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Radiografía de Madrid (VIII)

Naturaleza bajo presión urbana

Naturaleza bajo presión urbana

viernes 24 de mayo de 2013, 00:00h
Madrid es una región eminentemente urbana y con la mayor densidad de población del país, pero aun así puede presumir de valores naturales. No obstante, la gran presión demográfica también dificulta su conservación y genera problemas como la contaminación atmosférica o la urbanización desmedida.
Al pensar en Madrid lo más probable es que la imagen que se le venga a uno a la cabeza sea la de la gran ciudad, pero en la Comunidad aproximadamente la mitad del terreno está protegido por sus valores naturales con figuras como los parques regionales, zonas de especial protección de las aves o montes públicos. Entre todas ellas destaca el futuro Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama, que después de más de una década de tramitación será aprobado en las Cortes Generales en 2013, si todo sale según lo previsto. 

Hasta que se apruebe la propuesta de parque nacional, la Comunidad gestiona diez espacios protegidos. Estos son el monumento natural de interés nacional de la peña del Arcipreste de Hita; el paraje pintoresco del pinar de Abantos y zona de la Herrería; el Parque Natural de la Cumbre, Circo y Lagunas de Peñalara; el Parque Regional de la Cuenca Alta del Manzanares; el Parque Regional del Curso Medio del Río Guadarrama; el Parque Regional en torno a los Ejes de los Cursos Bajos de los Ríos Manzanares y Jarama (parque del Sureste); el refugio de fauna laguna de San Juan; la reserva natural de El Regajal-Mar de Ontígola; el sitio natural de interés nacional del Hayedo de Montejo de la Sierra y el Soto del Henares. Asimismo gestiona siete lugares de interés comunitario (LIC) y otras siete zonas de especial protección de las aves (ZEPA).

Esta riqueza natural responde a varios tipos de paisaje y ecosistemas, que van desde los sistemas de alta montaña hasta las vegas de los ríos o las estepas cerealistas, pasando por robledales, pinares y las riberas de los principales ríos madrileños, entre los que se encuentran el Tajo, el Jarama, el Guadarrama, el Henares, el Alberche o el Manzanares. Esta variedad de espacios naturales da lugar también a una gran biodiversidad entre la flora y la fauna madrileñas.

La joya de la corona en cuanto a espacios naturales es la sierra de Guadarrama, cuyas zonas más altas se van a convertir en parque nacional. Será el decimoquinto en crearse y el quinto por extensión del país. Cuando el proyecto llegó al Ministerio de Medio Ambiente tenía 33.664 hectáreas, a las que, finalmente, se sumarán 296 más procedentes de los montes de Valsaín, a pesar de que el ministro de Medio Ambiente, Miguel Arias Cañete, prometió 2.000. Tras esta ampliación, el parque compartido entre Castilla y León (12.246) y Madrid (21.714 hectáreas) tendrá 33.960 hectáreas.

Hasta llegar a su aprobación, prevista para el primer semestre de 2013, han sido necesarios más de diez años de trabajo para definir esta propuesta de parque nacional. En parte, el retraso se debió a la aprobación de la Ley de Parques Nacionales, en 2007, que impedía ciertos usos en ellos, por lo que la Comunidad de Madrid decidió modificar el proyecto, con una reducción considerable de su extensión para no perjudicar los existentes. Así el trazado final se ciñó principalmente a las partes más altas, que son también las menos explotadas, de tal forma que se planteó bautizarlo como Parque Nacional de las Cumbres de Guadarrama, aunque finalmente ha desaparecido la palabra “cumbre” del nombre oficial. El plan para el parque ha sido criticado a causa de la reducción de su extensión en la parte madrileña y porque permite urbanizar en el piedemonte, entre otros motivos. El crecimiento urbanístico es, precisamente, uno de los principales peligros para los espacios naturales de la Comunidad.

En 2012, además, la Asamblea de Madrid aprobó la Ley de Viviendas Rurales Sostenibles, que permite construir viviendas en suelos protegidos por planeamiento urbanístico y por leyes sectoriales cuando su régimen jurídico no prohíba el uso residencial. Esto supondrá la construcción de casas aisladas en espacios naturales, lo que ha sido duramente cuestionado tanto por la oposición como por las asociaciones ecologistas y plataformas sociales.

Madrid no solo tenía pendiente sacar adelante el parque nacional de Guadarrama, sino que tiene a la espera una buena serie de planes de ordenación y regulación de espacios naturales. Para empezar, debe aprobar los planes de gestión de sus zonas protegidas por las figuras europeas de ZEPA (Zonas de especial protección de las aves) y LIC (Lugares de interés comunitario). A principios de 2013 solo se habían aprobado dos de ellos: la zona de especial conservación de las cuencas de los ríos Alberche y Cofio, y la ZEPA de la estepas cerealistas de los ríos Jarama y Henares, si bien, en opinión de las asociaciones ecologistas, los criterios de conservación no están claros. Además, algunos de los avances en materia legislativa, como el plan de regulación del Parque Regional del Sureste, aprobado también con años de retraso, fue suspendido por el Tribunal Supremo, principalmente, por no haberse realizado las consultas preceptivas a los ayuntamientos afectados.

