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Un nuevo escaparate para exhibir arte

Un nuevo escaparate para exhibir arte

jueves 15 de diciembre de 2011, 00:00h
No se trata de una exposición convencional de arte contemporáneo, es mucho más. Una muestra de arte innovador que experimenta con los nuevos lenguajes creativos de 34 artistas que ofrecen hasta el mes de abril en el Matadero los resultados del proyecto El Ranchito.
Es un proyecto que va más allá de lo establecido a través de la investigación artística que explora alternativas a los formatos convencionales de exhibición cultural. Acostumbrados a las maneras tradicionales de promocionar el arte, resulta complicado pensar que puedan existir nuevas vías que experimenten con otras fórmulas. En el Matadero Madrid lo tienen claro y apuestan por una renovación de los conceptos tradicionales. Y lo hacen embarcándose en una nueva aventura que nace con un objetivo muy claro: convertirse en una propuesta cultural con formato de proyecto de investigación.

La novedosa plataforma, que lleva por nombre El Ranchito, nace con “clara vocación experimental”, asegura Luisa Fuentes, comisaria del proyecto. Surgió hace un año y medio con el objetivo de dinamizar la escena local artística madrileña y reformular el sentido de la obra de arte investigando nuevos formatos alternativos. La primera decisión fue organizar unas mesas de reflexión en las que participaron pensadores, filósofos y arquitectos que replantearon la dinámica que se debe seguir para activar un tejido que “denota déficit en lo que se refiere a producción y sinergias”. De esta necesidad surgió la El Ranchito, una plataforma que se estructura en varias líneas de trabajo: un apartado de reflexión, un programa de residencias y becas para los artistas, la presentación pública de los proyectos, que se inaugura este jueves, y una iniciativa satélite de actividades.

A partir de este jueves, la Nave 16 del Matadero se convierte en un escaparte vivo en el que algunos proyectos comienzan a ver la luz y otros han finalizado su andadura para ser expuestos al público. La conexión con la realidad más cercana es la característica común a casi todos los proyectos. Como ocurre con el colectivo Todo por la Praxis, integrado por abogados, arquitectos, periodistas y otras profesiones, ha trabajado en Banco guerrilla, un proyecto “interdisciplinar que maneja mobiliario urbano”, cuenta Luisa,  y que explora, a través de su reforma, “cómo las prácticas urbanísticas quitan a los ciudadanos el uso de espacios públicos”.

Este espacio del Matadero se concibe también como un lugar en el que surge de manera espontánea el intercambio de experiencias entre los participantes de los proyectos para que puedan interactuar con las diferentes expresiones que manejan. En este cóctel cultural y creativo, encontramos Subir para bajar, una escultura de Guillermo Mora que se sitúa, como lo define la comisaria, en el “complicado espacio fronterizo” entre la pintura y la escultura. A través de todos los desechos que ha generado y guardado el artista en su taller, ha creado una especie de mural tridimensional reciclado. La arquitectura es el objeto de estudio de otros de los proyectos, 100-100 corralas, de Zira02. Basado en el estudio de este tipo de viviendas, ha creado un catálogo de aquellas corralas visitadas y que incluye todo tipo de datos. Otro trabajo es el del colectivo Husos, ‘Cotidianeidades doméstico-productivas en Madrid’ que analiza las posibilidades de la vivienda como medio productivo.

Entre otros proyectos se encuentran también las piezas de André Komatsu, Sally , Gabriela Gutiérrez y el colectivo Zoohaus. Otras propuestas, todavía en fase de producción, que pueden verse son los trabajos del colectivo Excedentes/Excess, el Gato con moscas, los mexicanos Tercerunquinto o la compañía Puctum.

Hasta abril pueden visitarse los doce proyectos que han creado los 32 artistas que forman parte del experimento creativo El Ranchito. Durante este tiempo, será el momento de valorar por parte de sus organizadores si la novedosa plataforma ha cumplido los objetivos iniciales de creación y gestión cultural, alejados de los parámetros convenciones  “a los que estamos acostumbrados”, insiste la comisaria de El Ranchito.  Y para ello, tendrá vital importancia el dispositivo, a modo de biblioteca, creado por la arquitecta Nerea Calvillo que aglutina la documentación y las experiencias desarrolladas por los artistas durante su participación en la plataforma.

Propuestas artísticas que seguirán surgiendo en los próximos meses en un espacio, que como describe Silvia Fuentes, no se encuentra dentro de los lenguajes de arte contemporáneo. “Es un proyecto de experimentación”, concluye, del que no existe nada similar, al menos hasta el momento.
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