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Un paseo por la diversidad del Mercado de San Fernando

jueves 07 de mayo de 2015, 07:30h

En nuestra búsqueda de los mercados gastronómicos y de ocio de Madrid, hacemos una parada en Lavapiés. Allí encontramos un mercado, el de San Fernando, que en 2013 vivió un profundo proceso de rehabilitación acorde con la vida multicultural del barrio. En este espacio, que apuesta por la diversidad, podemos encontrar desde productos ecológicos, artesanales o locales hasta propuestas muy originales como la venta de libros al peso o el reparto en bicicleta de cestas de frutas y verduras.

 

  • Gente comprando en el mercado de San Fernando

    Gente comprando en el mercado de San Fernando
    Carlos Maisanaba Romero

  • Conservas artesanas

    Conservas artesanas
    Carlos Maisanaba Romero

  • Libros en el Mercado de San Fernando

    Libros en el Mercado de San Fernando
    Carlos Maisanaba Romero

  • Venta al peso de legumbres

    Venta al peso de legumbres
    Carlos Maisanaba Romero

  • Puesto que trabaja la piel y lonetas

    Puesto que trabaja la piel y lonetas
    Carlos Maisanaba Romero

  • Artículos, vestidos y telas africanas

    Artículos, vestidos y telas africanas
    Carlos Maisanaba Romero

  • Verdura ecológica

    Verdura ecológica
    Carlos Maisanaba Romero

  • Fachada del Mercado de San Fernando

    Fachada del Mercado de San Fernando
    Carlos Maisanaba Romero

  • Plaza central del mercado

    Plaza central del mercado
    Carlos Maisanaba Romero

  • Legumbres, especias y encurtidos

    Legumbres, especias y encurtidos
    Carlos Maisanaba Romero

El Mercado de San Fernando está ubicado en el número 41 de la calle Embajadores, en pleno barrio de Lavapiés. Es un ejemplo de lucha de los colectivos ciudadanos por sobrevivir y salvar un mercado que estaba abocado al cierre si no apostaba por una renovación. Este tradicional mercado de abastos, que comenzó a funcionar en 1945, necesitaba hace unos años un nuevo empujón y tras la negativa final de Eroski a instalarse en el espacio, su situación empeoró. Ante este panorama, los responsables del mercado comenzaron una búsqueda incesante de soluciones entrando en contacto con el tejido social madrileño y centros sociales como la Tabacalera, el Patio Maravillas y oros movimientos ciudadanos. "Nos pusimos a buscar gente por el barrio porque la mitad del mercado se quedó vacío y el boca a boca funcionó", recuerda Víctor Alonso, gerente del Mercado de San Fernando. Afortunadamente, este esfuerzo dio sus primeros frutos en poco tiempo, "en un mes todo el mundo quería tener un puesto aquí".

Una situación que se vivió con angustia hace ya tres años a lo que se añadieron las "dificultades con las licencias" para algunas de las actividades pero consiguieron solventarse. A día de hoy, la situación es muy diferente. Tras acometer unas obras de climatización y para adaptarse a la nueva normativa contra incendios, el mercado tiene vida, en muchos sentidos: cultural, gastronómica, asociativa. Una diversidad que se convierte en marca propia de este renacimiento situándolo en punto de referencia en Lavapiés. Más de 80 nacionalidades, que conviven en esta zona de la capital, encuentran representación en cada uno de los 55 puestos que conviven en el mercado

Alrededor de la plaza central, donde todos los días -incluidos sábados y domingos- hay propuestas lúdicas y culturales, se organizan los comerciantes con puestos originales y llamativos por la actividad que desarrollan. Así, encontramos una tienda-bar de cervezas artesanales que organiza catas y maridajes semanales, un puesto de comida vegetariana y otro de productos ecológicos que reparte cestas en bicicleta una vez a la semana, quesos artesanales y vino a granel. Pero no son los únicos puntos que irá encontrando en el recorrido todo aquel que decide entrar.

Desde la misma Grecia llegan yogures, vinos, aceites y  quesos dispuestos a ser degustados por los clientes. Su propietario, Emmanouil Choreftakis hace tres años que se instaló en el mercado coincidiendo con la nueva apuesta comercial. "Cada día se ve más gente y el barrio nos apoya", explica. Es además presidente de la Asociación de Comerciantes por lo que conoce bien de cerca la evolución y situación de cada uno de los emprendedores. 

Lucía e Íñigo también se han hecho su hueco aquí. Regentan un espacio de comida casera para llevar, preparada por ellos mismos en la cocina acristalada incluida dentro del mismo puesto. Komoenkasa utiliza solo productos frescos de temporada que varía con las estaciones del año. Cuentan con algunas mesitas frente al local para los que deseen comer allí mismo. 

Otro de los primeros puestos en abrir fue La casquería. Es una librería de segunda mano cuya principal peculiaridad es que vende los libros al peso. "El objetivo es que los libros circulen al precio más bajo y asequible posible independientemente del autor o del género", apunta Raquel Olozaga, una de las propietarias de este original espacio. Surgió como proyecto de seis personas que querían que la lectura llegase a todo el mundo. Novelas, ensayos y diccionarios ocupan parte de las estanterías junto a otros que ya están descatalogados. Todos tienen un precio entre uno y ocho euros (el kilo cuesta 10 euros), "si un libro pesa 150 gramos, el precio sería de un euro y medio", explica. 

La venta al peso también se extiende a otros puestos del mercado como a los vinos y aceites. Bajo esta filosofía, nace también La Sal, un establecimiento que vende legumbres, arroces, pastas y especias a granel. "Es la mejor opción para que los productos no se estropeen si se necesita menos cantidad", cuenta Ernesto Ferrer, propietario de este puesto que lleva instalado en el mercado un año y medio. Además, aquí también se pueden encontrar conservas, aceites, salazones, encurtidos y alimentos cocinados.

Elena Montero forma parte de la Asociación de Cooperación al Desarrollo Malugú. Ofrecen productos de comercio justo producidos bajo criterios éticos sociales y ambientales, como el café o el chocolate, así como ropa hecha mano con telas africanas. "Colaboramos con parte de los que se recauda en proyectos solidarios de una aldea de Ghana", cuenta. Un espíritu colaborativo y solidario que también encuentra cabida en Maniobras reciclantes, una apuesta por los productos de piel y loneta hechos a mano. Una forma de comercio más asequible y cercano que establece contacto directo con el artesano. "Hacemos accesorios para bicicletas, cámaras recicladas y objetos de decoración, regalo, bisutería y complementos". Mónica Jiménez apuesta por la materia prima de Madrid y la elaboración artesanal que llevan realizando tres años y que les permite colaborar en proyectos en África con parte del dinero recaudado. Artesanía 'hecha en casa' que conocen muy bien en La Fruslería, con diseños de artista de Lavapiés como camisetas, muñecos y objetos de ganchillo. Además cuentan con un apartado dedicado a los más pequeños con muchos artículos de Crianza Natural.

Una propuesta de colaboración entre varias asociaciones lo encontramos en un puesto que comparten dos iniciativas: una relacionada con la cosmética natural (Eco Eko) y otra con las conservas en lata. "Un apoyo a la comercialización de proximidad y una apuesta por cubrir las necesidades de una manera saludable y con sueldos dignos", explica Ana Isabel López, de 'Cometeltarro', la primera cooperativa que nace del proyecto Dríadas.

Estos puestos son solo un ejemplo de la diversidad cultural y de propuestas que pueden encontrarse en el Mercado de San Fernando que cada día abre sus puertas con nuevos proyectos en mente.

Mercado de San Fernando
C/ Embajadores, 41
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