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Una visita por el Madrid aristocrático

Una visita por el Madrid aristocrático

lunes 30 de julio de 2007, 00:00h
Palacetes aristocráticos, casas burguesas, embajadas, iglesias, conventos... El barrio de Almagro esconde entre sus calles edificios señoriales que formaron parte del primer gran plan urbanístico llevado a cabo en la capital. Fue en el siglo XIX de la mano de Carlos María de Castro responsable de crear una de las zonas más exclusivas de Madrid.
En el siglo XIX tuvo lugar el derribo de la cerca de Felipe IV. Un acontecimiento que propició la creación de los primeros grandes planes urbanísticos llevados a cabo en la capital de España en los distritos de Salamanca, Almagro y Moncloa-Aravaca. Pedro García, guía oficial del Patronato de Turismo del Ayuntamiento de Madrid, explica estos datos a los asistentes a la visita guiada el 'Madrid aristocrático'. Una visita gracias a la cual los madrileños y turistas de hoy en día pueden recrear los momentos en los que comenzó a formarse uno de los primeros barrios más exclusivos de la capital.

Y es que con el barrio de Almagro "se hizo por primera vez un planteamiento octogonal con grandes avenidas dejando de lado el caos de antes". Almagro se diseñó en dos partes: la zona noble, -donde estaban todos los palacetes ubicados en la Castellana-, y la zona burguesa, situada por Santa Engracia. Castro fue el responsable de este diseño. Como no podía ser de otra forma la visita comienza en la plaza de Alonso Martínez. Un lugar desde donde el guía recuerda que en los años 1850-1870 se "puso muy de moda que tanto los nobles como las embajadas empezaran a venir a esta zona".

Casi todas las construcciones de esta época son de carácter historicista donde imperan los 'neos', es decir, los estilos neomudéjares, neobarrocos... Son casas con grandes portalones -por donde entraban los carruajes de la nobleza y la alta burguesía-, organizadas al estilo francés. Es decir, "el primer piso era el principal mientras que en las azoteas era donde vivía el servicio". Y los torreones que hoy en día todo el mundo mira con asombro "servían para secar la ropa. Eran los secaderos", según aclara Pedro García. Pero la urbanización no sólo contemplaba edificios aristocráticos ya que también se quiso dejar sitio, y  bastante, para los espacios destinados a ayudar a los más pobres. "Tenía que haber edificios destinados a funciones caritativas o sociales", destaca el guía.

Un claro ejemplo de ello es el 'Patronato de enfermos' situado en la calle Santa Engracia, que fue el "primer edificio desde el punto de vista sanitario". Las Hijas de la Caridad eran las encargadas de su cuidado. Otro edificio que puede verse justo un poco más adelante pero en la acera de enfrente es el convento de las Salesas Reales cuya iglesia está situada al lado de lo que hoy en día es una comisaría pero que "antiguamente era el colegio que formaba parte también de este convento". A través de esta visita se puede comprobar cómo la calle Almagro "separaba la parte aristocrática hacia la Castellana y la burguesa hacia Santa Engracia".

Una de las paradas obligatorias del recorrido es ante la Embajada de Suecia, situada en la confluencia de la calle Caracas con Zurbano, así como ante lo que en la actualidad es el hotel Santo Mauro, antiguamente Embajada de Filipinas, hasta 1970, y anteriormente palacio de los Duques de Santo Mauro. De ahí el nombre del hotel "que conserva perfectamente la tipología típica del palacete". Después de pasar por la calle Españoleto y comprobar in situ "la influencia francesa y vienesa en los colores de los edificios" ya que muchos son amarillos "cuando el color de los inmuebles en la capital siempre ha sido el rojo", como indica el guía, el recorrido de la visita lleva hasta la iglesia de San José de la Montaña o Nuestra Señora de los Desamparados así como hasta la plaza de Chamberí.

Llegados a esta plaza, García explica que el nombre de Chamberí se debe a que María Luisa de Saboya, primera esposa de Felipe V, dijo que esta zona le recordaba a su pueblo "y ella era de Chambéry". En esta plaza se encuentra el Convento de las Siervas de María conocidas popularmente "como las búho" porque trabajaban de noche para cuidar a enfermos y ancianos. En su interior está enterrada Santa María de la Soledad Torres Acosta. Su estilo es neomudéjar. La visita guiada del Ayuntamiento continúa por la calle Eduardo Dato, antes conocida como el paseo del Cisne. "En esta calle se puede apreciar claramente cómo en la acera de la derecha, viniendo desde la plaza de Chamberí, está la parte noble mientras que en la izquierda son las nuevas edificaciones", destaca el guía.

Uno de los edificios que precisamente se pueden contemplar en Eduardo Dato es el antiguo palacio del Duque de Santoña. A su vez, un poco más adelante está la iglesia y residencia de San Fermín de los Navarros, del arquitecto Fructuoso Orduña. Finalmente, cerca de la plaza de Rubén Darío se conserva "el mayor número de palacios" de esta época, como el de los Duques de Santiponce  de clara influencia italiana, el actual Museo e Instituto de Valencia de Don Juan y antiguo hotel de don Guillermo de Osma o el antiguo palacio de los Duques de Peñaranda, hoy sede del Defensor del Pueblo. Ambos palacetes son obra de Enrique Fort.

En la calle Montesquinza,  también se puede observar el que fue palacio del Duque de Plasencia y posteriormente Embajada de Turquía, y que hoy es sede de un banco privado, obra de Joaquín Saldaña. Ya en la calle Almagro la visita guiada presta especial atención a la casa realizada por Augusto Martínez de Abadía en 1914 que se hizo para la burguesía y que fue premiada por el propio Ayuntamiento por ser "la mejor construida de todo Madrid". Y no es de extrañar ya que sus balcones curvos y rectos, y las figuras masculinas y femeninas que toman protagonismo en su fachada hacen de este inmueble "una maravilla", en palabras del guía.

El recorrido termina ante el edificio, obra de Secundino Zuazo, que hoy alberga el Colegio de Caminos, Canales y Puertos, un edificio que ya se hizo "pensando en lugar de oficinas" y que se caracteriza por su gran balconada de influencia regionalista, muy en boga en un tiempo en el que la arquitectura era el primer exponente de la riqueza personal.
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