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Agricultura y ganadería: una apuesta por la calidad

miércoles 23 de abril de 2014, 09:53h
Madridiario inicia este miércoles una serie de reportajes sobre la industria y los servicios de la Comunidad de Madrid con los que se analizarán los distintos sectores productivos. Todos estos reportajes, junto a las 80 opiniones de expertos sobre cada una de las áreas y 13 informes sobre otras tantas empresas innovadoras, forman parte del libro Made in Madrid/Industria/Servicios/Innovación (1) que se encuentra en fase de publicación -será presentado a principios de junio- y tendrá continuidad el próximo año con el resto de sectores. Iniciamos esta serie de reportajes con el sector primario: la agricultura y la ganadería en la Comunidad de Madrid.
  • Agricultores en el campo

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  • Finca El Encín

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Madrid es una comunidad eminentemente urbana y basada en el sector servicios, en la que la agricultura y la ganadería representan solo un 0,1 por ciento del PIB. No obstante, la importancia del sector primario contrasta con este dato, ya que utiliza casi la mitad del territorio de la Comunidad, es fundamental para el mantenimiento del mundo rural y produce alimentos de reconocida calidad.

Los melones de Villaconejos, la carne de Guadarrama, las aceitunas de Campo Real, la uva que da el vino de la Denominación de Origen de Madrid o las fresas de Aranjuez. Los productos del campo madrileño gozan de buena imagen dentro y fuera de la Comunidad. Todos ellos dependen de una pequeña parte de la población madrileña, pues solo un 0,41 por ciento de los trabajadores se dedica al sector primario, que sustenta un 0,1 por ciento del PIB regional. Sin embargo, su importancia va más allá de los aspectos cuantitativos. "Tanto la agricultura como la ganadería se consideran sectores estratégicos y prioritarios por muchas razones. Se producen alimentos de calidad, y contribuye a la conservación del medio ambiente y a fijar población en el medio rural", asegura el subdirector de recursos agrarios de la Comunidad de Madrid, Jesús Carpintero.

Y es que desde los montes públicos de la sierra de Guadarrama donde pastan las vacas, a los campos de cereal de secano (cebada, alfalfa), que es el principal cultivo que se da en la región, el sector primario ocupa casi la mitad del territorio de la Comunidad de Madrid. Según los datos de 2011 del Instituto de Estadística de la Comunidad, hay cultivadas 220.000 hectáreas, 199.000 de ellas de secano. El cultivo principal es el cereal de grano, con 71.415 hectáreas, pero también hay 25.000 hectáreas de olivar y 12.000 de viñedo. La superficie destinada a prados y pastizales es de 142.000 hectáreas. Con respecto a la ganadería, en 2010 había 107.000 cabezas de bovino, 92.000 de ovino, 17.000 de caprino y 18.000 de porcino.

En total, en Madrid existen 8.284 explotaciones agrarias y más de 4.600 ganaderas, cuya producción asciende a 410 millones de euros, según los datos de la Comunidad. En cuanto al empleo, el sector primario daba trabajo en el tercer trimestre de 2013 a 10.800 madrileños, a los que hay que sumar los de la industria agroalimentaria, que genera unos 20.000 empleos.

La Comunidad ha destacado el aumento del empleo en el sector primario en el año 2013. En los dos primeros trimestres del año el empleo creció un 70 por ciento en el sector, mientras que en el conjunto del país bajó un 10 por ciento. La recuperación en los últimos años del empleo en la agricultura y la ganadería no ha logrado, sin embargo, paliar la caída que se produjo coincidiendo con la crisis. Así, mientras que a principios de 2008 había hasta 21.700 personas trabajando en la agricultura y la ganadería, la cifra llegó a caer hasta los 4.800 dos años después, para, a finales de 2013, superar los 10.000.

