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La tienda lleva más de una década en la calle Hortaleza
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La tienda lleva más de una década en la calle Hortaleza (Foto: Librería Berkana)

Berkana, al borde del cierre: "La gente ha olvidado que existimos"

Berkana lleva abierta desde 1993 exportando las tantas veces inaccesibles letras LGTBQ de Chueca a toda España. La piratería y los grandes competidores 'online' amenazan el futuro de esta librería única, orgullo militante en la capital. Sus propietarias acaban de lanzar una campaña de micromecenazgo para evitar el cierre. La idea funcionó en Londres y la clientela y los autores se movilizaron para rescatar un establecimiento 'gemelo'. Ahora, es el turno de Madrid, justo el año en el que será la sede del Orgullo mundial.

Para muchos, por fin es 2017. En unos meses, Madrid sera la capital del mundo LGTBI. Sin embargo, una de sus especies endémicas, de esas que dan sentido a todo el ecosistema, está a punto de extincion. La simbólica librería Berkana, única en su género, a pie de calle desde hace un cuarto de siglo, amenaza con echar el cierre por falta de ventas.

Aunque no se ha sabido hasta ahora, lo cierto es que el establecimiento empezó a perder dinero hace cinco años. En 2012, sus propietarias -Mili Hernández y Mar de Griñó- tuvieron que cambiar los 250 metros cuadrados de su sede en Hortaleza 64 por el local contiguo del número 62, algo más reducido, y prescindir de contrataciones. Entonces, la crisis económica asfixiaba al pequeño comercio y el siempre malherido gremio cultural se veía aún más asediado por el pisotón sísmico de gigantes como Amazon. La cojunción de estos dos ingredientes había parido una tormenta perfecta, que terminó desplomándose sobre aquellos llamados a conquistar a grandes minorías, como el difusor de cultura LGTBQ.

"Cuando abrimos en 1993, no existía internet y no había herramientas para quien quería leer algo gay. Nosotros fuimos punteros, teníamos todo: nacional, extranjero, fotografía...", explica Hernández a Madridiario.

Las libreras Mar de Griñó y Mili Hernández (Foto: Berkana)

El bar que no fue

Al llegar a Madrid a principios de los noventa y después de vivir durante años en Londres y Nueva York, Hernández reconoce que podría haber abierto un bar, pero no lo hizo. "Lo mío es militancia pura", asegura. Optó por vender letras y no copas e iluminar con cultura una identidad de barrio aún sombría. Su escaparate, primero en Malasaña y luego en la misma plaza de Chueca, fue de los primeros que mostraron a los madrileños la necesidad de no esconderse. "Hemos hecho lo mismo siempre yendo a la Feria del Libro, poniendo alli la bandera", rememora.

Durante este tiempo, esta tienda con nombre de runa escandinava ha sido punto de peregrinación para muchos visitantes de la capital. En fin de semana, puente o Semana Santa, la librería ha dejado sus puertas abiertas para abastecer a quienes no pueden encontrar estos productos en sus pueblos y ciudades.

Sin embargo, algo ha cambiado. "Hemos notado en los últimos dos años que la gente no viene, como si se hubieran olvidado de que existimos", lamenta. "Los hábitos de consumo de cultura han cambiado mucho y parece que nuestros libros ya no son tan necesarios", reflexiona. Los pedidos 'online' siguen tirando, pero no son un asidero suficiente. "Si una librería general va mal, una especializada, peor", sintetiza Hernández.

Una campaña ensayada

La solución pasa por la prosperidad de una campaña de micromecenazgo. La idea está tomada de la librería gay de Londres, que hace años logró sortear el bache con un 'crowdfunding' que movilizó a todo su ámbito de influencia.

"El 80 por ciento de nuestros libros no se puede encontrar en ningún sitio"

Porque, además de donaciones, lo que esta iniciativa busca, sobre todo, es reivindicar su presencia como institución cultural y social, convertirla en necesaria de cara al futuro. Volver, a fin de cuentas, a hacerse visible, una palabra que pesa mucho en los oídos de las identidades no normativas. "A menudo somos el primer lugar de referencia para lesbianas y gais, hemos tratado de crear un lugar inofensivo, seguro", detallan en su iniciativa.

El ensayo o la ficción LGTBQ casi no tienen hueco en las bibliotecas públicas, tampoco en las grandes superficies. "Si cerramos, nos cargaríamos muchas editoriales que dependen de nosotros: el 80 por ciento de nuestros libros no se puede encontrar en ningún sitio", cifra la propietaria. Hay, por extensión, toda una generación de jóvenes autores que se quedaría sin su principal ventana de exposicion. El cierre de Berkana sería, también, una bofetada a este subsector económico en España.

Las primeras horas de esta campaña están dejando datos optimistas. "Nos han hecho muchos pedidos y hoy la gente se ha estado acercando", explica este domingo Hernández. La intención de las propietarias es resistir como sea hasta la celebración del World Gay Pride, aunque son conscientes de su flaqueza. Si lo consiguen, su supervivencia podrá leerse en unos años como una prueba más del compromiso de una ciudad con la diversidad cultural. "Si no, si cerramos, significaría que España no ha podido, que nos han ganado", concluye.

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