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Hacer ciudad en La Ventilla

Hacer ciudad en La Ventilla

jueves 17 de enero de 2008, 00:00h
Han sido necesarios unos 400 millones de euros y más de dos décadas de trabajo para que los barrios de La Ventilla y Valdeacederas cambiasen su aspecto de pueblo deprimido por el de una ciudad actual. Según asegura uno de sus vecinos, Mateo, el cambio ha sido del "cien por cien".
Como él, muchos de los habitantes de estas barriadas del distrito de Tetuán están jubilados. Pueden llevar viviendo en este esquinazo madrileño varias décadas y como casi todos han sido realojados con la ayuda del Instituto Madrileño de la Vivienda (IVIMA). Este organismo autonómico expropió sus viviendas a 2.706 familias a cambio de una indemnización y un nuevo hogar cerca de su domicilio.

Así le sucedió a Mateo, a quien en 1986 le expropiaron su piso de protección oficial construido en los setenta por el Ministerio de Vivienda a cambio de un piso de alquiler del IVIMA en el barrio, con una renta baja. Está contento con la evolución de La Ventilla y agradece las nuevas infraestructuras con las que cuenta, como una estación de metro homónima; y las comodidades de su actual casa, con calefacción. Además, "el barrio es muy tranquilo", dice.

En el barrio aún persisten viejas construcciones. Sin embargo, no hace muchos años la zona era un poblado marginal con origen en la inmigración que se produjo a finales del siglo XIX y principios del XX desde diversos puntos de España hasta la capital en busca de trabajo. Los desarrollos espontáneos se adaptaron a las irregularidades del terreno y estaban configurados por casas bajas e, incluso, chabolas.

Su morfología contrasta ahora con los altos edificios de la plaza de Castilla y la moderna Castellana. Como recuerda Mariví Gil, trabajadora social de la parroquia de San Francisco Javier desde hace 20 años, lo que hoy es la avenida de Asturias, la Gran Vía de estos barrios, estaba poblada de pequeñas infraviviendas que compartían espacios comunes. Algunos vecinos recuerdan las condiciones en las que vivieron hasta no hace tanto tiempo, muchas casas tenían como única fuente de calor una lumbre de carbón, las calles eran de tierra y un riachuelo cruzaba la avenida principal.

Para revertir esta situación fue necesario un plan que contemplaba una profunda remodelación del barrio. No sólo había que atenerse a dificultades técnicas, sino también hacer frente a los problemas sociales de sus habitantes. "Se trataba de hacer ciudad en la ciudad", según se recoge en un informe del IVIMA sobre el proceso de modernización de La Ventilla y Valdeacederas.

Se configuró un nuevo entramado urbano con la apertura de calles, como sucedió con la avenida de Asturias, cuya ejecución llevó a cabo el Ayuntamiento de la ciudad. Se realojó a 2.706 familias de estas barriadas en otras tantas viviendas promovidas por el IVIMA y se liberó suelo para construir otras 2.000 con protección pública y equipamientos sociales.

Todo ello, con un coste de 382 millones de euros, sin contar la inflación que iban sufriendo los precios según se iban ejecutando las obras. La mayor parte del presupuesto se destinó a la edificación, con un 71 por ciento. El resto, a la expropiación de viviendas, la  urbanización del terreno y la demolición de antiguas construcciones.

Aún hay algunas promociones del IVIMA en construcción, quedan manzanas de casas bajas que el proyecto no contempló y el comercio local no acaba de despegar, sin embargo el barrio es ahora otro. Su estética sigue contrastando con la de la vecina plaza de Castilla, pero la imagen rural ha cambiado por la de un humilde barrio residencial de Madrid.
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