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Organizaciones del sector de la aviación imparten cursos para combatir la aerofobia, un mal que afecta a uno de cada seis pasajeros

¿Quién dijo miedo a volar?

¿Quién dijo miedo a volar?

Ansiedad, sudoración, taquicardias y hasta vómitos o ataques de pánico. Son algunos de los síntomas más graves que sufren las personas con miedo a volar. Madridiario analiza las causas y las posibles soluciones de la aerofobia, un mal que afecta a uno de cada seis pasajeros. 
"El único miedo que los latinos confesamos sin vergüenza, y hasta con un cierto orgullo machista, es el miedo al avión. Tal vez porque es un miedo distinto, que no existe desde nuestros orígenes, como el miedo a la oscuridad o el miedo mismo de que se nos note el miedo (...). Yo lo padezco como nadie, a mucha honra, y además con una gratitud inmensa...". Son palabras extraídas del artículo 'Seamos machos: hablemos del miedo a volar'que en 1980 escribió Gabriel García Márquez.

30 años después ese miedo continúa afectando a uno de cada seis pasajeros, según datos de la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI). Y eso pese a que sigue sin existir, aunque el AVE gana puestos a pasos agigantados, un medio de transporte que sea más seguro que el avión. Así lo creen al menos asociaciones de consumidores, pilotos y la AEPA (Asociación Española de Psicología de la Aviación).

Trágicos y aparatosos sucesos como el del vuelo de Spanair en 2008 -con 154 muertos-, o el ocurrido a principios de este mes en Cuba, donde se estrelló un avión a 400 kilómetros de La Habana y 68 pasajeros murieron calcinados, no ayudan a bajar la estadística. Internet actúa además como arma contra los 'aerofóbicos'. Webs como Crash-Airen llevan al día un inventario de los últimos y más sangrientos incidentes aéreos, los medios de comunicación desgranan cada detalle de lo sucedido y en las redes sociales la información circula casi en tiempo real. Y es que muchas personas con este miedo buscan constantemente en la red algo que confirme sus teorías sobre la inseguridad de los aviones.

La presidenta de AEPA, María Luz Novis, dice que "el miedo intenso puede desembocar en ataques de pánico y tener consecuencias físicas como taquicardia, sudoración,  tensión muscular, nudo en el estómago o ganas de vomitar que a veces van acompañados de pensamientos negativos -'no puedo soportarlo', 'me voy a desmayar'-". Esta situación repercute en la autoestima de la persona: "siente que no es capaz de hacer lo que otros hacen, que no puede evitarlo y que le causa problemas en su actividad laboral, en su planificación familiar y social", añade Novis.

Miedo a tener miedo

Existen diferentes niveles entre los que padecen aerofobia. Hay personas que vuelan con frecuencia a pesar de pasarlo mal y otras que no han volado nunca y aseguran que no lo harán. Los expertos afirman que estos últimos son los más difíciles de tratar porque "se anticipan al miedo, lo que se llama miedo a tener miedo".

"Conocí a una persona que entraba en pánico con solo llegar al aeropuerto y el vuelo se convertía en un terrible sufrimiento que le paralizaba. Otra llevaba el control de cada uno de los ruidos y movimientos del avión y se descontrolaba cuando alguno de ellos no 'casaba' con sus expectativas", comenta la presidenta de la citada asociación.

Almudena Fernández, concejala socialista en el Ayuntamiento de Madrid, confiesa pasarlo "fatal" en los aeropuertos: "Siempre que puedo intento buscar excusas para no volar, he tomado tres aviones en mi vida". "Me encantaría conocer Nueva York, pero que casi ni me lo planteo, me cuesta concienciarme", agrega.

Superar el miedo
Pero superar el miedo a volar no es una misión imposible. AEPA organiza cursos, en colaboración con el Colegio Oficial de Pilotos Comerciales (COPAC), orientados a demostrar que un aparato de 90 toneladas que vuela 12.000 metros de altitud  y alcanza casi 1.000 kilómetros por hora, es seguro.

En ellos se trabajan técnicas de relajación, respiración y control de la ansiedad, además de dotar a los asistentes con información que les permite sentirse más confiados. Entre otras cuestiones se explica que las temidas turbulencias "son molestas pero en nigún caso peligrosas" o que miles de personas trabajan cada día para que el avión sea un transporte fiable. La terapia finaliza cuando todos los asistentes, alumnos y profesores, comparten un vuelo juntos.

Lo cierto es que, pese a que el curso no está al alcance de cualquier economía -supera los 600 euros-, parece ser que "funciona". Novis manifiesta que ha visto resultados incluso en casos muy graves: "Una vez asistió un hombre que llevaba 27 años sin volar y que por trabajo había tenido que hacer miles de kilómetros por las carreteras de toda Europa. Superó el miedo y hace poco me comentaba que había volado incluso a América".

Consejos prácticos
La aerofobia afecta a tantas personas que algunas compañías han decidido hacer públicos consejos prácticos para que la experiencia sea más llevadera. Iberia puso en marcha el blog 'Me gusta volar' que cuenta con un apartado destinado específicamente a facilitar herramientas que combatan los pensamientos automáticamente negativos.

Procurar llegar descansado al vuelo, ir acompañado, solicitar información a los auxiliares de vuelo, mantenerse distraído, no beber alcohol o intentar relajarse son consejos que se repiten en numerosas páginas especializadas. Para García Márquez sin embargo no se trata de perder el miedo, sino de "aprender a volar con miedo".
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