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Doce años de paciencia

Doce años de paciencia

viernes 03 de diciembre de 2010, 00:00h
El centro de día para discapacitados intelectuales de Parla es ya una realidad. Tras más de doce años de lucha con la Comunidad de Madrid, los vecinos del municipio han conseguido que el Gobierno local asuma las competencia y construya esta instalación. Las obras comenzaron en agosto y está previsto que entre en funcionamiento en abril de 2011.
Las familias afectadas de la localidad coinciden en que las "obras van a buen ritmo", aunque a su vez son conscientes de que la lucha todavía no ha acabado. "Sabemos que cuando esté construido el edificio habrá que equiparlo y la Comunidad nos pondrá pegas para hacerlo", comenta a Madridiario Jesús Leciñana, tesorero de la Asociación Apucovip, una entidad que, junto a Adempa y al Ampa del centro de educación especial María Montessori, han unido sus fuerzas y han creado una comisión conjunta. El objetivo: ser más fuertes y seguir reivindicando sus derechos y los equipamientos básicos en el municipio. "No tenemos porque desplazar a nuestros hijos a otros municipios cuando tendríamos que tener nuestro centro de día en Parla", afirma Abdelhakim Keskous, presidente de Adempa.

No obstante, la Consejería de Familia y Asuntos Sociales de la Comunidad de Madrid, área que según estas asociaciones tenía que haber construido el centro, aseguran a este digital que no había demanda suficiente para llevar a cabo el centro de día. "Parla tiene una demanda muy pequeña si lo comparamos con otros municipios de la región", explican. En ese sentido, las mismas fuentes afirman que la dotación de la instalación va también en función de la demanda del municipio y "al ser tan baja no dotarán el centro" cuando llegue el momento.

Las plazas de esta nueva instalación, con capacidad para 40-45 personas, están ya cubiertas antes de su puesta en funcionamiento, únicamente con los usuarios de Parla que padecen discapacidad intelectual. "Sabemos que en pocos años este espacio se quedará pequeño y tendremos que continuar reivindicando otro. Por este motivo, solicitamos ya la residencia para nuestros hijos, para que cuando sean mayores tengan un lugar donde quedarse", explica José Luis Fernández, presidente de Apucovip. En ese sentido, todas las entidades se quejan de que un municipio de 140.000 habitantes, de los cuales un 3,4 por ciento aproximadamente sufren discapacidad intelectual, no disponga de un centro adaptado a las necesidades de las familias parleñas.

Solución hasta los 21 años
Los jóvenes hasta que no cumplen los 21 años pueden asistir al centro de educación especial María Montessori. ¿Pero qué pasa cuando estos superan esta edad? Algunos de ellos se desplazan a otros municipios "porque las familias también tenemos nuestros trabajos y no podemos estar las 24 horas del día pendientes de nuestros hijos", explica la vicepresidenta de este colegio, Loli Magdaleno. Aunque también hay un cierto porcentaje de usuarios que tienen que quedarse con sus hijos en casa, bien por no tener acceso a un centro de estas características en Parla, o porque no pueden desplazar a sus hijos a otras localidades.

Los representantes de estas asociaciones coinciden en que estas personas tienen que estar en el entorno que les corresponde. "Cuando son pequeños no se nota la discapacidad, pero a partir de tercero de primaria en adelante se quedan atrasados. La integración no funciona y la mejor opción es que los niños se relacionen en el entorno que les corresponde", comenta Magdaleno. Por este motivo, las familias de Parla han estado solicitando durante más de doce años a la Comunidad de Madrid un centro adaptado a sus necesidades, que ha terminado construyendo el Ayuntamiento de la Parla, con fondos del Plan E. En él se desarrollarán actividades de terapia ocupacional y fisioterapia, con cuidadores profesionales, y ofrecerá a su vez un respiro para los padres.

Equipamientos insuficientes
Aunque no es suficiente. "El niño ha nacido bajo de peso", añade Fernández. Con estas palabras, el presidente de Apucovip hace hincapié en que después de estos años de lucha han conseguido "algo", pero no todo lo que necesitan. Parla carece de equipamientos, como por ejemplo, un centro especial de empleo o una residencia para mayores con discapacidad intelectual.

En ese sentido, estos padres se quejan de que un niño discapacitado "no tiene porque ser una cruz para las familias. Somos conscientes de que tenemos que luchar por sus derechos, pero no por conseguir las necesidades básicas, que son un recurso imprescindible", asegura Keskous, que junto al resto de familias se sienten "desamparados" y son conscientes de que todavía queda mucha lucha para conseguir lo que sus hijos merecen.
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