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Jose María Sanz
Jose María Sanz

Sanz: "En algunas universidades ya faltan profesores"

miércoles 12 de marzo de 2014, 07:00h
Los continuos recortes, la subida de tasas y la imposibilidad de sustituir a más del 10 por ciento del profesorado asfixia a las universidades y a los estudiantes. El presidente de la Conferencia de Rectores de las Universidades de Madrid (CRUMA) y rector de la Autónoma, José María Sanz (Madrid, 1952), explica en esta entrevista la "delicada" situación a la que tienen que hacer frente.

¿Qué situación están viviendo las universidades?

Una situación delicada, sobre todo, de mucha inseguridad y cierto inmovilismo tanto por la incertidumbre que tiene que ver con los presupuestos y la financiación como por muchos aspectos legales que nos impiden tomar medidas que nos ayuden a seguir moviendo la universidad en la dirección en la que nos encontrábamos. Venimos de una situación en donde todos reconocimos que era importante modernizarnos, internacionalizarnos, apoyar la investigación y la innovación. Empezamos programas y planes estratégicos en esa dirección, contando con una financiación que durante los últimos años no se ha cumplido y ha generado mucha incertidumbre.

Este es el segundo año de subida de tasas importante. ¿Cómo se está notando en las universidades?

Creo que Madrid ha sido la única comunidad que ha subido las tasas durante dos años consecutivos. Esto ha generado unas tasas que son las más caras del país, puesto que Cataluña, que podría ser la otra comunidad con un incremento de tasas parecido, sí que ha incluido efectos de renta en el pago de las tasas, lo cual ha sido mejor para muchos estudiantes que en Madrid. Esta doble subida ha supuesto una incertidumbre y una cautela a la hora de seguir estudiando, que ha llevado a disminuir el número de créditos del que se matriculan los alumnos y, en muchos casos, a abandonar los estudios porque la situación económica no les permite continuar. Se tomaron algunas medidas para ayudar a estudiantes con situaciones económicas sobrevenidas. En esta universidad se hizo un fondo social para los estudiantes. Algunas carreras se han logrado salvar, pero en cualquier caso se ha producido una importante reducción en los créditos y en el número de estudiantes.

¿Está perdiendo atractivo Madrid como región universitaria?

Es uno de los errores de la Comunidad. Madrid atraía a gente joven, de talento, universitarios que luego tienen demanda de consumo a nivel cultural, de alquiler de pisos, de consumo en general. Eso se ha perdido al encontrar lugares de estudios más próximos a sus ciudades con tasas más bajas. Se ha producido una disparidad. Es difícil de entender por qué estudiar Medicina en Galicia o Andalucía cuesta la mitad que en Madrid. Al final también tiene efectos económicos en la región, pensando que quizás la Comunidad sea más sensible a esos efectos. Debería revisarlo.

¿Cómo puede costar una carrera el doble o el triple en Madrid que en otra comunidad? ¿Hay base para eso cumpliendo la ley?

La ley marca porcentajes de costes y como las universidades no tienen contabilidad de costes es muy difícil valorarlo. Hay algo es que no es justo. Uno entendería que los precios puedan ser diferentes si los servicios o la calidad son diferentes, pero no tiene sentido que la disparidad de precios sea por aspectos locales. Todos los españoles en todas las comunidades deberían tener los mismos derechos y las mismas posibilidades de acceso a la educación y a la sanidad, pero eso deja de cumplirse simplemente por el efecto de las tasas, que tienen mucho que ver con la sensibilidad de las comunidades por tener universidades más accesibles.

Las becas también han cambiado. ¿Desde las universidades han tenido que reclamar más becas que otros años?

La mayor alteración se produjo el año pasado con el incremento de los requisitos académicos. Estamos recibiendo ahora las comunicaciones de los estudiantes que han conseguido beca por parte del Ministerio. Habrá que analizar ese rango de estudiantes que antes tenía acceso a la beca y que ahora por esas exigencias académicas se ha quedado fuera. Se ha producido una doble situación que yo creo que no es la adecuada. El discurso de tasas y el de becas tiene que ir paralelo, es decir, si uno sube las tasas también debe subir las becas, pero no se ha producido en ese caso. Hay un aspecto que quiero resaltar y es que a aquellos estudiantes en unos entornos socioeconómicos más duros también se les exige que el requerimiento académico sea elevado, lo cual produce una desigualdad de oportunidades que no se ha tenido en cuenta, puesto que se han mezclado los dos requisitos.

