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Misántropo: el fondo del callejón

lunes 28 de abril de 2014, 08:13h
"Misántropo", sin artículo, es la adaptación que ha hecho Miguel del Arco a la comedia de Moliere escrita en 1666. Se ofrece en el Español hasta final de junio. Del Arco, también director, la ha traído a nuestros días, a la trastienda de una fiesta de la alta sociedad. En el oscuro callejón del recinto se van reuniendo los protagonistas para despellejarse individual y colectivamente. Alcestes, pendiente de una sentencia judicial, reniega de la condición humana y siente celos enfermizos de su enamorada Celimena.
  • 'Misántropo'
    Antonio Castro

  • 'Misántropo'
    Antonio Castro

  • 'Misántropo'
    Antonio Castro

El desesperanzado misántropo es el ariete para embestir contra una sociedad corrupta en la que todos los poderes -económico, político, social- participan y se encubren mutuamente. Todos conocen las miserias de todos. Todos se abrazan y se palmean cuando se encuentran y todos apuñalan a los demás por la espalda. Es un mundo de tráfico de influencias, de favores mutuos, de traiciones si son necesarias para medrar. Celimena se mueve en él como pez en el agua, creyéndose su centro, cuando no es más que un instrumento. Y su juego acabará de precipitar a Alcestes fuera de la relación con el género humano. Del Arco utiliza el mismo recurso que Marsillach -en 1996- para sacar de escena al misántropo.

Hay un juego cruzado de personajes que va descubriendo el entramado de intereses que une al grupo. Son "amigos" pero no dudan en lanzarse a la yugular del otro con el mínimo pretexto. Entre todos ellos, Alcestes, que ejerce una extraña fascinación entre las mujeres. Él ama a Celimena y ésta afirma corresponderle. Pero también está su anterior novia y una solterona que hace todo lo posible por conseguir su atención. Todos miran al misántropo como a un bicho raro por su obsesión en proclamar la verdad, en ser sincero en todo momento aunque desencadene tempestades. Lo toleran como a un pepito grillo porque saben que es la excepción, que la verdad no puede derribar su edificio de intereses.

Del Arco ha levantado un espectáculo brillante con pulso sostenido y desarrollado, como casi todos sus trabajos, por un elenco homogéneo, equilibrado y seguro. La excelente iluminación de Juanjo Llorens saca un enorme partido del sombrío escenario. Lejos de resultar oscura, esta propuesta consigue arrancar carcajadas y sorprender con momentos brillantes. Así, la canción de Oronte descoloca por su toque revisteril. Y hay un momento estelar en el diálogo entre Celimena y la mojigata Arsinoé: extraordinaria Manuela Paso. El misántropo es Israel Elejalde, con las grandes escenas a su cargo, con un catálogo de contradicciones que exigen del actor un esfuerzo sostenido porque debe llegar sobrado de energía a un final bronco y amargo.

Completan el reparto Cristóbal Suárez, Bárbara Lennie, Miriam Montilla, José Luis Martínez y Raúl Prieto. Todos ellos seguros, formando un grupo al estilo de las antiguas compañías teatrales, capaces de abordar cualquier género y de repartirse en armonía todos los papeles.

La temporada del Español se cierra con uno de los mejores espectáculos de la temporada. En la misma se han colado algunas producciones que nunca debieron subir a este escenario. Por fortuna, Del Arco y sus compañeros elevan la calidad artística al nivel que debe exigirse al primer teatro municipal.

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