La pérdida de peso del sector agrícola no hay que atribuirla en exclusiva a la crisis, pues ya se inició en los años ochenta, con una economía regional cada vez más orientada al sector servicios. En 1989 había el triple de explotaciones que en 2009. "En Madrid, igual que en el resto de España, con el boom inmobiliario el número de explotaciones agrícolas y ganaderas fue disminuyendo, pero en estos momentos se está generando empleo en el sector. Además es un área mucho más profesional, que está produciendo sobre todo productos de calidad", resume Jesús Carpintero.

No obstante, pese a que la EPA muestra una importante mejoría del empleo, desde la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG) advierten que aunque "el campo siempre ha sido un sector refugio y ahora es una alternativa para muchas familias" se están perdiendo profesionales cotizantes en el régimen agrario.

Nombres propios
Pero más allá de los números, el sector en Madrid cuenta con productos reconocidos y con figuras de calidad diferenciada. Son el Aceite de Madrid, las Aceitunas de Campo Real, la Carne de la Sierra de Guadarrama y los Vinos de Madrid.

De ellas, dos son denominaciones de origen. Aparte de Vinos de Madrid, creada en 1990 y que cada día es más reconocida, está la de Aceite de Madrid. De hecho, la aceituna es uno de los principales cultivos de la Comunidad, con 25.000 hectáreas, de las que 2.357 son de producción ecológica, repartidas por las comarcas de La Campiña, Suroccidental y Las Vegas. De ellas se extraen 16.000 toneladas de aceituna, que posteriormente se elaboran en 20 almazaras. En concreto, la denominación de origen ampara el aceite de oliva virgen extra obtenido por procedimientos mecánicos de las variedades de aceituna mayoritarias cornicabra y manzanilla, y de las variedades de aceituna minoritarias verdeja, carrasqueña, picual y gordal, procedentes todas ellas de 97 municipios de la Comunidad. La aceituna protegida por este distintivo solo puede ser recolectada al vuelo y no del suelo y debe ser transformada y envasada en estos mismos municipios, hasta obtener un aceite de oliva virgen extra con una acidez máxima de 0,5 grados de ácido oleico.

Mención aparte merecen las olivas de mesa que tienen la denominación de calidad de Aceituna de Campo Real. Estas son de las variedades cacereña o Campo Real y manzanilla, pero lo verdaderamente protegido es su aliño, elaborado con ajo, tomillo, hinojo y orégano. "La abundancia de estas plantas aromáticas hizo que desde la más remota antigüedad, sus habitantes las utilizasen en el aderezo de sus aceitunas y que, después, en base a su popularidad, fama y buen gusto, sus aderezos hayan sido imitados por otros pueblos y regiones", explica Javier Guerra, presidente del órgano rector de la denominación. Fue a partir de los años 40 cuando creció de forma importante su comercio, con las mejoras en el transporte, y en 1995 se creó la denominación de calidad. En 2013, se comercializaron 1,6 millones de kilos, con un valor de 4,8 millones de euros.

Se trata de un cultivo muy ligado a algunas familias del municipio, que han mantenido la tradición de generación en generación, y que ha llevado el nombre del municipio incluso fuera de la región. "Si por algo es visitado Campo Real es por sus productos típicos, entre los cuales la aceituna posiblemente sea el más demandado, aunque también disponemos de otros productos de reconocido prestigio, como el aceite y el queso. El sector elaborador de aceituna de mesa es una fuente muy importante en la creación de empleo en el municipio, no solo directo, sino también indirecto, ya que muchos almacenistas compran el producto a los aderezadores y posteriormente lo venden en Madrid y alrededores, siendo la fuente de ingreso de numerosas familias de Campo Real", expone Guerra.

Otro municipio que debe gran parte de su economía a la agricultura es Villaconejos, famoso por sus melones. La concejala de Agricultura, Natalia Pérez de Blas, afirma que alrededor de un 60 por ciento de las familias participa en la producción, embalaje y transporte de este producto, cuyo cultivo en Villaconejos se remonta a tiempos remotos. Ya en el siglo XVI hay escritos en los que se recoge esta práctica. En la actualidad, se sigue planteando la creación de una denominación de calidad o geográfica para el melón de Villaconejos, según comenta el presidente de la asociación de agricultores del municipio, José Carlos Velasco, quien expresa las dificultades que atraviesa en la actualidad esta actividad. "Estamos en una mala época. En el último año los precios fueron muy bajos", asegura.

