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La arquitectura de los años 50

La arquitectura de los años 50

miércoles 31 de marzo de 2010, 00:00h
El Ministerio de la Vivienda pretende con esta muestra rendir un merecido homenaje a esos arquitectos que desde posiciones no relevantes, ayudaron a consolidar  la arquitectura de nuestro país desde pautas de modernidad y pretendieron hacer una arquitectura de la “normalidad”, como sugieren las palabras de los comisarios de la muestra.
Y normalidad es lo que hubo en la génesis de las treinta y cinco obras que los paneles de la exposición muestran, encuadradas en los finales de la década de los cuarenta del pasado siglo hasta aproximadamente 1965. Lo novedoso de esta exposición es la perspectiva desde la que se hace el análisis porque lo más habitual en el estudios sobre la arquitectura de las primeras décadas del franquismo, es cargar las tintas sobre lo decisivo de la situación política que forzosamente contaminaba la vida y la existencia de los ciudadanos y se traducía en una arquitectura programática, que también existió.

Al margen de la arquitectura institucional que tuvo su repercusión en edificios tan representativos como el Ministerio del Aire de Luis Gutiérrez Soto que recurre a modelos históricos o el Edificio de Sindicatos de Francisco de Asís Cabrero deudor de modelos internacionales, la obras de estos treinta y un arquitectos que algunos han calificado de secundarios, es que está hecha desde la necesidad de dar respuestas a los problemas de la sociedad. Esa necesidad social se tradujo en el empleo de materiales existentes en esos momentos y el uso de recursos técnicos que irán mejorando según los años pasaban y el país avanzaba hacía la modernidad. Quizá lo más sorprendente de la labor de nuestros arquitectos sea la riqueza de soluciones que han aplicado, salidas de la tradición constructiva hispana y la adaptación de sistemas foráneos interpretados con los medios existentes que han dado lugar a obras de gran rigor y economía: ni más ni menos que lo que el país podía aceptar.

Por ello no es de extrañar que el mayor peso lo lleven en la exposición los ejemplos de vivienda social, los barrios o conjuntos destinados a dar acogida en la periferia de pueblos y ciudades, a la población chabolista o de aluvión. Desde Madrid a Sevilla, Córdoba o Burgos los arquitectos se afanaron en construir viviendas que cubrieran el mínimo necesario, a veces luchando con la incomprensión general. Rafael Aburto construyó 54 viviendas en serie con corrales y casa sindical en Quintanar de la Orden siguiendo modelos de la Obra Sindical del Hogar, en las que empleó técnicas tradicionales, las bóvedas tabicadas a la catalana, y muretes de mampostería al exterior. Estos modelos fundían en feliz convivencia la tradición española con el Movimiento Moderno.

Materiales autóctonos
El Instituto Nacional de Colonización aportó un nuevo tipo de agrupación rural a la búsqueda del asentamiento de la población en el campo. Sus poblados de Colonización son aún modelos a seguir sobre todo cuando se revisan las realizaciones del brillante  José Luis Fernández del Amo que en Belvis del Jarama (Madrid, 1961-64) y en Vegaviana (Cáceres, 1961-1964). Los ejemplos que se nos muestran, con viviendas realizadas con materiales autóctonos, mampostería encalada principalmente, se integran en el paisaje a la búsqueda de una expresividad y un pintoresquismo  que  aún hoy sorprenden por la plasticidad de su imagen.

En el terreno de la vivienda social es donde más experimentación se produjo y el conjunto de viviendas en Montilla (1957-1962) de Rafael de la Hoz Arderius (1924-2000) son la muestra de un deseo de establecer el módulo necesario para la existencia dentro de unos parámetros de modernidad que muestran la asimilación de las teorías de Le Corbusier, incluso en el diseño del mobiliario preciso. Las nuevas barriadas también incorporaron, al igual que los poblados, iglesias en las no se recurrió a motivos historicistas, detalle sorprendente ya que se presentan antes de las disposiciones emanadas del Concilio Vaticano Segundo. La iglesia del poblado de Almendrales (1961-1964) en Madrid de José María García de Paredes supone una ruptura con el modelo de planta basilical habitual.

García de Paredes diseña una planta a modo de mezquita con cubierta dividida por bóvedas de hormigón visto con lucernarios que apoyan sobre pies derechos metálicos que sirven para la evacuación de las aguas pluviales. Su relación con estructuras industriales es evidente. Cuando Fray Francisco Coello de Portugal proyecta el Santuario de la Virgen del Camino de León (1955-61) su propósito no era pasar desapercibido, sino que su arquitectura de formas robustas, de hormigón visto, sea un reclamo para el creyente que tiene ya perfectamente asumido el nuevo vocabulario arquitectónico.
En centros de enseñanza y universidades la consolidación del movimiento moderno es total. Fernando Moreno Barberá volcará su deuda con Le Corbusier en su edificio destinado a la Facultad de Derecho de Valencia (1959) con el empleo de pilotis, vigas, columnas, una fachada de malla neutra perforada con perfiles laminados y un aspecto ligero al que renunciará en la tardía facultad de Biológicas de la Ciudad Universitaria de Madrid, un regreso al brutalismo.

Deseo "funcional"
Algunas obras de Carlos Pfeifer en Granada muestran el empleo temprano de estructuras de acero en la ciudad. Su Casa Sindical (1958-1965) de cubierta plana y cuidada carpintería metálica es todo un manifiesto de modernidad. Cuando en 1963 utilice los módulos octogonales en el Colegio Mayor Loyola pondrá de manifiesto que los procedimientos técnicos responden al deseo de funcionalidad. Realizaciones tan significativas como el estadio de Fútbol del Barcelona (1957) de Francesc Mitjans se servirá de los valores expresivos del hormigón armado en una arquitectura atrevida que en este caso preciso tiene la necesidad de convertirse en icono y referente de su ciudad.

No están ausentes de la muestra obras como el Depósito de Automóviles SEAT de Madrid (1963-1964) obra de César Ortiz-Echagüe y Rafael Echaide una combinación de estructura opaca y fachada acristalada que tanto debe a Mies van der Rohe pero que en el ejemplo madrileño carece de la ligereza de su hermano barcelonés. La muestra se cierra con un proyecto tan ambicioso como el centro comercial AZCA de Madrid (1954) que pretendió convertirse en el nuevo centro neurálgico de la ciudad moderna que se inspira en un modelo ya clásico de 1925: la Unter der van Linden de Berlín de Van Eesteren y Van Doesburg; demostración de que la arquitectura española, con treinta años de retraso, se había incorporado plenamente a la vanguardia europea.

El gran acierto de la exposición ha sido dirigir el punto de vista hacia esa otra arquitectura, que tanto ayuda a explica la marcha del país, realizada por arquitectos que llenos de entusiasmo construyeron lo que debían construir, con los medios materiales y técnicos que tenían a su alcance.

Lugar:
Arquería de los Nuevos Ministerios. Paseo de la Castellana, 67. 28046 Madrid.
Fecha: Hasta el 28 de abril de 2010.
Horario: De martes a domingo de 10.00 a 14.00 horas y de 17.00 a 21.00. horas. Domingos de 10.00 a 14.00 horas. Lunes cerrado.
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