www.madridiario.es

Especial Madrid Río (III). El Manzanares

La M-30 de los peces

La M-30 de los peces

Por Carmen M. Gutiérrez
miércoles 06 de abril de 2011, 00:00h
El soterramiento de la M-30 y la creación de Madrid Río no se han olvidado del Manzanares, que en los últimos años ha recibido más cuidados de los que nunca imaginó. Ahora luce más limpio, algo que disfruta su fauna, cada vez más numerosa.
El río Manzanares está volviendo a ser en Madrid lo que un día perdió. Se ha convertido de nuevo en un punto de encuentro para los madrileños. Al igual que antes iban a bañarse o a pasar el día, ahora acuden a pasear, montar en bicicleta o simplemente a conocer este nuevo espacio verde.

Con el soterramiento de la M-30 y la liberación de las márgenes, el Manzanares tuvo otra oportunidad, bautizada por el Ayuntamiento como Madrid Río. Ha consistido en el ajardinamiento de 95 hectáreas de suelo situadas en una franja longitudinal de 11 kilómetros entre el puente de los Franceses y la Caja Mágica. El nuevo parque lineal permite volver a pasear junto al río, sentarse en su orilla y aprovechar lo que el agua pueda refrescar el ambiente.

La operación Madrid Río no ha consistido solo en acondicionar las riberas urbanas del Manzanares, sino que también se ha sumergido en el interior. Se ha limpiado de residuos, se ha unificado las cotas del cauce y del cajero, se han rehabilitado las presas y se han eliminado los vertidos de agua de lluvia sin depurar.

Escalas para la fauna
Una de las mejoras más llamativas ha sido la instalación de escalas de peces en las presas de este tramo del Manzanares. Ahora la fauna no encuentra barreras en un amplio tramo del río, hasta la presa número ocho, en la que no quedaba sitio para incluir esta solución, debido a los túneles, según explica el director de Proyectos Singulares del Área de Gobierno de Urbanismo del Ayuntamiento, Javier Hernández. En esta presa, situada a la altura del parque de Arganzuela, los peces tienen que esperar a que se abra para poder continuar su camino.

La instalación de escalas en las presas históricas del río ha ido ligada a su restauración, pues algunas se encontraban en mal estado. Además, a todas se les ha cambiado el tablero para ensancharlas y se las ha puesto a cota para hacerlas accesibles a pie sin barreras arquitectónicas, indica Hernández.

La reforma del entorno del río también ha servido para que Madrid se blinde contra las mayores avenidas previstas en los próximos quinientos años. Por solicitud de la Confederación Hidrográfica del Tajo, Madrid ha tenido que elevar la cota del cajero en algunos tramos para hacerlo más seguro. Como rellenar de tierra estos desniveles era imposible por estar debajo los túneles de la M-30, se llevó a cabo una solución a modo de sándwich tecnológico de hasta 16 capas para impermeabilizar, drenar, evitar la entrada de raíces o anclar árboles a una malla en el subsuelo.

Aguas más limpias
El agua del río también ha recibido más mimos que de costumbre y, además, serán duraderos, gracias al Plan de Infraestructuras para la mejora de la calidad de las aguas del río Manzanares. Aunque la idea del plan es anterior al soterramiento de la M-30, esta obra facilitó su ejecución y ambos proyectos se coordinaron para sustituir los viejos colectores por otros de más capacidad, según señala una portavoz del Área de Medio Ambiente, que ha ejecutado este proyecto.

El plan de infraestructuras, finalizado en 2010, ha creado una red de 36 kilómetros de colectores con más capacidad que los anteriores y también 28 estanques de tormentas, que tienen el objetivo de retener el agua de las lluvias torrenciales, que arrastran contaminación y suciedad, para poder depurarlas poco a poco antes de llegar al río. De esta manera, la calidad del agua es mayor, algo que beneficia no solo a Madrid, sino también río abajo hasta Lisboa, a través del Jarama y el Tajo.

El plan ha costado 800 millones de euros al Ayuntamiento de Madrid, a los que hay sumar otros 122 de los Fondos de Cohesión de la Unión Europea, destinados a infraestructuras de saneamiento. Ahora, una vez terminado se ha conseguido que el agua vertida al río tenga una calidad óptima tras pasar por las depuradoras. Por este motivo, los aliviaderos del cajero por los que brotaba agua de lluvia sin tratar procedente del alcantarillado ya no son necesarios y se eliminaron en las obras de la M-30.

Los habitantes del río
En general, el río se ve mejor que en años atrás y la calidad del agua ha aumentado, según aseguran desde el Área de Gobierno de Medio Ambiente. Parece que la fauna lo ha notado. Según los datos del Ayuntamiento, los habitantes del río han aumentado considerablemente por repoblación natural y las especies migradoras cada vez lo usan más. En el tramo urbano, en 2004 el río contaba con 12.800 peces y 540 de aves, mientras que ahora son 30.000 y 850, respectivamente. Las especies más comunes en el Manzanares a su paso por la capital son la carpa, la gaviota reidora y la culebra viperina, cada una en su clase.

Con todas estas mejoras, el río sale de Madrid más limpio que hace un tiempo y nota menos la presión urbana de Madrid, pues no solo se depuran las aguas residuales, como es obligado en todas las ciudades desde hace algún tiempo, sino también las de lluvia.

El Manzanares entra a la capital como un río abierto y mantiene su cauce natural hasta el puente de los Franceses, donde ofrece una de sus mejores estampas capitalinas. Ahí y a lo largo de la calle de la Ribera del Manzanares, comienza a recorrer una escollera, que forma un paisaje más blando que el que arranca en el puente del Rey, donde ya es un cajero el que encauza el agua, como sucede prácticamente en todo el paseo que conforma Madrid Río. "El aprendiz de río" -como lo definió Lope de Vega y le gusta recordar al alcalde- abandona la ciudad por el Parque Lineal del Manzanares, donde vuelve a recibir la sombra de la vegetación de ribera, que crece de forma espontánea.
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+

0 comentarios