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Viernes 29 de agosto de 2014 | actualizado a las 20:17 horas
2012-01-10 00:00:00
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Agustín Salgado García
Las siete raíces de la genealogía del delincuente
La genealogía del delincuente es diversa y compleja de analizar, no es un fenómeno que se presente de manera aislada, sino que en éste convergen una serie de factores que pueden llevar a desencadenar conductas antisociales.


Autor: MDO
Tales factores -que son las raíces que sustentan el árbol genealógico del delincuente y que son las siguientes: la genética, el trastorno mental, el libre albedrío, la familia, la escuela, la sociedad y los acontecimientos fortuitos-  pueden presentarse aisladamente o en comunión entre sí, sin embargo, se debe analizar rigurosamente cada una de estas raíces, que por sí solas no son generadoras de conductas delictivas.

Empecemos por señalar que todas las conductas consideradas como delito, son la categorización de las conductas nocivas, determinadas así por el órgano legislador del poder político; generalmente se tiene la idea de que solo son delincuentes aquéllos que matan o roban, empero los códigos penales establecen una serie de conductas consideradas delitos, que en su mayoría se desconocen por parte de la sociedad. (Agustín Salgado García, 2003); estas conductas tienen su origen en una o en más de las siete raíces de la genealogía del delincuente, lo que es posible conocer mediante el estudio individualizado del sujeto activo del delito, para su consecuente prevención en la reincidencia, aportando además, datos importantes para la prevención primaria.

La genealogía aquí planteada permite encontrar el punto genealógico del delincuente, -entendido éste como el momento en que el individuo comete una conducta delictiva, con la inclusión de factores atenuantes, en un contexto particular del evento-; lo cual es posible concretar mediante la anamnesis criminológica (el análisis biográfico del delincuente) como resultado de la aportación realizada por las diversas ciencias auxiliares de la criminología, lo que permitirá la aplicación del tratamiento monista de resocialización (individualizado). Es imperioso conocer cada una de las raíces de la genealogía, haciendo énfasis en que la genética, el trastorno mental y el libre albedrío son de naturaleza intrínseca al sujeto; siendo extrínsecas la familia, la escuela, la sociedad y los acontecimientos fortuitos.

Genética
Es menester conocer primeramente que la genética de la conducta es la disciplina científica que estudia los diferentes factores genéticos y del entono que subyacen a las diferencias individuales en la conducta y la cognición (David Bartrés Faz, 2008). Estudios realizados en gemelos sobre actos de delincuencia han mostrado influencia genética, mientras que en niños adoptados que padecían de trastornos de conducta agresiva se encontró que las madres biológicas contaban con niveles elevados de psicopatología. Respecto a los estudios en gemelos, se sabe que el comportamiento agresivo antisocial es más transferible genéticamente que el comportamiento social no agresivo. Los riesgos procedentes del medio ambiente son probablemente mayores con respecto a la delincuencia juvenil que se instaura en los años de la adolescencia y que no persisten en la edad adulta. (Robert Plomin, 2009). Con relación al comportamiento antisocial de aparición temprana que se acompaña de hiperactividad, que además refleja una tendencia importante de persistir en la edad adulta como un trastorno de personalidad antisocial, se sabe que los efectos en este sentido son mayores.

Trastorno mental
En la genealogía del delincuente, uno de los factores determinantes es el mal funcionamiento y la estructura defectuosa de una parte del cerebro, que está situada justo encima de los ojos y se esconde detrás de la frente llamada córtex prefrontal. Es una parte del cerebro que interviene en el comportamiento y actúa en la toma de decisiones complejas, además de que es la zona del cerebro que inhibe la agresión (Adrian Raine, 2003). Si ésta área del cerebro no funciona con normalidad o si existen impedimentos estructurales que afecten a esa parte del cerebro, puede predisponer a algunas personas hacía la violencia y la conducta delictiva. Los expertos coinciden en afirmar que un historial de heridas en la cabeza sube la probabilidad de que alguien se vuelva un delincuente violento, porque hay acciones cognitivas complejas que son las que determinan si actuamos o no ante las agresiones, así que al estar dañada la corteza cerebral por heridas en algunos individuos, puede predisponerlos a la violencia. (Agustín Salgado García, 2006).

