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Enfrentados: especie en extinción

lunes 22 de septiembre de 2014, 15:47h
Arturo Fernández pertenece a una generación de cómicos en franca extinción. A sus 85 años es capaz de sostener una agotadora función de casi dos horas, llevando al público por los caminos que quiere. 'Enfrentados' es un vehículo a su medida que ha aparcado en el Teatro Amaya donde, seguramente, permanecerá muchos meses.
  • Arturo Fernández, en

    Arturo Fernández, en 'Enfrentados'
    Antonio Castro

  • Arturo Fernández, en

    Arturo Fernández, en 'Enfrentados'
    Antonio Castro

  • Arturo Fernández, en

    Arturo Fernández, en 'Enfrentados'
    Antonio Castro

Aparece Arturo en escena y es recibido con una atronadora ovación. Ese gesto, habitual en el público anglosajón, raramente se da en España. Así entraba a escena Lina Morgan. No recuerdo otro caso reciente. Después, los dos actores son generosamente aplaudidos en cada oscuro y al final de alguna escena. El señor Fernández hace reír al público cuando se lo propone para, un minuto después, ponerle un nudo en la garganta. Lo cierto es que cuenta con espectadores fieles, esos que solo vuelven al teatro cuando actúa él o algún cómico de su generación.

"Enfrentados" es una comedia tramposa sobre las distintas posiciones teológicas de la iglesia católica. No es difícil adivinar el final. Y, cuando las discusiones religiosas pueden empezar a aburrir, el autor se saca de la manga algunas sorpresas que levantan el interés.  Una función que podría representarse totalmente en serio, como disquisición moral o choque de posiciones. Pero Arturo Fernández prefiere el tono de comedia. Y encuentra un colaborador muy eficaz en el joven David Boceta, con el que ya trabajó en "Ensayando a don Juan". Boceta es el seminarista que quiere revolucionar la iglesia. Enfrente, un párroco menos fundamentalista de lo que aparenta, aunque, eso sí, con una buena dosis de hedonismo. Los enfrentamientos entre ambos provocan regocijo, como el ensayo del primer sermón, y, tal vez, siembran alguna duda entre los espectadores. Arturo Fernández, también director, es generoso con su compañero y le deja lucirse en sus mejores escenas. Cuando lleven más representaciones la empatía será mucho mayor entre ambos.

Lo decía al principio: es una especie en extinción. Esas generaciones a las que pertenecieron Bódalo, Mary Carrillo, Irene Gutiérrez Caba, Closas... profesionales que parecían más cómodos en el escenario que en el salón de sus casas. Intérpretes que no desdeñaban ningún género porque podían hacerlos todos con maestría. ¿Quién no recuerda a Closas, genio de la alta comedia, en un drama tan impresionantes como "El largo viaje del día hacia la noche"? ¿O a Bódalo pasar de "Tres sombreros de copa" a "La velada de Benicarló" o "El pato silvestre"? Era una forma de hacer teatro que no se enseña -ni se aprende- en las academias. El saber se adquiría sobre la escena, viendo y trabajando con los grandes.

Me permitiría sugerir a quienes nunca hayan visto actuar a Arturo Fernández, que se acerquen al Amaya. A lo mejor no les gusta lo que vean pero, estén seguros, asistirán a una función teatral de las que siempre han llenado las salas. Casi siempre por el tirón de quien encabeza el elenco. Un teatro bien producido -Arturo sin ninguna ayuda pone la pasta- con un decorado muy digno, una buena iluminación y, en definitiva, una propuesta de las que, cada vez, se ven menos.

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