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75.913: el tercer premio de la lotería cae íntegro en Retiro

Juan Ángel, Conchita y el quiosco de la suerte

Juan Ángel, Conchita y el quiosco de la suerte

miércoles 22 de diciembre de 2010, 00:00h
La administración de lotería del número 138 de la Avenida Ciudad de Barcelona, en Madrid capital, repartió felicidad por todo el distrito de Retiro, a donde se fue íntegro el tercer premio del sorteo extraordinario de Navidad, casi 97 millones de euros gracias al número 75.913.
Cuando quedaban apenas unos segundos para el mediodía y el sorteo encaraba su recta final, Marisel Carvajal y Alfredo R. Grande cantaban —enfundados en su traje del Colegio San Ildefonso— el número y la cuantía que lleva aparejada: 500.000 euros por billete, 50.000 euros por décimo.

Poco se podían imaginar Juan Ángel y Conchita, los loteros, que iban a repartir el mayor premio único que un despacho de boletos ha dado en el 'Gordo' de 2010, gracias además a un número terminado en 13 que la administración y un quiosco de prensa amigo en Menéndez Pelayo llevaban jugando durante veinte años. Todo se había vendido en el barrio, en el mercado junto al quiosco y en el cercano comedor de empleados de Renfe, al que acuden muchos de los que trabajan en la estación de Atocha y las instalaciones adyacentes. "Nunca habíamos dado nada en el 'Gordo'. Tuvimos una del jueves y dos semanales, pero este es el primer premio que damos en Navidad. Tenemos dos hijas, una en el paro, y tres nietos, así que irá para ellos", explicaba una emocionada Conchita, que guardaba el décimo del número premiado que la familia jugaba. A su lado, su hija María, embarazada de cinco meses, derrochaba alegría.

Los abonados al 75.913, mucho de ellos conocidos del barrio, fueron dejándose ver escalonadamente. Agustín y Julia, un matrimonio de jubilados con dos décimos premiados, atendía atropelladamente a la multitud de micrófonos que se agolpaban en el interior de la pequeña administración pensando en repartir el dinero con los suyos. Raquel e Irene, trabajadoras de Renfe, se deshacían en abrazos y besos con el cartel del número premiado en la mano. "Compramos un décimo a medias. ¡No me lo creo! Todavía no sé en qué lo voy a gastar", confesaba la primera. A su lado, Irene advertía a la prensa de que la suerte había tocado de lleno a sus compañeros: "En el comedor hay mucha gente joven que han comprado décimos entre dos, tres cuatro y hasta cinco, así que hay muchos que lo están celebrando".

Pilar Pardo, también jubilada, rompía a llorar de la emoción al explicar cómo, de los dos décimos del número premiado había repartido uno de ellos entre amigos e hijos a modo de participaciones de tres euros cada una, beneficiando a mucha gente a la vez: "No será mucho, pero hay algunos que lo necesitan de verdad. Mi mayor alegría es habérselo dado". Veneta, de Bulgaria, se lanzaba a las manos de sus amigos al saberse portadora de un de décimo ganador. Como jugadora habitual de "todo" ("juego a la lotería, al Euromillón, a la Primitiva", contaba), llevaba cinco décimos distintos, uno de ellos del tercer premio. "Soy ama de casa. Trabajo ayudando a una persona mayor. No tengo hijos, pero le voy a hacer muchos regalos a mis sobrinos", les prometía abrazándoles. En los comercios adyacentes a la administración, muchos se lamentaban de no haber acertado con el número ganador. Otros se refugiaban tras los cristales sonriendo de oreja a oreja e intentando guardar la compostura para no provocar la entrada de las cámaras de televisión en sus locales.

El quiosco de Julia Iglesias
Pero la alegría de Juan Ángel y Conchita atravesaba la avenida Ciudad de Barcelona hasta Menéndez Pelayo. Allí, a 500 metros de la administración, el quiosco de su amiga Julia Iglesias había repartido más de medio centenar de décimos y participaciones de 10 euros del 75.913 entre otro buen número de vecinos y comerciantes del mercado. "El pescadero, la de los encurtidos, el charcutero... ¡Todos tienen papeletas! ¡Id a preguntarles!", instaba junto a su hijo José Miguel, que había acudido corriendo a echar una mano a su desbordada madre.

El de Julia, a quien a duras penas los fotógrafos conseguían convencer para que posase para una foto, es un quiosco con solera: "Desde la guerra que lo tuvo la bisabuela lo hemos venido heredando", aseguraba. De hecho, varias clientas de toda la vida se enteraban en ese mismo instante por ella del premio. "¿Se llevó usted papeletas, María? ¿Y usted, lleva participación o un décimo? ¡Que le han tocado 20.000 euros!", anunciaba radiante a dos mujeres que habrían los ojos como platos. "¿Es verdad? No, me estáis contando una mentira. ¡Que soy una persona mayor!", advertía una jubilada, entre incrédula y sorprendida. "Es verdad, se lo digo yo", sentenciaba Julia, decidida a tapar los tan comunes agujeros y a disfrutar el tercer premio de la lotería con un buen viaje. "Le hemos dado el premio a pensionistas, currantes, gente joven y parados. Es estupendo", afirmaba.

En el mercado de abastos, las sonrisas en los mostradores delataban a los ganadores. Premiados como Antonio, charcutero, y Fernando, carnicero, que bromeaban besándose sonoramente en la mejilla mientras los medios les retrataban. Antonio, charcutero, pensaba en darse "un homenaje" y tapar "un agujero gordo que tengo por ahí". Fernando tendría que 'rascar' algo por parte de su abuelo: "Le han tocado dos décimos, así que espero que reparta". Benigno el pescadero, se lo tomaba con más calma, ya que, recordaba, la lotería "no te retira, a menos que te toque el 'Gordo'". "Mi mujer, Sara, me ha dicho que si llega a saberlo me pide que compre cuatro décimos y no dos como tengo. Es un pellizquito, pero hay que seguir trabajando. Con 55 años ya no tengo que pagar el coche ni el piso. Haremos un viaje, pero seguiremos trabajando si la salud nos respeta". La salud, ya se sabe, siempre tan socorrida precisamente en esta fecha y no sólo patrimonio de lo que no ganan con el 'Gordo'.
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