José Sacristán premio Madrid 'A toda una vida'.
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José Sacristán premio Madrid 'A toda una vida'. (Foto: Kike Rincón)

Sacristán: "Quiero ser la correa transmisora de los problemas del españolito medio"

José Sacristán (Chinchón, 1937) no es solo uno de los mejores actores españoles, sino también historia viva de este país. Y futuro. A sus 77 años sigue embarcado en rodajes y espera el estreno de sus dos últimas películas, 'Toro' y 'Camino a casa', rueda la tercera temporada de 'Velvet' y va de gira con un espectáculo sobre Antonio Machado. Tampoco quita ojo a la situación social y política actual, contra la que alza su voz, una voz grabada fotograma a fotograma en el recuerdo de los españoles. Por sus 60 años dedicados a la interpretación, el jurado de los Premios Madrid 2015 le ha concedido el galardón 'A toda una vida'.

Si mira hacia atrás, ¿qué balance hace de su carrera?

Un balance positivo. Yo creo que entre la idea que yo tenía de lo que esto podía dar de sí y lo que está dando de sí no hay mucha diferencia. Seguramente, porque desde el principio he tenido una idea bastante clara y he tenido los pies en la tierra respecto a lo que se podía aspirar ejerciendo una profesión como esta en un país como este. Estoy contento.

¿Qué le empujó a ser actor?

No fue un empujón, fue una fascinación, algo muy parecido a los pastorcillos de Fátima. Se apagaron las luces del cine de mi pueblo, se iluminó la pantalla y me fascinó. A partir de ahí, cuando supe que el indio no era un indio, que el que se moría no se moría, que eso era un oficio, vi que no era fácil entrar en el cine español de los años cuarenta viniendo del campesinado castellano. Querer ser Tyrone Power no era fácil, pero aquí estamos.

¿Cómo consiguió entrar en ese mundo?

Primero fue el teatro de aficionados que yo compaginaba con mi trabajo en el taller, porque había que trabajar para ayudar a la economía familiar. Ese fue mi primer contacto hasta que me tocó la mili en Melilla. Tuve la suerte de que me tocara muy lejos de mi casa porque yo no podía plantear a mis padres de un día para otro que no volvía al taller. En Melilla tuve tiempo para leer, para prepararme y a la vuelta ya no fui al taller. Estoy hablando del año 1960 cuando empiezo mi carrera como profesional.

¿Cuáles han sido las épocas más felices de su carrera?

Las sigue habiendo. Tengo la suerte de llevar casi 60 años y, con todos los avatares, con todas la batallas, con todas los inconvenientes y dificultades, hay unas constantes en el ejercicio de esta profesión que a mí me siguen conmoviendo, que son el amor a esto, el talento, el coraje... Ahora estoy trabajando con gente muy joven y los momentos de felicidad se siguen dando.

¿Cuál ha sido el mejor momento de su carrera?

El día que hice la primera sesión en 'La Familia y uno más', que fue la primera vez que tuve una cámara delante y a mi lado a Alberto Closas.

Usted también ha sido actor en la historia de este país. ¿Cómo fue su infancia?

Hay un documental que me hicieron el año pasado el festival de Málaga y TCM, que se llama 'Delantera de Gallinero', que es donde yo veía las películas en mi pueblo, que se sacará al mercado. ¿Mi infancia? Yo desde las primeras de cambio tuve la noticia de que algo había pasado en mi pueblo y a mí me había tocado estar del lado de los que habían perdido, que se habían dado unas hostias, porque mi padre estaba en la cárcel y había algo de violencia latente, registros... Cuando mi padre salió de la cárcel nos tuvimos que marchar a Madrid, a una habitación con derecho a cocina, donde vivíamos mi padres, mi madre, mi abuela, mi hermana y yo. Como contrapartida, lo bueno que tengo en mi infancia son el cariño de mi abuela, de mi tío, mis juegos, mis compañeros, mis amigos, o sea, un mundo. Todavía recuerdo el olor de las gachas, de la harina de almorta, de las patatas fritas que hacía mi abuela, el mundo de los campesinos de aquella época. Lo que sí viví como una agresión brutal fue la llegada a Madrid: el ruido, los gasógenos, los tranvías, las casas tan altas y toda esa cosa del cerco policial al pasar por la estación del Niño Jesús y el control de los grises. Estábamos en los años 40 y mi padre tenía que pasar revista en la comisaria cada cierto tiempo. Vivíamos muy precariamente.

¿Qué opina de la situación actual?

Ahora lamentablemente hay casos que aunque se parecen no tienen el mismo carácter. Por ejemplo, la emigración, el paro, los desahucios. Entonces era muy difícil que desahuciaran a nadie porque nadie tenía dinero para comprarse un piso, no había nadie que te diera el crédito. Es más, yo he tenido una casa con baño cuando he tenido casi 40 años. La situación ahora es precaria y no hay derecho de que después de tantos años se vivan situaciones como las que se están viviendo en aras de un supuesto crecimiento o de una supuesta salida de una crisis. Desde mi punto de vista estamos viviendo una guerra, una guerra donde no hay muertos físicos y no caen bombas, pero caen desahucios, caen paros. Es una guerra que está perdiendo un sector de la sociedad en aras de los que tienen la fuerza y el poder.

¿Puede haber un cambio en esa situación ahora?

