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Ballet Nacional de España: afortunada recuperación

Ballet Nacional de España: afortunada recuperación

El Ballet Nacional de España presenta en el teatro de La Zarzuela, hasta el 4 de noviembre, un atractivo programa con el título “Clásicos de la danza española”. Son cuatro coreografías, entre ellas la importante “Medea” que creara José Granero para esta compañía hace 28 años. Una velada variada y hermosa para los amantes de nuestra danza.
Antonio Najarro, director del Ballet, ha querido, para su segunda presentación al público, transitar desde la danza bolera  a la jota, dejando para el final uno de los grandes ballets con argumento. En la primera parte el “Paso a cuatro”, de Antonio Ruiz Soler, muestra toda la belleza del bolero, con una imagen luminosa y elegante. Sin solución de continuidad se pasa a la “Farruca” de Juan Quintero, precisa, rotunda, con unos bailarines que dan una imagen estilizada y más moderna de lo que suele ser habitual.

Bienvenida sea la supresión de clichés estéticos o conceptuales si se hace, como en este caso, bien. Cierran la primera parte dos jotas. La primera, “Viva Navarra”, interpretada por Carmen Cubillo, una histórica de la danza. Bien está como homenaje a su generación, pero solo como eso. La jota de la Dolores, con toda la compañía, despierta, como siempre, el entusiasmo. La jota es un pilar del folklore español y bien está que una compañía nacional la tenga siempre en repertorio. De su puesta al día se ha encargado Pilar Azorín, inspirándose en la que creara su padre, Pedro. Fue este uno de los grandes especialistas de la jota en el siglo XX y la enseñó a varias generaciones. Todavía se recuerda el apoteósico homenaje que se le rindió en el desaparecido teatro Albéniz. Con esta pieza el espectáculo siempre queda en alto, como bien sabía don José Tamayo. Por cierto, los joteros (cantantes) suelen interpretar con los brazos en jarras y los pulgares metidos en la faja. José Luis Urben canta con los brazos abiertos y resulta extraño en este género.

“Medea” ocupa toda la segunda parte. Triunfo rotundo de Lola Greco, merecido, ganado a pulso con una interpretación escalofriante. Estrenada la pieza por Manuela Vargas,  retomada más tarde por Merche Esmeralda, cayó finalmente en los pies de Lola hace más de quince años. Y ha hecho suyo el personaje, aunque en esta temporada lo interpreten también Esther Jurado y Maribel Gallardo. En el conjuro y en el dramático final, la protagonista cortó la respiración y provocó el entusiasmo. La coreografía sigue siendo muy atractiva y, en su parte, Francisco Velasco estuvo francamente bien. Nuestro Ballet Nacional tiene tres grandes ballets “con argumento”: Medea (1984), Don Juan (1989) y La Gitanilla (1996). Creo que solo el primero se ha repuesto con alguna regularidad. Quizá pudieran revisarse los otros dos.

En cualquier caso bien está que esta compañía recupere el repertorio acumulado en más de tres décadas de existencia. Y que intenté incorporar nuevas creaciones. Este programa, seguramente, gustará –y mucho- al público y a los espectadores más jóvenes les permite recuperar la gran “Medea”.

No debemos olvidarnos de la excelente participación de la Orquesta de la Comunidad de Madrid, dirigida por José Antonio Montaño. Hizo un más que digno acompañamiento y nos devolvió la alegría de ver danza con música ejecutada por una buena orquesta.
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