¿Cómo valora que se dificulte así el acceso a la universidad?

Cuando se compara con países europeos, España tiene unos niveles de titulados en educación superior mayores que algunos de los países más importantes, como pueden ser Alemania o Francia. Y si comparamos la FP, tenemos casi diez puntos menos que otros países europeos. Es verdad que hay que reconducir esta situación, pero sin perjudicar el acceso a la educación superior, sino fomentando que muchos estudiantes que se quedan en la Educación Secundaria accedan a la FP. Puede ocurrir que el número de estudiantes con educación superior empeore por estas circunstancias y no mejoremos la formación profesional y los niveles intermedios. No creemos que se haya acertado.

Algunas universidades han creado fondos para ayudar a estos estudiantes, pero la Comunidad se comprometió a estudiar todos los casos. ¿Al final cuál va a ser el papel de la Comunidad?

Una vez que analicemos el margen de estudiantes que se queda fuera de las becas del Ministerio, las universidades públicas requeriremos a la Comunidad que se comprometa a atender a aquellos estudiantes con talento y con calidad académica. Este gasto no está previsto en el presupuesto de la Comunidad, pero si hubiera interés, se buscarían los fondos.

Tienen bastante diálogo con la Comunidad, ¿pero están contentos con los resultados?

Es evidente que nunca podemos romper el diálogo. Las universidades dependen de la Comunidad y hay muchos aspectos de los que hay que hablar. Nuestra principal queja es que no hay un plan de financiación claro por parte de la Comunidad que nos de cierta estabilidad y con el que definir nuestros planes estratégicos para el año que viene. Lo que se ha producido hasta ahora es que incluso a mitad de año recibíamos nuevas noticias, con lo que es difícil planificar la actividad de una universidad. Necesitamos un plan de financiación a cuatro o cinco años.

¿Esperan alguna novedad en ese sentido?

Las noticias últimamente son que los recortes no van a seguir y las tasas no van a aumentar más, pero no tenemos respuesta sobre la financiación.

Las universidades dicen que no pueden con más recortes. La última noticia ha sido la supresión de diez grados en la Universidad Rey Juan Carlos. ¿Corren peligro las universidades?

La situación ahora es crítica en el doble sentido. Por una parte, los recortes que han llevado a cierta asfixia económica, aunque la situación es diferente en las diferentes universidades. Y, por otra parte, una inseguridad legal, porque no tenemos instrumentos para tomar las medidas adecuadas para la contratación de profesores o la ordenación académica. En cuanto a la Rey Juan Carlos, se habrá visto que resulta inviable y que es posible canalizar esa demanda de estudiantes que no era excesiva a estudios más amplios y grados que no sean ni dobles ni triples titulaciones. En general, o se da un respiro en los dos niveles a las universidad o será inviable mantener la situación, al menos de forma competitiva. Podemos entrar en un declive. Eso es lo que tratamos de evitar en la gestión diaria.

¿Cómo puede afectar el cambio en las becas Erasmus?

De una manera muy difícil de entender. El número de becas por parte del ministerio se va a reducir aunque algunas becas aumenten su presupuesto. Eso no es bueno para un país como el nuestro. Lo que se necesita es mayor movilidad, el aprendizaje no solo de un idioma sino de la cultura en la cual se desarrolla, y esto ha salido perjudicado con las modificaciones.

¿Cómo han afectado los recortes a la investigación?

El otro presupuesto en el que ha habido recortes ha sido en las convocatorias de investigación. Esto ha generado que muchos grupos de investigación, sobre todo aquellos emergentes, se hayan visto muy afectados hasta el extremo de no disponer de fondos, ni de proyecto y tener que reconducir toda la investigación hacia otros grupos mayores que los han absorbido o abandonar la actividad investigadora. Ha habido cierta compensación, al menos en la Autónoma, con fondos desde Europa. El hecho de disponer de grupos muy competitivos a nivel internacional permite acceder a otras fuentes de financiación, pero esto ayuda a grupos lo suficientemente buenos. El resto de grupos, que está buscando ganar en competitividad y ser mejores, en muchos casos se han visto afectados hasta el extremo de cerrar sus proyectos.

