreas para las que no había profesionales formados en el mercado, como la animación o el arte digital en nuevos soportes, que en su primer año contó con 200 alumnos y para el curso que viene, que será el tercero, contará ya con 750 alumnos. "Ofrecemos cursos innovadores y de primer nivel", asegura José Antonio Rodríguez, director del Área de Arte del centro. Un objetivo que consiguen estando en contacto permanente con las empresas e invitando a profesionales a impartir masterclasses, conferencias... En el tiempo que llevan de andadura ya han visto surgir varios proyectos de emprendedores, exalumnos del centro, "muy prometedores".

Con todo, y a pesar del boom digital, todavía hay algunas buenas noticias para los soportes en papel y sus derivados. Y es que hay algunos productos que siguen viviendo su particular 'edad de oro' en Madrid. Es el caso del libro de arte. Artes Gráficas Palermo, una empresa con sede en Rivas-Vaciamadrid, atiende pedidos de los principales museos del mundo. O del embalaje, que, dentro de las actividades gráficas, es la única que no solo no ha visto disminuir su actividad, sino que ha crecido en estos últimos años.

Una apuesta por la calidad
En la otra cara de la moneda se encuentra Alfonso Méndez, de Encuadernación Sucesores de Felipe Méndez, la empresa dedicada a esta actividad que más factura en Madrid. Y es que, según explica, "es el sector gráfico que más ha sufrido la crisis. Una imprenta siempre puede imprimir otra cosa que no sean libros; pero nosotros no podemos encuadernar otro tipo de productos". Su receta para salir de la crisis: apostar por la calidad, un aval que consigue que los potenciales clientes acaben confiando en ellos para determinados trabajos de encuadernación muy específicos, como los textos legales o el libro de medicina, en volúmenes grandes y pesados; o libros de texto y memorias de empresas. "Al no estar ligados a una sola editorial, podemos acceder a todo tipo de clientes", apunta Méndez.

De la imprenta al lector
En Madrid se venden el 21,3 por ciento de los libros que se comercializan en todo el país. En otras palabras: uno de cada cinco ejemplares son adquiridos en alguna de las 140 librerías asociadas en el Gremio de Libreros de Madrid. Y es que, en relación con la población, el índice de venta de libros es el más alto de toda España, un 7,9 por ciento por encima del que le correspondería por su peso sobre la población total. La Encuesta sobre Hábitos de Lectura y Compra de Libros en España arroja, año tras año, unas cifras muy altas de lectores frecuentes en su tiempo libre en comparación con la media española: en 2012, esta se situó en el 51,9 por ciento, mientras en Madrid alcanzó el 71,3 por ciento.

"El precio medio del libro es de 13 euros, menos de lo que cuesta una ronda de cañas", apunta Pilar Gallego, presidenta del Gremio de Libreros. La crisis ha azotado también a este sector, cuyo margen de beneficio ronda el 30 por ciento sobre el precio del libro, que está regulado por ley, salvo en el caso de los libros de texto. Sin embargo, aunque han cerrado algunas librerías, han abierto otras en Madrid, con lo cual el número de agremiados se ha mantenido estable estos últimos años. Y es que, recuerda Gallego, "como nunca hemos tenido grandes riquezas, ahora tampoco sufrimos grandes pobrezas".

Sin embargo, y según los datos aportados por CEGAL en 2013, el número de ventas sí ha descendido nada menos que un 35 por ciento en los últimos cinco años"por la falta de tráfico de personas hacia las librerías", explica Pilar Gallego. La solución: innovar. Los lectores ya no solo compran libros en este tipo de establecimientos, sino también en otros puntos de venta como pequeñas papelerías o bazares. Y acuden más a la librería especializada, un modelo de negocio en auge para un público que tiene sus gustos cada vez más claros y segmentados. Por otro lado, como recuerda José Manuel Anta, director general de FANDE (Federación de Asociaciones Nacionales de Distribuidores de Ediciones), los lectores compran cada vez más libros en centros comerciales -que tienen sus propias centrales de compra o directamente a las editoriales, sin intermediarios; o bien a través de Internet, en librerías online como FNAC, Agapea, la Casa del Libro o Amazon. Estas dos últimas cuentan con grandes centros logísticos en la Comunidad de Madrid, desde donde se distribuyen ejemplares a pequeños puntos de venta o directamente al comprador.



Del papel a la pantalla: el libro electrónico
A pesar de la firme apuesta de las editoriales por el libro electrónico y de la multiplicación de dispositivos de lectura en manos de los lectores, este formato continúa representando menos de un 3 por ciento de la facturación total.

Y es que, recuerda Rosalina Díaz, tiene que luchar contra dos grandes enemigos: la piratería y el IVA del 21 por ciento frente al 4 por ciento de los libros en formato papel-, ya que está considerado como un servicio. Los editores piden una y otra vez al Gobierno que tome medidas al respecto y tratan de concienciar a los lectores de un uso responsable de Internet, ya que "se descargan cientos de libros que no van a leer en su vida", lamenta Díaz. "Es difícil estimar el daño que esto produce porque hay una cierta compulsión en la descarga que lleva más a la acumulación que a la lectura. Parece, no obstante, que afecta más a los libros técnicos que a los literarios", concluye José Manuel Gómez Luque.

Con todo, algunas empresas ya han conseguido rentabilizar este nicho de mercado. Uno de los buques insignia del libro electrónico, que ha apostado firmemente por la autoedición, se llama Bubok y es una empresa madrileña. Su fundador, Sergio Mejías, recuerda que la idea surgió en 2008, cuando los cuatro socios originales concibieron esta plataforma al darse cuenta de lo difícil que era para un autor conseguir que un editor publicara su obra. Hoy, los usuarios de Bubok pueden subir sus obras y comercializarlas o regalarlas a cualquier lector sin tener que realizar una inversión y recibiendo el 80 por ciento de los beneficios en pagos mensuales.

Los resultados están a la vista: ya son más de 80.000 los PDF subidos a Bubok por escritores o instituciones, que forman además una comunidad de escritores. La empresa factura actualmente 1,2 millones de euros y tiene a 14 empleados en plantilla. El próximo paso consistirá en abrir una librería física en el centro de Madrid, un objetivo que Mejías confía en alcanzar este mismo año.


Más Made in Madrid:

1- Agricultura y ganadería
2-
Industria alimentaria
3- Automoción
4- Industria farmacéutica

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