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El 'AVE' que llegó a El Escorial en 1861

El 'AVE' que llegó a El Escorial en 1861

martes 09 de agosto de 2011, 00:00h
Tal día como hoy, hace ahora 150 años, llegaba el primer ferrocarril a El Escorial. Un hecho que trajo consigo la llegada masiva de turistas y consecuentemente la economía de la zona "creció como la espuma", asegura Fernando del Sol, que se encarga de gestionar la circulación de trenes en esta estación.
La llegada del tren al municipio no fue fácil. La construcción de la vía creó mucha polémica, ya que "hubo diversos proyectos sobre la mesa. Algunos querían que el ferrocarril pasara por Valdemoro, otros que lo hiciese por Villalba...". Finalmente, se decidieron por la segunda opción, "pero el debate estuvo servido", comenta Del Sol, un nostálgico de los trenes, según se define, y amante del mundo del ferrocarril.

A pesar de las disputas previas, a partir del día en que el tren llegó por primera vez a la localidad la economía local mejoró considerablemente. "La afluencia de viajeros y el traslado de mercancías de forma más rápida fueron dos de los aspectos más ventajosos de este progreso", comenta este experto, quien asegura: "Que llegara un tren a un municipio era lo más". Un hecho que compara en la actualidad con las ventajas que conlleva el tren de Alta Velocidad Española (AVE).

En su nacimiento, los 50 kilómetros que separan Madrid de El Escorial se completaban en poco más de una hora y media y costaba por aquel entonces 10,25 reales, el 75 por ciento del salario diario de un jornalero. Ahora, 150 años después, el viaje cuesta 3,5 euros y el trayecto se recorre en una hora y cinco minutos (Atocha-El Escorial).

Nuevos apeaderos
"En estos 150 años no ha variado mucho la duración del trayecto. Antiguamente, a causa del material, tardaba más tiempo en desarrollar la velocidad. Ahora, con la cantidad de estaciones y de apeadores que existen a lo largo de la ruta, tarda algo menos que en sus inicios", aclara Del Sol. En 1861, las paradas que efectuaba el convoy antes de llegar a El Escorial eran: Pozuelo, Majadahonda, Las Rozas, Las Matas, Torrelodones y Villalba. Ahora, la línea C-8 de Cercanías efectúa parada en: Atocha, Recoletos, Nuevos Ministerios, Chamartín, Ramón y Cajal, Pitis, Pinar, Las Matas, Torrelodones, Galapagar y Villalba, antes de llegar a su destino.

En sus primeros años de vida, el punto de partida de esta línea estaba en Príncipe Pío. "En la actualidad, desde esta estación solo hay tres trenes diarios", comenta Del Sol. "Hoy en día, la mayoría de los ferrocarriles parten desde Chamartín", añade. Respecto al recorrido original no ha sufrido modificaciones, aunque se han ido añadiendo nuevas líneas, que provocan "que los trenes no nazcan y mueran como originalmente", comenta este experto, un leonés de 54 años de edad, que lleva más de 40 años vivienda en Villalba y 27 controlando las entradas y salidas de los trenes en El Escorial.

La estación se muda
Al principio, la estación se ubicó junto a la Casita del Príncipe (una de las residencias de la Familia Real Española) al no haberse construido aún las instalaciones definitivas. Y dos años más tarde, en 1983, se construyó la estación definitiva, aunque en 2002 "fue renovada de arriba abajo", afirma Del Sol, hasta el punto que actualmente no queda ningún elemento que recuerde la antigua terminal. "Tengo entendido que el espacio donde trabajo, en el gabinete de circulación, era la sala real", comenta, aunque desconoce si efectivamente fue así porque ya no queda ningún detalle que pueda aclarar este aspecto.

Un hecho que 'molesta' a este trabajador de Renfe, que "no está en contra de la modernidad", pero que si tiene que elegir se decanta por lo antiguo. "Prefiero las locomotoras de vapor, las estaciones con elementos antiguos... Son aspectos con los que antes disfrutaba y que ahora hecho de menos", explica. Aunque también asegura que no le molesta que los espacios se modernicen, porque "yo también viajo y me adapto a cualquier cosa", pero preferiría que no fuese así.

De una forma parecida recuerda Del Sol, a sus 54 años, la primera vez que subió a una locomotora. "Tenía cinco años y me pasé el viaje vomitando de lo mareado que estaba. Ese fue el primero, pero tengo muchos otros recuerdos bonitos de mis viajes de niño, ya sean con mi madre o con mi padre, en los que me desplazaba por toda España, para ver a mi familia", relata. En ninguno de estos trayectos, Fernando del Sol perdió de vista a la persona encargada de dar la salida de los trenes y de gestionar sus entradas y salidas. Un cargo que ocupa él mismo en la actualidad y que no tiene pensado abandonar. Trabaja en lo que le gusta y no piensa cambiar. No todo el mundo, y menos ahora, puede dedicarse a aquello que siempre ha soñado. Y Del Sol está cumpliendo su sueño.
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