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Cerrará el 31 de diciembre tras 65 años de historia

Instituto de Cardiología: una muerte anunciada

Por Lucía de la Fuente
martes 04 de diciembre de 2012, 00:00h
Desde hace más de seis décadas el Instituto de Cardiología atiende, sobre todo, a pacientes con enfermedades cardíacas. En poco menos de un mes cerrará sus puertas, por decisión del Gobierno de la Comunidad de Madrid. Los recortes en Sanidad no permiten su supervivencia. Estos días está en pleno proceso de desmantelamiento.
El Instituto de Cardiología está en Ciudad Universitaria (distrito de Moncloa-Aravaca), en el pabellón 1 de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid. Se ubica en un edificio de seis plantas que comparte con estudiantes de Podología. En concreto, ocupa las plantas baja, cuarta y quinta. Es un hospital pequeño. Entre médicos, enfermeros, auxiliares y personal no sanitario cuenta con 170 empleados de los que "unos 50" son interinos.

Poco a poco el centro se prepara para su muerte anunciada. Las medidas que, a juicio del Gobierno regional, servirán para "salvar" el sistema de salud público madrileño, contemplan su cierre inminente. La Comunidad ahorrará 8,7 millones al integrarlo en el servicio cardiológico del cercano hospital Clínico San Carlos. Desde el día 1 de diciembre no hay pacientes ingresados. A partir del día 14 tampoco habrá consultas. El 31, cerrará definitivamente. "Intentaremos tomar aquí las uvas de Nochevieja", afirma José Antonio Rivera, presidente del comité de empresa.

Las 38 camas de la quinta planta ya están vacías. Rivera informa que en los últimos tres años se ha invertido un millón de euros en su rehabilitación. El último trabajo, hace dos semanas, fue cambiar las ventanas: "Ya se sabía que el hospital cerraba, pero vinieron a cambiarlas. Total, ya estaba pagado".

A la incoherencia de instalar ventanas nuevas en un hospital que va a dejar de prestar servicio se suma la incertidumbre laboral de sus empleados. "No informan de nada en concreto, pero sabemos que en el Clínico no cabemos todos, no cabemos ni cien", indica Rivera, que aún trabaja como administrativo en el Instituto de Cardiología. "Yo tengo asumido que me voy al paro", añade Juan, un empleado de mantenimiento que este martes ?tercera jornada de huelga general en la sanidad pública madrileña? trabaja como servicio mínimo. En este centro, según los propios trabajadores, la huelga ha sido secundada por 39,5 por ciento del personal.

"La joya de la corona"
El Instituto de Cardiología presta (o prestaba) asistencia sanitaria especializada en enfermedades cardiovasculares. Si de algo presumía era de su servicio de rehabilitación cardíaca, tratamiento imprescindible tras un infarto, una operación o una angina de pecho y que atendía a 70 pacientes en turno de mañana y 70 en turno de tarde. "Al ser un centro pequeño el trato que se daba a los pacientes era bárbaro, la lista de espera no superaba el mes", asegura un trabajador. "De los siete centros donde se ofrece rehabilitación cardíaca en la Comunidad de Madrid, éste era la joya de la corona", agrega.

Además del cierre y la falta de información, hay algo que ha molestado especialmente a los trabajadores: que desde la Consejería de Sanidad se haya negado su identidad de hospital. Que se haya mentido a la prensa. Que se haya incluso llegado a modificar la web oficial para eliminar la palabra "hospital". "Somos un hospital 'chiquito', pero hospital, no dependemos del Clínico, no se puede manipular y engañar sin que pase nada", argumenta el presidente del comité de empresa. En todos los documentos de oficiales del centro el Instituto de Cardiología figura como hospital. En los propios pasillos, con membrete de la Comunidad de Madrid, hay carteles de avisos donde se puede leer "Está usted en un hospital".

¿Qué pasará con el edificio?
El inmueble tiene más de 65 años de historia. Antes de 1986 se llamaba Escuela Nacional de Enfermedades del Tórax. Se prevé que tres de sus plantas sigan siendo utilizadas por la Facultad de Enfermería, Fisioterapia y Podología. Las otras tres, quedarán abandonadas. "Igual lo okupan, no me importaría, así por lo menos tendría alguna utilidad", concluye Rivera tras declararse "algo desesperanzado aunque con ganas de seguir luchando".
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