Hay un movimiento de tierras. Algo va a pasar con Ciudadanos y con Podemos. Y yo tengo esperanza de que pase, entre otras cosas, para ver si la izquierda se aplica el cuento y ya se da cuenta de que hay que ser un poquito más críticos con ellos mismos y un poco más rigurosos con las ideas que se defienden. Y tengo muy buenos amigos de derechas y algunos de praxis política, pero en general el perfil de la derecha de este país no me gusta.

¿Y la izquierda?

Yo soy de izquierdas pero con la izquierda estoy a hostias. A ver qué pasa ahora, pero la izquierda ha sido adelantada por la izquierda, pero adelantada seis pueblos.

¿Por quién?

Por Podemos, sencillamente. Y este muchacho de Ciudadanos me parece que tiene un sentido del equilibrio político bastante hábil. Y lo de IU con un poco de suerte...

Volvamos a su vida. ¿Cómo vivió la Transición?

Fueron los días del esplendor en la hierba para mucha gente. Sabíamos que había una trastienda, pero me parece que no es justo que se eche la culpa de muchas de las cosas que están pasando a la Transición. No se hicieron muchas cosas, algunas por falta de rigor, pero muchas porque realmente no se podían hacer y la relación de fuerzas era la que era. Ya está bien de echar la culpa de todo a todos menos a uno mismo. Creo que hay una responsabilidad que corresponde ahora a los que debieron ir construyendo lo que empezó la Transición en otra dirección a como se hizo. Fueron años formidables en cuanto a las expectativas, porque pensábamos que salíamos de un túnel siniestro. Ahora lo terrible es como en tan poco tiempo se ha comprobado que muchos de ellos eran unos chorizos.

¿Qué papel o proyecto le gustaría hacer que aún no ha hecho?

Ni de la literatura dramática, ni de la historia... Quiero ser una buena correa transmisora de los problemas y de la cosas del españolito medio. Ahora, ya a mi edad, del españolito medio maduro por no decir anciano. Pero no tengo aspiraciones de un rey Lear, no. Estoy contento con las ofertas que me hacen ahora los cineastas jóvenes.

¿Cómo elige sus trabajos actualmente?

Como siempre, bueno miento. Durante mucho tiempo no podía elegir. Sonaba el teléfono de la vecina, porque yo no tenía, y ya está. Desde hace un tiempo sí elijo. Si lo que se me ofrece me gusta, lo hago, si no me quedo en casa. A veces le digo a mi mujer: ojalá me llamen para ofrecerme cosas que no me gustan y quedarme más en casa.

¿Le gusta el cine que se hace España?

Siempre me ha gustado. Una de las características es la variedad, la diferencia de propuestas, de estilos. Son impresionantes estos chavales que ya nacen con las cámaras y hay primeras películas que son... como Bayona con El Internado, en fin. Luego, como todo, hay quien tiene más talento, quien tiene menos. Pero es miserable este ataque permanente de la prensa de derechas por el 'No a la guerra' y a veces por excesos tal vez. Este negar el pan y la sal en algunos artículos de la prensa española... El cine español lo hace gente de derechas y de izquierdas. ¡Lo hacemos todos! Este año la cosecha ha sido magnífica y también la recaudación. ¿Y qué cambiamos? No hay fórmulas. Ojalá. Por ejemplo, con Magical Girl, de Carlitos Bermúdez, que es uno de los cineastas más interesantes que hay en Europa ahora mismo, la recaudación ha ido a trancas y barrancas. Hay mucho talento, mucho coraje, mucho amor y muy poco dinero. Como no cuentes con una tele... y TVE da muy poco porque no tienen un duro.

¿Viven un momento muy precario los actores y el sector?

Es conmovedor, porque lo hacen muy bien, pero no se puede entender eso como una salida, porque después de matarse a trabajar sacan para un café; yno pueden vivir de eso. Lo del 21 por ciento del IVA es... El porno paga el 4 por ciento y ver un Shakespeare un 21 por ciento.

¿Cuáles son sus referentes en el cine, el arte, la vida?

Hay uno que es el más directo y el más presente que es Fernando Fernán Gómez. He tenido la suerte de conocer gente que me ha ayudado, me ha orientado. Adolfo Marsillach, Miguel Delibes, José Luis Sampedro, José Saramago y siempre queda alguno en el tintero. Siempre he procurado rodearme de gente que sepa más que yo.

¿Qué le parece esta ciudad a día de hoy?

Yo amo Madrid pese a todo. Sobre todo hay rincones por los que me encanta pasear y tengo memorias del crío que fui, de las expectativas que uno tenía, te puedes imaginar, dedicarse a esto. Recuerdo permanente mis peregrinajes cuando salía del taller, que estaba en la calle Ponciano. Hacía un recorrido por todos los cines de la Gran Vía hasta ir a la plaza Mayor a coger el tranvía para irme a Carabanchel: las fotos y todo ese mundo. Hasta que un día vi que era yo el que estaba en la cartelera. La memoria que tengo de todo aquello es la verbena o la Nati que me echaba las judías en la tartera porque había poco dinero para todo. Y en cuanto a territorios, hay sitios como el barrio de los Austrias o la zona de mataderos por General Ricardos a donde me gusta mucho volver aunque ya no se parece mucho.

¿Vuelve a Chinchón de vez en cuando?

Hace poco he vuelto al entierro de mi primo Vicente, que era uno de mis compañeros de la infancia. Y Manolo, el tocinero, que se ha muerto también. Pero sí. Y esa plaza que es la hostia. Los pueblos siempre tienen sus más y sus menos. Hay un concurso de teatro y un certamen que llevan mi nombre. Y están mis primas, mis sobrinos; yo soy de ahí.

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