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Una generación perdida

Una generación perdida

No hay derecho. Lo que estos señores y señoras del COI están haciendo con Madrid no tiene perdón de Dios. La capital de España está empeñada en organizar unos Juegos Olímpicos, con la mira puesta en Barcelona'92, y los vividores -según la RAE, personas laboriosas, económicas y que buscan modos de vivir- del COI parecen que hacen oídos sordos a una candidatura que, con el paso de los años, está ganando solera, como el buen vino de Jerez de la Frontera.

Primero fue Singapur y ahora Copenhague. La historia olímpica de Madrid tiene una nueva fecha negativa en su hoja de ruta. Este 2 de octubre de 2009 implica una nueva decepción para quienes sueñan con ver en su ciudad y en su país una edición deportiva del máximo nivel. Recurriendo a la mitología, parece que los dioses del Olimpo están confabulados contra la ciudad que ama, respeta y venera a la diosa Cibeles. Sin embargo, todo es más sencillo de explicar, y nada de cuentos troyanos.

España ya no es un imperio y tiene una presencia limitada en los órganos de gestión del mundo. EEUU, que sí es una potencia, tampoco lo logró y quedó en último lugar. A nosotros, al menos, nos queda la honra de haber llegado dignamente a la final. A partir de ahora, el mundo deportivo tiene un nuevo tótem: Lula da Silva, quien verá cómo su país organizará el Mundial de Fútbol de 2014 y los Juegos Olímpicos de 2016. No hay derecho para Madrid, pero al mismo tiempo brindo por el hecho de que, por fin, los Juegos Olímpicos se celebrarán por primera vez en Sudamérica.

Ahora, en la película de los 'cois' Chicago y Tokio fueron los convidados de piedra, y el hasta la fecha intocable Barack Obama ha sufrido en Copenhague su primera gran derrota internacional.

Madrid, una vez más, rozó el cielo con su ilusión y vio cómo otra ciudad organizará "sus" Juegos. Lo que hace falta ahora es que no impere el desánimo y que el alcalde, Alberto Ruiz-Gallardón, se tome el tiempo oportuno para la reflexión y el análisis. Una vez transcurrido éste, debería comparecer, a petición propia, en el Pleno municipal y dar cuenta del trabajo desarrollado, con el fin de que la ciudadanía pueda valorar si el esfuerzo y el dinero invertidos merecieron la pena.

Y digo esto porque todo el mundo, menos el regidor y sus acólitos -según la RAE, personas que dependen de otra-, era consciente de la regla no escrita del COI de la rotación de continentes. El primer edil estaba empecinado en relatar públicamente allá donde iba que Londres, organizadora de los Juegos de 2012, es la capital de un país anglosajón y que Madrid, por sus raíces históricas y culturales, podría ser encuadrada en el orbe iberoamericano. La realidad, ahora, ha tirado por el suelo esa tesis y ha ratificado lo que todos sabemos: Madrid es Europa como Londres, París o Roma, y nada más. Los años de vino y rosa de nuestro imperio acabaron hace mucho tiempo.

También me gustaría que el regidor explicara en voz alta quiénes, tras el fracaso de Madrid 2012, le animaron insistentemente a presentar otra vez la candidatura, a sabiendas de que Madrid 2016 era un proyecto sin opción alguna desde el primer día. Si no es así, quedará la duda de que quienes le asesoraron en ese sentido fueron la familia Samaranch; el presidente del COE, Alejandro Blanco; y determinados empresarios, cada uno de ellos con sus objetivos. No obstante, no hay que olvidar tampoco a quienes estiman que para aprobar las 'oposiciones olímpicas' hay que presentarse antes a varios exámenes.

Estamos inmersos en plena crisis económica y los expertos vaticinan un otoño y un principio de 2010 complicados, y ya veremos cuándo y cómo saldremos adelante. Por eso creo que el alcalde debería tomarse un período de reflexión muy largo antes de anunciar otra candidatura, si continúa en el Ayuntamiento tras los comicios de 2011, puesto que si sigue la película de los 'cois' según el guión trazado, los Juegos de 2020 tocarán a una ciudad asiática.

Entonces, ¿las opciones de Madrid se podrían retomar de cara al año 2024? Sí, siempre y cuando hasta entonces no haya surgido una ciudad africana que intente alterar el orden establecido. Si ello ocurriera así, Europa no sería escenario de unos Juegos hasta 2028, cuando muchos de los presentes estaremos, en el mejor de los casos, disfrutando de una merecida jubilación.
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