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Radiografía de Madrid I: Población y geografía

Madrid, comunidad de contrastes

martes 14 de mayo de 2013, 00:00h
En el epicentro de la Península Ibérica se encuentra una región que ha sido cuna de dos Nobel de Literatura y de grandes escritores como Cervantes, Lope de Vega, Quevedo o Calderón de la Barca; que alberga tres tesoros declarados patrimonio de la humanidad; que es el centro financiero, el eje de las comunicaciones del país y la que más aporta a las arcas públicas del Estado. Es la Comunidad de Madrid, un crisol multicultural que acoge a 179 nacionalidades en otros tantos municipios.
Aunque Madrid cuenta con una extensa historia, no hay que echar la vista muy atrás para recordar el nacimiento de la comunidad autónoma como tal. Fue en 1983 cuando fue aprobado su Estatuto de Autonomía, que desechaba definitivamente la propuesta de integrarla en Castilla-La Mancha. Si su origen como comunidad autónoma es reciente también lo fueron los actuales límites provinciales fijados en 1833. Entonces, la provincia de Madrid quedó integrada en la región de Castilla la Nueva, junto con Ciudad Real, Cuenca, Guadalajara y Toledo.

Pero si un acontecimiento determinó el devenir de la actual comunidad ese fue, sin duda, la designación de la Villa de Madrid como capital de España. La decisión corrió a cargo de Felipe II, en 1561. La llegada de la Corte supuso para los madrileños la primera de las cargas que iban a llevar por el honor de vivir en el centro del imperio español: los propietarios de casas de más de una planta tuvieron que ceder una de ellas para acoger a los cortesanos recién llegados. La respuesta de muchos madrileños fue singular: hicieron obras para hacer desaparecer las ventanas de una de las plantas lo que dio lugar a las llamadas 'casas a la malicia', de una planta por fuera y dos por dentro. Sin embargo, el estatus de capitalidad de la nación no quedaría propiamente oficializado hasta la Constitución de 1931 cuando Madrid fue declarada la capital de la República. Esta consideración fue incluida, asimismo, en la Constitución actual de 1978.

Un territorio accidentado
Madrid es, ante todo, una región de contrastes, comenzando por su orografía. A pesar de su reducida superficie -8.028 kilómetros cuadrados-, la Comunidad se caracteriza por su gran variedad geográfica y sus marcados contrastes entre la Sierra y las llanuras del valle del Tajo. Prueba de ello es la diferencia entre el punto más bajo de la Comunidad, en el río Alberche a su paso por Villa del Prado, con 430 metros sobre el nivel del mar; y el más elevado, el Pico de Peñalara, con 2.428 metros. Un record al que se suma la ciudad, que se extiende sobre una meseta de 650 metros de altitud media, que se convierte así en la capital europea más elevada sobre el nivel del mar.
Al norte de la región, integrada en el Sistema Central, se alza la sierra madrileña, un conjunto montañoso que se extiende a lo largo de 140 kilómetros. En ella se distinguen la sierra de Guadarrama, el conjunto formado por las de Somosierra y Ayllón y las estribaciones de la sierra de Gredos. A sus pies se sitúan las llanuras del Tajo y el relieve relativamente accidentado de sus campiñas, páramos y vegas.

Esta diversidad geográfica determina también un fuerte contraste climatológico, con temperaturas absolutas que van desde los -8 grados  hasta los 44 grados y precipitaciones que oscilan entre los 400 y los 2.000 milímetros. La comunidad comparte así un clima de montaña, propio de la sierra, con inviernos fríos y precipitaciones en forma de nieve, y otro mediterráneo continental, marcado por temperaturas medias de entre 7 y 15 grados y escasas precipitaciones -generalmente no superiores a 700 milímetros anuales- concentradas en primavera y otoño. En la ciudad de Madrid el clima además se ve afectado por los efectos de la denominada 'isla de calor' derivada de la actividad urbana, que genera un incremento de los valores térmicos medios y que se traduce principalmente en un repunte de las temperaturas nocturnas. La región registra por estas causas récords meteorológicos como los 44,3 grados alcanzados en el Observatorio Astronómico de Madrid en 1878 o los -20,3 grados registrados en el Puerto de Navacerrada en 1962.

Mayrit, 'madre de aguas'

El agua ha contado tradicionalmente con una gran importancia en la región, hasta el punto de hallarse en su toponimia. Su etimología -Mayrit, 'madre de aguas'- deriva precisamente de las fuentes y aguas subterráneas que recorrían el primer asentamiento humano junto al Manzanares. A día de hoy, las reservas subterráneas representan  aproximadamente un tercio del total de recursos hídricos. Su calidad la sitúa como una de las aguas más puras de Europa, con muy pocos residuos gracias a la abundancia de granito de la Sierra de Guadarrama.
La región se integra en la cuenca hidrográfica del Tajo, que surca municipios del sur como Aranjuez, Belmonte, Brea y Fuentidueña de Tajo. Subsidiarias del Tajo son las cuencas del Jarama, del Guadarrama y del Alberche. Además, a pesar de ser la comunidad autónoma más alejada geográficamente del mar, Madrid cuenta con su propia playa: el pantano de San Juan.

