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Crítica teatral.- Una comedia española: Reza y sigue

Crítica teatral.- Una comedia española: Reza y sigue

Yasmina Reza es una dramaturga de moda en España. Reciente el enorme éxito obtenido por “Un dios salvaje”, se repone en el mismo teatro su comedia más famosa: “Arte“, que revalidará el éxito de los dos montajes anteriores. Y el Centro Dramático Nacional estrena en el teatro Valle Inclán , hasta el 29 de marzo, “Una comedia española”, obra que dirige Silvia Munt.
Un grupo de cinco actores ensaya la comedia de un joven autor español. En algunos momentos se salen del personaje para dirigirse al espectador y transmitirle sus impresiones sobre el papel que les ha tocado en el reparto, sobre el nuevo autor o sobre sus carreras.

Fórmula de éxito
Reza compone esta pieza con la fórmula que le ha dado éxito en otras.  Presenta personajes corrientes, en situaciones comunes y escenarios vulgares. Pero, poco a poco, la violencia -verbal y física- va en aumento hasta llegar a niveles angustiosos. Pero, eso sí, sin que falten abundantes pinceladas de humor corrosivo. La noche del estreno el público rió mucho, seguramente porque, al ser casi todos profesionales de la escena, entendían perfectamente las situaciones planteadas y los miedos de los falsos actores de Yasmina.

Teatro sobre el teatro
Es relativamente frecuente que los dramaturgos escriban sobre las interioridades del teatro. Alonso de Santos lo hizo el ¡Viva el Duque, nuestro dueño!, donde narraba las peripecias de una compañía de cómicos de la legua. Nunca se ha representado de manera estrictamente comercial.

Michael Frayn escribió “Al derecho y al revés” (Noises off), seguramente la comedia más delirante sobre lo que sucede en un escenario y entre bastidores. Hasta nuestra zarzuela tiene su título sobre teatro dentro del teatro: “El dúo de la africana”. Los espectadores del teatro no siempre responden a este mirarse el ombligo de los cómicos aunque, como en “Una comedia española”, se utilice como metáfora de la vida.

Encaje de bolillos
Silvia Munt hace encaje de bolillos con el texto y con sus cinco actores. El reparto es excelente: Cristina Plazas, Xicu Masó, María Molins, Ramón Madaula y Mónica Randall, que reaparece en teatro tras muchos años -demasiados- alejada de él. Cada uno esta perfecto en su papel.

La directora, para llegar más fácilmente al público, utiliza un recurso técnico para mostrar cuando el actor abandona el ensayo y reflexiona en voz alta. En esos parlamentos los recoge con una cámara y proyecta sus imágenes sobre el fondo de la escenografía. El resto del tiempo entran y salen de escena como en un ensayo real, manteniéndose a la vista del público en los laterales desnudos del escenario.

Economía de recursos
Obviamente al tratarse de un supuesto ensayo no se puede mostrar un decorado muy realista. Xavier Millán ha realizado un diseño sumamente afortunado del espacio escénico, con tarimas, unas pocas sillas y unos croquis de lo que, se supone, será la planta de la escenografía definitiva.

Funciona excelentemente, sobre todo en la hermosa escena final donde se logra un efecto plástico a modo de fotograma congelado en la retina del espectador. La luz es la que marca los espacios con una frialdad propia de un escenario que todavía no ha cobrado la vida que exige la obra a representar. Resumiendo: una propuesta muy estimable del Centro Dramático Nacional y del Teatro Nacional de Cataluña.
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