Velasco apunta también que el secreto de la calidad de los melones de Villaconejos está en que el suelo del municipio es rico en potasa, lo que lo hace más dulce. No obstante, los agricultores de este lugar se han caracterizado por viajar a tierras castellanas para poner en práctica su saber hacer. De ahí surge la Fiesta del Melón, que se celebra en octubre y que tiene su origen en la bienvenida que se les brindaba a estos emigrantes a su vuelta al municipio. Además, Villaconejos ha dedicado a esta fruta un museo. La variedad más cultivada es la piel de sapo. También se utilizan la autóctona mochuelo y el melón negro, procedente de África y que dio fama al municipio.

Las fresas y espárragos de Aranjuez también gozan de nombre propio desde hace siglos. Al estar situada entre las vegas de los ríos Jarama y Tajo, la huerta de la localidad más meridional de Madrid siempre ha gozado de gran fama. El producto más conocido es la fresa. Se utiliza la especie Fragaria vesca, con un fruto pequeño y aromático. El transporte de la fresa y otros cultivos originó que la vía férrea entre Aranjuez Madrid, la primera que se construyó en la región y la segunda en España, recibiera el nombre de Tren de la Fresa, que a día de hoy sigue funcionando con fines turísticos y aún es tirado por máquinas a vapor. El otro producto conocido de la zona es el espárrago, llamado perico, cuyo cultivo se trajo de Holanda en el siglo XVIII.

Carne de prestigio
En la parte de la ganadería, el sector más importante es el vacuno, dentro del que destaca la Indicación Geográfica Protegida de Carne de la Sierra de Guadarrama. Su producción es pequeña, pero es una carne de reconocido prestigio. Se comercializan alrededor de 1.500 toneladas de carne al año. Las reses se crían en la Sierra de Guadarrama, donde pastan en montes públicos y comunales, y en la época de cebo comen leguminosas. Las claves de su calidad son las razas que utiliza (avileño, charolais y limousine), la edad de sacrificio y el sistema de crianza tradicional. En la actualidad, pese al descenso de ventas de entre el 30 y 40 por ciento debido a la crisis, siguen comercializando toda la producción al extender los puntos de venta autorizados de 100 a 150, según explica Lorenzo Villas, secretario de la Indicación Geográfica Protegida.

La calidad es la característica que guía tanto a las carnes de esta indicación geográfica protegida como a algunas nuevas apuestas, que, aunque fuera de esta asociación, trabajan por distinguirse. Es el caso de Carnes Jiménez Barbero, uno de los actuales exponentes en el sector, con 2.000 cabezas y 70 empleados. Uno de los tres hermanos dueños de esta explotación situada en Santa María de la Alameda, Álvaro Jiménez, explica que el secreto de su éxito está en "innovar y marcar la diferencia". Su apuesta es una organización horizontal, que no solo produce la carne, sino que también la distribuye y vende en sus propias tiendas. Y todo ello "con mucho cariño y pasión", apostando por las "cosas sencillas y simples", así como por la calidad y el producto responsable. Además, esta compañía ha abierto su proceso productivo a las visitas del público. En opinión de Jiménez, el sector de la ganadería "está por explotar, sobre todo en Madrid", y aconseja hacer cosas diferentes y no "buscar siempre la rentabilidad a corto plazo". En este momento, "los consumidores comienzan a interesarse por los productos locales y esto es una oportunidad para valorizar el sector", apunta.