Con la tasa de reposición del 10 por ciento, ¿puede llegar un momento en que falten profesores?

En algunas universidades y áreas ya se está produciendo. Es más grave en las enseñanzas clínicas, en los hospitales, donde no existen figuras alternativas de ayudantes doctor, que en algunos momentos nos ha permitido cubrir esas demandas. En los hospitales, en general en toda España y en algunas especialidades, ya no hay profesores en el sentido estricto, sino que son asociados y hay departamentos que están llenos de asociados, con lo cual se pierde la idea de un profesor universitario con dedicación a la enseñanza en un hospital. Ahí es donde es más crítico. Es verdad que se han ido tomando medidas cubriendo plazas con el programa Ramón y Cajal, en nuestro caso, y buscando plazas en el límite de la legalidad. Ahora mismo es la principal condición de asfixia en las universidades y una de las demandas más fuertes ante el ministerio. Llevamos con estas condiciones ya tres años y, desde luego, un cuarto año haría inviable muchas de las ofertas académicas.

¿Cómo se cubren ahora las plazas?

Se ha probado de todo. Las universidades han sido muy creativas, se ha tratado de buscar figuras. A veces se cubren plazas con visitantes, o se ha tratado de aplicar, aunque lo recurrió Hacienda, la tasa dinámica. Nosotros tenemos alguna plaza de promoción que también está recurrida. También se ha recurrido a algunas plazas de contratado doctor, que en algunas comunidades se permitieron y en otras se recurrieron. Esta situación nos genera mucha inseguridad jurídica. No sabemos cuáles son los instrumentos que podemos utilizar en estas condiciones y a veces utilizamos instrumentos que tienen el riesgo de que se puedan paralizar los nombramiento y a nosotros nos impide organizar la ordenación académica.

¿Cree que el Ministerio va a permitir contratar a más profesores?

Tuvo la oportunidad este año. La tasa de reposición sale en los Presupuestos Generales del Estado. Cuando se estaban discutiendo, desde la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas, se promovió con muchos grupos parlamentarios tratar de aligerar esa tasa de reposición y el éxito fue nulo, o incluso ahora tenemos unas condiciones más restrictivas, porque antes no se hablaba de contratados doctores y ahora sí.

¿Podríamos llegar a un cuarto año?

Sí, estaríamos hablando de 2015. Hay negociaciones con el Ministerio de Educación para buscar alguna solución para las universidades y después ir juntos al Ministerio de Hacienda. Sería muy difícil continuar por este camino para organizar las universidades con vistas al curso 2014/2015. Esto tiene que acabar en algún momento. No sé si las elecciones ayudarán a que eso se aligere. Tenemos dos problemas acuciantes. Uno es dar continuidad a los contratos Ramón y Cajal, porque hay un compromiso institucional de que una vez que cumplen unos requisitos pasen a ocupar plaza de contratación permanente y no lo podemos cumplir. La solución que nos han dado es que prorroguemos dos años estos contratos Ramón y Cajal. El otro es el de los ayudantes doctores, que tienen un contrato de cinco años y cuando están formados no les podemos dar continuidad. Ahí es donde la imaginación de las universidades está trabajando para dar estabilidad a este tipo de contratados.

¿Han vuelto a tener noticias de la reforma de las universidades que planteaba el ministro José Ignacio Wert?

La sensación es de desánimo. Para el ministerio es un elemento conflictivo, que requeriría consenso y abrir mesas de negociación. Lo más triste es que el diagnóstico está claro: lo importante es modernizarlas, hacerlas más eficientes, apostar por la innovación, atraer talento, pero nadie es capaz de decir ahora "vamos aponer los medios y los instrumentos". Tiene que ver con el dinero, pero también tiene que ver mucho con decretos y reformas de la ley. Y ahí es donde nadie quiere tomar el toro por los cuernos. Estamos ya en un fin de ciclo, con elecciones próximas, y los políticos no quieren abrir el tema.

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