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Unos 2.000 musulmanes viven en la Cañada Real Galiana

Ramadán entre chabolas

Ramadán entre chabolas

Por Lucía de la Fuente
jueves 11 de agosto de 2011, 00:00h
Los seguidores del Islam llenan estos días las mezquitas madrileñas. La más pobre de todas no renuncia a las celebraciones en su mes más importante del año. Así se vive el ramadán en la Cañada Real.
En pleno mes de ayuno musulmán, 220.000 creyentes en Alá de la región, según calcula el Centro Cultural Islámico, se abstienen de comer, beber, fumar y mantener relaciones sexuales entre el alba y la puesta de sol. 2.000 de ellos residen en la Cañada Real Galiana, el poblado chabolista más grande de Madrid, pues ocupa 20 kilómetros de una antigua vía pecuaria donde se asientan más de 4.000 infraviviendas y algún que otro chalé. La cifras de habitantes son, no obstante, meras estimaciones, pues no hay hecho, de momento, ningún censo fiable.

Ahmed y Fátima son dos de ellos. Viven, junto a sus dos hijos, en el sector IV de la Cañada desde hace ya dos años. Dicen echar de menos Marrakech, ciudad de la que emigraron con expectativas de mejora, especialmente durante el ramadán. "Es el primer año que no paso estos días en Marruecos con toda mi familia, somos ocho hermanos", dice Ahmed. "Estar aquí en ramadán es más difícil, pero no tengo dinero para volver", agrega. Ni él ni su mujer tienen trabajo, pero aun así se siente afortunado, pues aún no ha recibido ninguna orden de derribo.

Abdul no tiene la misma suerte. Su casa ya fue derribada en 2007, fruto de un procedimiento judicial que inició el Ayuntamiento en 2005. "Perdí la casa con todo lo que tenía dentro; solo en el solar me había gastado 20.000 euros", recuerda. En aquel momento se produjeron violentos incidentes, en los que varias personas resultaron heridas. Con ayuda de los vecinos, Abdul reconstruyó su vivienda aunque, desde el pasado 24 de junio, ha vuelto a recibir cartas periódicas que le informan de la ilegalidad de su casa y del desalojo que tiene previsto efectuar el Consistorio "de manera inmediata".

Amnistía Internacional ha pedido en numerosas ocasiones que se detenga la demolición del inmueble, que ya se ha convertido en un referente de la zona, "mientras no haya soluciones para proteger los derechos de las personas desalojadas, de acuerdo con los estándares internacionales de derechos humanos". Sus dos hijos -de cuatro y siete años-, ajenos a los problemas de sus padres, pasan el día jugando entre chabolas. Durante el curso, ambos van a un colegio público cercano y hablan árabe y castellano a la perfección.

Días de abstinencia
Pero ahora es verano. Agosto. Ramadán, noveno mes del año según el calendario lunar (once días más corto que el calendario solar que rige al mundo occidental). Los padres ayunan hasta que se hace de noche a pesar de que el calor pone difícil, "sobre todo, no beber agua". Los pequeños, que pueden comer sin problemas, se entretienen por su cuenta. Y es que las posibilidades de diversión para un menor en el asentamiento de infraviviendas más grande del sur de Europa son infinitas. La asociación de vecinos del 'barrio' ha montado incluso un parque infantil improvisado con ruedas viejas y barras de hierro.

Al caer la noche, sobre las 21.30 horas, se celebra el momento más esperado del día: la ruptura del ayuno. En casa de Fátima y Ahmed hay dátiles, 'harira' (sopa marroquí que mezcla garbanzos con carne y especias), batido de plátano y, sorprendentemente, pizza. De postre té y pastas de miel y almendras. En la televisión, un canal árabe muestra imágenes de La Meca (Hiyaz, Arabia Saudí) que durante todo el mes congregará a más de un millón de fieles en torno a la Gran Mezquita.

La hospitalidad de esta familia en paro es abrumadora. La comunidad virtual webislam explica que esa virtud "es inseparable del Islam". "El musulmán se desvive por ofrecer lo que tiene al que acude a él y lo hace de la mejor de las maneras, sin artificialidades, sin montajes, sin exageraciones, sin racanería", prosigue. Esa hospitalidad es aún mayor si cabe durante el ramadán, cuando los imanes aconsejan "intensificar los servicios humanitarios". "Lo mejor es cómo te sientes espiritualmente. Este mes los ricos y pobres son iguales, todos pasan hambre", afirma Ahmed.

Noches de oración
Cuando la cena se termina es momento de partir a la mezquita para asistir a la oración más exitosa del día. Ahmed se cambia los vaqueros por la chilaba. Fátima se queda en casa, cuidando de los niños. "Muy pocas mujeres van allí, la mayoría reza en casa", comenta antes de regalar un velo a la redactora.

La mezquita-escuela de la Cañada está a unos diez minutos andando de la popular casa de Abdul. De camino, el alumbrado brilla por su ausencia. Las calles no están asfaltadas. El edificio, de dos plantas, es muy austero. No hay vidrieras con inscripciones coránicas, ni arcos islámicos ni objetos de cerámica. Se pueden adquirir sin embargo versiones del Corán en árabe y castellano, así como otros documentos facilitados por el Centro Cultural Islámico de Madrid.

A las 23.30 horas comienza el rezo, que se prolonga hasta pasada la medianoche. Más de doscientos hombres lo hacen en las dos salas más grandes, los que no caben en la calle. Descalzos. Unas veinte mujeres cubiertas con velo, en otra estancia, escuchan las oraciones del imán a través de un altavoz. El ambiente es festivo. La misma escena se repetirá hasta el 30 de agosto, fecha en que tendrá lugar la fiesta que indica el fin del mes del ayuno musulmán.
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