Mención aparte merece también el sector de la producción de huevos, que en los años 2011 y 2012 tuvo que remodelar sus instalaciones y adaptarse a la nueva normativa europea de bienestar animal. Con 1.548.000 gallinas ponedoras, en Madrid se produce el 3,1 por ciento del total nacional. Huevos Pitas, situada en Tielmes, es la principal empresa en la Comunidad. "Hemos tenido que realizar importantes obras de adaptación en las granjas. Esto ha provocado ciertos desequilibrios y ha aumentado los costes de producción del huevo aunque no se hayan podido trasladar al precio final del producto", asegura su responsable de Marketing, Adolfo Rodríguez.

La presidenta de la Asociación de Productores de Huevos (Aseprhu), Mar Fernández, explica que esta normativa supuso, además de un aumento del coste de la producción, un incremento de la misma en toda Europa, ya que muchas explotaciones aprovecharon la necesidad de hacer obras para ampliar, lo que ha repercutido en una bajada del precio de los huevos. Además, la crisis ha reducido el consumo en el canal hostelería, aunque por suerte para el sector, "al ser la proteína animal más asequible", ha aumentado su consumo en el hogar, aunque no lo suficiente para compensar totalmente la caída. En los huevos también hay una nueva demanda por parte de consumidores más preocupados por la ecología y las condiciones de vida de las gallinas, pero "ahora crece lentamente debido a la crisis, que ha frenado la demanda de esos productos alternativos".

Investigación e innovación
El campo madrileño se sustenta en siglos y siglos de tradición, pero también cuenta con la ayuda de investigaciones punteras. "El Instituto Madrileño de la Investigación y el Desarrollo Rural (IMIDRA) desarrolla, en sus fincas experimentales y centros de tecnificación, numerosos proyectos de investigación vinculados al sector primario de la Comunidad. Todos ellos tienen como objetivo prioritario contribuir a la transferencia del conocimiento, para potenciar la innovación y la mejora permanente de la competitividad de nuestra agricultura y ganadería, así como de la industria transformadora", señala Cristina Álvarez, la directora de este centro público que abandera la investigación agraria.

Entre los principales trabajos del IMIDRA se encuentran los relacionados con la viticultura y la enología; la olivicultura y elaiotecnia; la sostenibilidad de los cultivos, con iniciativas destinadas a la recuperación de variedades hortícolas y frutícolas tradicionales, y la protección y mejora genética de las razas autóctonas de ganado ovino, caprino y bovino. "Todos estos trabajos tienen como fin último contribuir a la mejora de la competitividad del sector primario madrileño a través de la calidad y sostenibilidad, tanto económica como ambiental, de sus explotaciones y productos", explica Álvarez.

 

Una huerta cada vez más ecológica
La huerta de Madrid también es muy rica. Pese a que en la década de los 2000 se produjo un descenso de la cantidad cultivada hasta quedarse en unas mil hectáreas, hoy en la región se producen buena parte de las hortalizas que los madrileños consumen en su día a día. Así, por ejemplo, un 81 por ciento de las acelgas o un 43 por ciento de los pepinos que ha comercializado Mercamadrid en 2013 se cultivaron en la región.

De hecho, en Fuenlabrada, entre el casco urbano, el parque de Loranca, la Universidad Rey Juan Carlos, la M-407 y un polígono industrial de Humanes todavía hay sitio para la huerta que lleva décadas suministrando acelgas a Madrid. Son unas 100 hectáreas en las que también crecen lombardas, repollos, apios, puerros o coliflores, pero el principal cultivo es la acelga que, según sus productores, es de gran calidad. "Es una acelga seleccionada durante décadas y al final tenemos un producto excelente. También influye el agua subterránea", apunta Ángel González, presidente de la comunidad de regantes. Ahora el Ayuntamiento estudia distinguir a la acelga de Fuenlabrada con un sello de calidad, al menos a nivel municipal. Otro de los productos de la huerta madrileña son los tomates, como los de Villa del Prado, que disfruta del distintivo marca de garantía.