Por otra parte siguen sin ser aprobados los planes de conservación de especies protegidas a que obliga la ley. Aun así, hay especies con más número de parejas en los últimos años, como el águila imperial ibérica, de la que se contabilizaban 37 parejas en 2011, o la cigüeña negra, con 10 parejas reproductoras. En cualquier caso, desde distintas organizaciones se han solicitado planes de conservación y una actualización del Catálogo de Especies Protegidas, pues desde 1992 no ha sufrido ninguna modificación y la situación de la flora y la fauna ha podido cambiar en estas dos décadas. Esta necesidad de actualización se extendería también a las leyes de caza y pesca que son, respectivamente, de 1970 y 1942, y que contemplan unas multas ridículas, lo que permitió, por ejemplo, que el autor de la muerte ilegal de un corzo fuera multado en 2011 con una sanción de 12 euros.

Otra de las amenazas que corre el entorno natural madrileño son los incendios. En la última década se ha conseguido reducir el número de hectáreas quemadas, pero en 2012 se produjo el incendio más grave de las dos últimas décadas. Un fuego, que se consideró provocado —se produjeron hasta seis focos diferentes— arrasó unas 1.500 hectáreas según cálculos de la Comunidad.

Calidad del aire y agua
La contaminación atmosférica, arrastrada por el aire desde las zonas más urbanas, ha afectado incluso a  alguno de  los parajes naturales citados, sobre todo a causa del ozono troposférico (O3), también conocido como ‘ozono malo’, que es un derivado de otros contaminantes procedentes fundamentalmente del tráfico rodado. Así en estaciones tan alejadas de las ciudades como la de El Atazar se han llegado a superar los niveles recomendados. Uno de de los causantes del ozono malo es el dióxido de nitrógeno (NO2), causante del principal problema de contaminación atmosférica que tiene la región. Desde 2010 algunas de las 23 estaciones que tiene la Comunidad —sobre todo las de Leganés y Coslada—han superado los límites establecidos por la Unión Europea. Por este motivo, la Consejería de Medio Ambiente pidió en 2012 una moratoria a la Comisión Europea para retrasar el cumplimiento de la normativa y le fue concedida ante la sorpresa de los ecologistas.

El Ayuntamiento de Madrid también incumple la legislación desde que entró en vigor, pero no se le ha concedido la moratoria. La Comisión Europea argumenta que con el plan de calidad del aire del Ayuntamiento en 2015 se seguiría incumpliendo la normativa. Sin embargo, el Gobierno municipal no contempla aplicar más medidas, como le pide Bruselas. Ahora Madrid se enfrenta a multas millonarias, que recaerían en España, al tratarse de un asunto europea. Más ciudades europeas y españolas han visto cómo se les denegaba esta prórroga.

Entre los atractivos de Madrid está su agua. Gracias a sus sistemas de montaña, la Comunidad disfruta de un agua para consumo muy apreciada. La gestión de la misma la ha realizado históricamente el Canal de Isabel II, aunque desde 2012 el saneamiento, abastecimiento y comercialización del agua en la Comunidad está encomendada a la empresa de nueva creación Canal de Isabel II Gestión, en la que participan, con un 80 por ciento de las acciones, la Comunidad y, con el 20 restante, los ayuntamientos. La compañía fue creada como primer paso para sacar a Bolsa el 49 por ciento del Canal, algo que el Gobierno regional está retrasando hasta que mejore la situación económica.

Es precisamente el agua al que se dirigen las inversiones medioambientales más costosas en la Comunidad. En 2013 continúa construyéndose el segundo anillo de distribución de agua, también conocido como ‘M-50 del agua’, de 104 kilómetros de tubería para el suministro desde la zona norte a la corona metropolitana de la capital y a las nuevas áreas de desarrollo urbanístico de la región. El trazado de esta tubería discurre cercano a la M-50 desde la R-2 hasta la R-5, y está dividido en nueve tramos, de los que tres ya están servicio y se espera que a finales de año comiencen a funcionar otros dos tramos. Cuando esté terminada, esta infraestructura suministrará el 16 por ciento del total del agua de la región. Para ello, será necesaria una inversión total de 430 millones, de los que el Canal aporta 350, y el resto, la Unión Europea.
Otros proyectos que tiene en marcha el Canal son la regeneración de agua para su posterior uso para el riego de zonas verdes o baldeo de calle y la eliminación de los nutrientes fósforo y nitrógeno en aplicación de la Directiva Marco de Agua que obliga al “buen estado ecológico” de las masas de agua europeas. En este sentido, el Canal tiene prevista la construcción de nuevas depuradoras (Torres de la Alameda o Loeches), la ampliación y sustitución de plantas ya existentes (Valdepiélagos, Valdetorres o Torremocha del Jarama) y la mejora de otras (Alcalá Oeste, Casaquemada y Arroyo de la Vega).

En la actualidad, los 14 embalses madrileños tienen una capacidad de 945,9 hectómetros cúbicos, hay 13 estaciones de tratamiento de agua potable, 64 estanques de tormentas, 154 depuradoras, 751 kilómetros de colectores y emisarios y 249 de red de agua regenerada.
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