La atracción de Madrid
Madrid, que en el año 1900, era la tercera provincia más poblada de España,  por detrás de Barcelona y Valencia, al albergar a 800.000 habitantes (el 4,1 por ciento de la población nacional), contabiliza en la actualidad al 13,75 por ciento en la actualidad. En total, la población ya asciende a 6.498.560 habitantes, según los datos del INE relativos a 2012, una cantidad que supera con creces la suma del total de habitantes de Finlandia y Luxemburgo, por poner un ejemplo.

Las disparidades propias de Madrid se plasman también en la distribución de sus habitantes y su ritmo de crecimiento, con una gran diferencia entre la capital y el resto de municipios.  Prueba de ello es el desequilibrio entre el Área Metropolitana ?que concentra un total de 3.233.527 residentes? y los pueblos más despoblados de la región como Madarcos (53 habitantes), La Hiruela (56), Robregordo (65), La Acebeda (65) y Somosierra (92). Junto a la capital, el mayor número de residentes se concentra en municipios como Móstoles, Alcalá de Henares, Fuenlabrada, Leganés y Getafe, que aglutinan en su conjunto cerca de un millón de habitantes.

Ello hace que la región sea la tercera más densamente poblada -con una media de 810 habitantes/kilómetro cuadrado, frente a los 93 de la media española - por detrás de Ceuta y Melilla. La principal causa de esta situación ha sido la llegada masiva, desde mediados del siglo pasado, de inmigrantes a la capital y a las localidades del cinturón procedentes de otras regiones españolas, atraídos por el desarrollo económico e industrial. Esta tendencia se vio reforzada además en la primera década de este siglo, por el crecimiento demográfico anual de 120.000 habitantes debido, sobre todo, a la presencia de numerosos inmigrantes extranjeros que llegaron a multiplicar por seis su presencia en la región.

Con unas 179 nacionalidades representadas en este territorio, Madrid constituye un auténtico crisol de culturas que la convierten en la comunidad española con el número más elevado de ciudadanos alóctonos: 1.015.054 de residentes foráneos, según datos del INE relativos a 2012. El grueso de la población extranjera se distribuye en cuatro grandes grupos: los procedentes de países de América Latina, con el 43,3 por ciento de los extranjeros, seguidos por el colectivo de rumanos y búlgaros (22,7 por ciento) y, a mayor distancia, los residentes con otras  nacionalidades de la UE (11,9 por ciento), y los marroquíes, con un 8 por ciento.

Pero las dificultades financieras que atraviesa el país desde 2008, y en especial las elevadas tasas de desempleo, han frenado en seco la llegada de nuevos residentes y han impulsado a  otros muchos a emprender el camino de regreso a casa. Este proceso ha sido especialmente intenso en Madrid, la comunidad autónoma que ha experimentado la mayor reducción de inmigrantes, con una caída del 4,9 por ciento en 2012 con respecto al año anterior. También la crisis económica ha hecho mella en la tasa de natalidad, que se sitúa ahora en 11,04 nacimientos por cada mil habitantes. La incertidumbre sobre el futuro está propiciando que sean muchas las parejas que estén postergando la perspectiva de casarse -la tasa regional de nupcialidad ya era en 2011 de 3,87 matrimonios por cada 1.000 habitantes ? y tener hijos. Así lo demuestra el incremento de la edad media de maternidad, que supera ya los 31 años, y la caída de la tasa de natalidad en los últimos tres años.

Esta drástica desaceleración demográfica desencadenará en los próximos años un envejecimiento de la sociedad madrileña, cuya esperanza de vida se sitúa ya en 82,8 años. La proyección de población del INE para el año 2020 prevé que para entonces la población de más de 65 años represente el 18 por ciento de los madrileños, lo que hará necesaria un incremento de los recursos destinados a servicios sociales, especialmente en el colectivo de más de 80 años, cuyo crecimiento en número será del 40 por ciento.

Sin embargo, y a pesar del incierto panorama impuesto por la crisis, las estimaciones demográficas apuntan que Madrid seguirá liderando el crecimiento demográfico en España. La proyección de población del INE para el periodo 2010-2020 prevé un crecimiento del 5,4 por ciento ?unos 350.000 habitantes? el doble de lo estimado para la media española.
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