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El artículo 47

El artículo 47

Por Lucía de la Fuente
lunes 14 de febrero de 2011, 00:00h
Queridos lectores, yo no he estudiado Derecho. Esta garrafal laguna no me ha impedido conocer que en 1978 muchos padres y ninguna madre redactaron un puñado de normas donde proclamaban derechos, deberes y libertades con los que contarían a partir de entonces los ciudadanos que en España residieran. Entre sus 169 artículos, hoy me fijo en el número 47. Dice así: "Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación".

Si la regla se cumpliera, digo yo, no habría nadie que durmiera en la calle. Sin embargo, y según datos del último recuento municipal, en Madrid hay, al menos, unos 1.800 'sin techo'. Por lo tanto, sin estudiar Derecho ni nada, llegamos a la conclusión de que el artículo 47, como tantos otros, no se cumple. Con esas 1.800 personas también hacemos como si no existiera, atención, que esto ya son palabras mayores, el artículo 25 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Pero bueno, ¿qué son, al fin y al cabo, dos normas que rigen los principios fundamentales en los que se sustenta la sociedad en la que vivimos? Por lo visto, papel mojado.

Algunas, porque no son muchas, asociaciones recuerdan cada día a los que mandan que especular está prohibido y que establecer normas que garanticen el acceso a una vivienda es obligatorio. Luchan por sacar a la luz que hay personas que viven en la pobreza extrema. Por hacerles entender que "una vivienda digna" no se traduce en barracones con más de 50 camas sin calefacción ni agua caliente. Porque no estamos hablando de personas fracasadas, sino de políticas fracasadas. O, aún peor, de sociedades fracasadas.

Hoy, 14 de febrero, el frío aprieta de nuevo y a los habitantes del cuarto mundo madrileño les tocará buscar cobijo esta noche. Si pueden, en algún albergue. Si no, acabarán por acostarse en un cajero automático o se arroparán con cartones que les permitan evitar la congelación. Si esta realidad no es un fracaso, ustedes me dirán.
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