Ensayo de la obra Madre Coraje en el teatro Naves del Español
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Ensayo de la obra Madre Coraje en el teatro Naves del Español (Foto: Kjell Salters)

‘Madre Coraje’: un trabajo riguroso

‘Madre Coraje y sus hijos’ fue escrita por Bertolt Brecht en 1939 y estrenada dos años más tarde en Zurich. Europa ya estaba sumergida en una guerra que acabaría siendo mundial. La grandeza de Brecht, como la de todos los clásicos, es haber escrito funciones que transcienden al tiempo, que son actuales en cualquier época y localización. Como aquí y ahora. A las Naves del Español llega el drama adaptado y dirigido por Ricardo Iniesta para la compañía andaluza Atalaya. Estará en cartel hasta el 4 de octubre.

Estamos ante un trabajo escénico riguroso, serio, excelentemente interpretado. Madre Coraje y sus hijos arrastran su carromato por toda la geografía europea sacando beneficio de las distintas guerras. En el camino, la gran protagonista pierde a sus tres hijos, pero siempre tiene una nueva contienda a la que engancharse.

Iniesta hace una puesta en escena austera. Solo destacan en carromato y una valla metálica que cierra el espacio escénico. Se apoya también en una excelente iluminación, dura y brillante. No opta por el tenebrismo: sus protagonistas actúan a plena luz. Recordando el manido ‘distanciamiento brechtiano’, el director no apuesta por la lágrima fácil, y eso que el drama se las trae. Son escenas de una guerra, de cualquier guerra, en cualquier país. No importan ni los regímenes políticos ni las religiones. Madre Coraje es el buitre universal que se aprovecha de las desgracias ajenas. Solamente se escapa a mí entender por qué se empeña el director en cantar algunos de los fragmentos musicales en otro idioma (¿ruso?). Su acercamiento en esas escenas al cabaret literario rompe la continuidad del drama.

Consigue momentos de gran belleza plástica y, quizá, su principal acierto son las escenas finales, que dejan al público con el alma encogida. Resuelve brillantemente la escena heroica de la muda Katerina y la salida final de Madre Coraje tirando de su carro tras una tropa que se dirige hacia una nueva guerra es, sencillamente, estremecedora. Una rotunda y prolongada ovación cerró la función de estreno.

Siete intérpretes se reparten todos los personajes, con un trabajo homogéneo y medido. Carmen Gallardo es Madre Coraje, con autoridad y sin bajar la guardia en ningún momento. A tener en cuenta sus dos escenas finales. Junto a ella está Lidia Mauduit como la hija muda, el otro gran personaje de la función. Excelente el trabajo de la actriz, como una fina porcelana que desentona en el ambiente sórdido en que se mueve. Es justo reseñar a los demás actores: Raúl Vera, Silvia Garzón, Manuel Asensio, Jerónimo Arenal, Raúl Sirio y María Sanz.

La versión ha reducido el texto original, que se queda en noventa intensos minutos. Suficientes para que el espectador se apropie del grito de Coraje: ¡Malditas sean todas las guerras! En resumen, un montaje escénico muy recomendable.

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