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Martes 16 de septiembre de 2014 | actualizado a las 06:49 horas
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Cine Alba: De Casablanca a Rocco Sifreddi

La Sala X Duque de Alba pasa películas porno, pero puede resultar más entrañable que cualquier cine multisala. Madridiario ha hablado con su operador, encargado y alma, Rafael Sánchez.


Autor: MDO
Cuando los vecinos o paseantes se percatan de la presencia del cine X de la calle de Duque de Alba (entre las plazas de Cascorro y Tirso de Molina) es bastante probable que les nazca una sonrisa. En el pasadizo que lleva al cine, en el extremo que da a la calle, están los carteles de las películas que se pasan cada semana en sesión continúa. No son algo zafio, como cabría esperar de una sala X, sino unos coloridos reclamos publicitarios hechos con rotuladores en los que siempre aparece el nombre de la película y el perfil de una chica. "Aquí hay una mitad y la otra mitad puedes verla si entras en el cine", explica Rafael Sánchez.

Este defensor acérrimo de la sesión continua utiliza el tiempo que pasa en el Cercanías que le lleva desde Fuenlabrada hasta Madrid cada día para inspirarse y es en un cuartito del edificio del cine, antigua sede del periódico El Imparcial, donde los crea y va acumulando. Procura poner subtítulos o matizar los títulos de tal forma que sean "más simpáticos". De esta manera, se salta la prohibición de exhibir en la calle carteles de cine X y a la vez los convierte en algo divertido. "Si la gente pasa por la puerta y sonríe, para mí es importantísimo", confiesa.

Rafael Sánchez lleva haciendo carteles desde principios de los noventa, pero el Cine Alba comenzó a poner películas porno en 1986, un año después de que se permitiera proyectar este tipo de cine en España. En ese momento tuvo que cambiar su nombre calificativo de cine a sala X. Antes, entre 1979 y 1984 y tras un impás de dos años, se había dedicado al "cine sexy", palabras con las que Sánchez se refiere al cine erótico. Hasta ese momento y desde 1941 se dedicaba a la sesión continua de películas convencionales.

Se busca ayudante de cabina
"En esa época el ocio era el cine. Ibas a pasar la tarde y se vivía con una emoción muy especial. Sobre todo las parejitas, pues era el sitio donde tenían derecho a roce", recuerda Sánchez. Él empezó en 1975 en el antiguo cine Quevedo, que ahora es un gimnasio. Durante la proyección de una película vio un anuncio del propio cine en el que buscaban un ayudante de cabina. "Me pareció un mundo fascinante, que me atraía y me podía gustar. Hablé con el dueño, quien me dio esa oportunidad y aquí estoy", relata.

Después se trasladó al cine Alba,que en 1979 viviría la explosión que supuso en España la proyección de películas eróticas. "Vi Emmanuelle de estreno en otro cine. Unas mujeres que había a mi lado se quedaron a ver la película otra vez. Después de cinco años y de mucha comedia italiana, la gente se cansó un poco". Con el agotamiento de este género, el Alba volvió a la sesión continua tradicional y de ahí dio el salto al cine porno. "Empezamos con Casablanca, cuando todo lo que se veía en el cine era tobillo, pasamos por Emmanuelle y hemos terminado con Rocco Sifreddi. O Nacho Vidal, aunque me gusta menos. Esa es la trayectoria de este cine. Es una sala X, pero sigue teniendo la magia de la sesión continua".

Junto a la evolución en los géneros, también ha ido evolucionando la técnica. El cine ha pasado de los proyectores con carbón a los de bombillas, y de ahí al VHS y al actual DVD. Su cabina se ha convertido en un pequeño museo polvoriento sin quererlo.

Ahora el cine ofrece una sesión continua de cine porno de 10.30 de la mañana a 11.00 de la noche por ocho euros el programa doble. "Comparado con hace unos seis o siete años hemos perdido un 15 o un 20 por ciento de ingresos. Pero seguimos siendo un cine rentable y con una clientela fiel", comenta Sánchez, quien achaca esta pérdida de clientes más a la crisis que a las nuevas tecnologías.

El público es en su mayor parte gente con más de 50 años, sobre todo hombres, aunque también alguna pareja. Algunos buscan el contacto con otras personas. "El entresuelo es para los más traviesos. Y los que se sientan abajo son más tranquilos. Todo el mundo encuentra lo que quiere encontrar", asegura Sánchez.

Cinema Paradiso
Con algún cliente menos, pero Duque de Alba resiste. "Seguimos teniendo la esencia de la sesión continua, que es por lo que sigue funcionando. Imagina ahora el concepto de un cine X. No iría nadie". Eso sí, es una sesión continua "un poco de vida alegre", dice, pícaro. Y esto se refleja en que conserva algunos de los rituales de los antiguos cines. Todavía suena el timbre cuando va a empezar la película y se escucha música entre pase y pase. Además, el trato es muy personal. "Somos como una gran familia", sentencia Sánchez, quien junto a Luisi, la taquillera, son el alma de esta sala desde hace más de tres décadas.

Rafael Sánchez cree que la sesión continúa podría volver a funcionar entre los jóvenes. Dos películas, en un entorno agradable y a buen precio, sugiere. Critica "la frialdad" de las salas de cine en la actualidad. "Cuando termina la película te echan por la puerta de atrás como si te fueras a colar en otra sala", ejemplifica. Y sigue creyendo que ir al cine sigue teniendo futuro y no solo porque "todo vuelve". "El cine tiene magia. Siempre ha sido una fábrica de sueños. Te metes en una sala de cine y te evades durante dos horas de los problemas. Te olvidas de todo. Eso es importantísimo y más en esta época", reflexiona.

Aunque pudo elegir trabajar en salas de estreno, Sánchez siempre prefirió seguir con la sesión continua, aunque fuera de porno, un cine que le parece "divertido". Él, que en el fondo es un sentimental, asegura que prefiere las cintas con algo de argumento y remite a las de Marc Dorcel, como 'El deseo en la piel'. No obstante, prefiere hablar de otro tipo de películas, como 'Cinema Paradiso', su preferida y en la que se reconoce por el amor al cine que sienten sus personajes, operadores de cinematógrafo como él. "Soy un caso raro, de esa gente a la que le gusta la emoción del cine", dice a modo de autoretrato.