Con una producción limitada hasta el momento, pero en plena expansión, están los productos ecológicos de huerta. El mayor productor es la cooperativa Ecosecha, con seis socios y un trabajador, que cultiva 11 hectáreas, "la mitad de la superficie de huerta ecológica en Madrid", asegura María Fernández, de Ecosecha. Sus tierras están en Rivas-Vaciamadrid y Chinchón, desde donde salen sus productos a distintos puntos de la Comunidad. Sus principales canales de distribución son las tiendas y los grupos de consumo. "Es un cultivo ecológico y de cercanía", destaca. Fernández resalta el crecimiento del sector: "Cuando empezamos en 2001 éramos pocos, pero en dos o tres años están surgiendo muchas fincas más".

Ivana Martínez, de GOAG también, hace referencia al gran potencial de este nicho. "Debería ser la apuesta. Los consumidores se están organizando y hay demanda", indica. De hecho, la agricultura ecológica está creciendo de forma importante en el campo madrileño. Así, desde 2007 la superficie ha crecido un 54 por ciento y el número de explotaciones ha pasado de 76 a 254.

"Ahora se está demandado mucho el producto de proximidad y de calidad. Y dentro de la calidad, el producto ecológico. Son alimentos que se producen sin utilizar productos químicos y con técnicas respetuosas con el medio ambiente. El ciudadano se está interesando por este tipo de productos, al igual que por el bienestar animal", indica el subdirector de recursos agrarios de la Comunidad de Madrid, Jesús Carpintero. 

 

Los vinos de Madrid, reconocidos
Con 12.000 hectáreas cultivadas y 46 bodegas, la Denominación de Origen Vinos de Madrid, creada en 1990, se encuentra en un buen momento, sobre todo desde el punto de vista del reconocimiento. "La situación está en un momento de aumento cualitativo importantísimo, porque los Vinos de Madrid en los últimos tres o cuatro años ha mejorado su nombre y ahora se valoran mucho. Estamos muy ilusionados, pero esperamos que se aleje la crisis y poder despegar en el otro sentido, en el cuantitativo", afirma el presidente su presidente, Juan Bautista Oruzco.

La situación ha cambiado mucho desde hace unas décadas, cuando tenían fama de "peleones", en palabras de Oruzco. Pero el trabajo de los últimos años ha dado resultados. "Hemos cambiado las bodegas, el proceso, para hacer vinos de calidad. Y después las bodegas que se han ido incorporando ya estaban preparadas", explica. En Madrid se elabora sobre todo vino tinto, para el que se usan principalmente las variedades garnacha y tempranillo.

Ya no se cultivan decenas de miles de hectáreas, como en los años 70, sino unas 12.000, pero los caldos son mejor apreciados. En la última campaña, 2012-2013, se elaboraron unos 14.000.000 de litros de vino, de los que embotellaron con la contraetiqueta de la denominación de origen más de 3,6 millones, con un valor de 2,2 millones de euros. Por primera vez, se superó el millón de botellas vendidas en el extranjero.

"Se ha incrementado sobre todo la notoriedad que estamos empezando a tener por la calidad de nuestras elaboraciones. En cuanto al volumen comercializado, las cifras no son tan positivas, ya que venimos experimentando ligeras bajadas en los últimos años", asegura en el mismo sentido Gregorio Martínez, director de Marketing y Exportación de Vinos Jeromín, uno de los buques insignia de vinos de Madrid. Esta bodega ubicada en Villarejo de Salvanés comercializa un 30 por ciento del total de la denominación.

Martínez señala como principales problemas del sector la "atomización" de las bodegas, que suelen ser pequeños negocios familiares o cooperativas, lo que dificulta la comunicación del producto, así como "la caída del consumo en las últimas décadas y la desafección de la juventud hacia el vino en general".

Precisamente, en esta labor de promoción, la denominación de origen ha lanzado en 2014 seis rutas del vino para dar a conocer las tres subcomarcas en las que se divide el cultivo de la vid en Madrid con el fin de dinamizar el sector, también en lo relacionado con el turismo rural y la hostelería.

GALERÍA FOTOGRÁFICA: El campo madrileño

 

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