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André y Dorine: emocionante

jueves 09 de enero de 2014, 14:03h
Después de estar tres años recorriendo el mundo, recala en la sala II del teatro Fernán Gómez el montaje de "André y Dorine" que dirige Iñaki Rikarte. Va a estar hasta el 2 de febrero y es una propuesta francamente recomendable. Con un adjetivo se resume el trabajo: emocionante.
  • André y Dorine

    André y Dorine
    Antonio Castro

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    Antonio Castro

André y Dorine son un matrimonio de ancianos dedicados a hacerse la puñeta mutuamente. Hasta que se cuela en la vida de Dorine el temible Alzheimer. A partir de ese momento André escribe los episodios de la vida en común para luchar contra el progresivo olvido de la esposa. El primer encuentro, el flechazo, el nacimiento del hijo... Mientras, Dorine se va sumergiendo inexorablemente en la sima del olvido.

No hay una recreación en el dramatismo de la situación. Constantemente se intercalan chispazos humorísticos que devuelven la sonrisa al público. Al final queda una bellísima historia de amor entre dos seres que comparten toda una vida. Son ochenta minutos de ternura, de buen teatro sin palabras, de sentimientos. Viendo "André y Dorine" se comprende que lleven tres años viajando por todo el mundo. Este es un teatro universal.

El director y los tres actores, Edu Cárcamo, José Dault y GarbiñeInsausti, cuentan la historia con el juego de máscaras, lo que permite desarrollar un formidable trabajo de expresión corporal. Los tres actores cambian a menudo de máscara y de personalidad para recorrer las distintas edades de los protagonistas. Las máscaras, por cierto, han sido diseñadas por la propia Insausti.

La dramaturgia se estructura en situaciones, en ambientes, en acciones mudas. Hay capítulos especialmente brillantes, como los intentos de André por vestir correctamente a su esposa, que ya no distingue un guante de un calcetín, un bolso de un sombrero. Escena larga, tensa, sostenida con un pulso y un ritmo perfectos. Seguramente los espectadores, si no estuvieran sobrecogidos por la emoción, aplaudirían este mutis.

La dirección es minuciosa, encajando perfectamente las salidas de escena de los actores para adoptar una nueva personalidad, sin que se afecte el ritmo de la narración escénica. Hay numerosos detalles -la nota en papel rojo, el embarazo, los libros- que denotan un interés por subrayar cada momento con una pincelada de ternura.

"André y Dorine" podría convertirse, con todo merecimiento, en un espectáculo de culto. ¡Lleven pañuelos suficientes! Seguramente los necesitarán.

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