Libre albedrío
Esa fuerza motriz interior, cada una de cuyas manifestaciones individuales es provocada por un motivo, percibido interiormente por la conciencia, es lo que designamos con el nombre de voluntad. (Arturo Schopenhauer, 2007). Ante la diversidad de circunstancias que se presentan en la vida, el sujeto tiene la libertad de decidir en ejercicio de su propia voluntad, en hacer o dejar de hacer determinada acción que pudiera ser constitutiva de delito. El individuo que desarrolla habitualmente la libertad de decidir, tiene clara conciencia de sí con relación al mundo en el que se sitúa, lo que le permite conocerse a sí mismo y saber de sus limitaciones conforme a sus convicciones axiomáticas (Agustín Salgado García, 2010). Empero, es innegable que existen circunstancias que escapan del control del sujeto, como es el caso de los acontecimientos fortuitos.

Familia
Este factor, como raíz de la genealogía del delincuente, debe ser entendido como el cúmulo de contingencias que ocurren al interior de la familia y que se magnifican con la disfunción de ésta, originando un número importante de individuos con predisposición importante hacia la delincuencia, tales fenómenos que se traducen en patrones conductuales, trasciende de padres (o de quien los supla) a hijos; sea por imitación o por la falta de preceptos conductuales que funcionen como un sistema de refreno. Todas esas contingencias son antecedentes ascendientes, que directamente bajan desde los padres hasta las mentes en desarrollo de sus niños y adolescentes. Es importante señalar que. algunas veces, los padres provocan este fenómeno de manera inconsciente, empero muchas otras ocasiones se debe al maltrato infantil, al que son sometidos los individuos por quienes deberían protegerles.

Escuela
Este es uno de los tópicos de mayor estadía del individuo durante su desarrollo, (al menos así debería ser). Los centros educativos no han sido la excepción en la debacle social en la que se encuentra inmerso el sujeto, ante la falta de valores y la errónea interpretación práctica de éstos. La experiencia nos ha permitido conocer casos de primera mano, en los que el motor principal de la violencia son los educadores, argumentando que los niños no entienden y que es la única forma de educarlos, tal pareciera que fueron adoctrinados con la 'pedagogía de la conquista', en la que los frailes venidos del viejo continente, educaban a los nativos bajo el lema "las letras con sangre entran". Resultados parciales de un estudio que realizamos conjuntamente con estudiantes de psicología educativa, en diversas escuelas de nivel primaria de la región de la tierra caliente del estado de Michoacán, México, (lugar que se ha caracterizado durante décadas por sus altos niveles de violencia), da cuenta de que los educadores siguen en la misma tónica regional; a pesar de haber cursado estudios superiores en otros lugares, esto no les hizo modificar su paradigma de violencia, siendo estos los protagonistas de hechos violentos, ejerciendo violencia contra los alumnos o manteniendo una irresponsable omisión y pasividad ante este fenómeno. Empero, la globalización en los medios de comunicación hace evidente que la violencia en las escuelas es cada vez más generalizada, ya no es propia de determinadas regiones. Actualmente, la escuela como aparato ideológico del Estado está en decadencia, pues sólo se ha limitado a transmitir conocimiento científico; pero irresponsablemente, no ha sabido (o ha querido) ocuparse del individuo en su educación emocional, con respeto y apego a una cultura de la legalidad, cimentada en valores, para una convivencia armónica y pacífica.

Sociedad
Cuando la violencia que se vive en la sociedad es observada en los medios de comunicación, ésta no produce por sí misma más violencia, sólo causa un efecto detonante en personas que ya son violentas; empero, la inmersión en ambientes saturados de violencia crea habitualidad conductual de sincronización. Es decir, el sujeto  no mide el alcance de las consecuencias de sus acciones, actúa por imitación, tomando un modelo de vida violento. La sociedad en su generalidad se ha comportado de manera egoísta e irresponsable, sus miembros se creen ajenos a las circunstancias que ocurren a otras personas, hasta que se ven involucradas como agentes pasivos del delito es cuando reaccionan y comprenden que deben actuar de manera complementaria con las autoridades. Aún así, la sociedad está carente de valores como lo solidaridad y el respeto, lo cual es consecuencia inmediata del fracaso de los aparatos ideológicos representados por la familia y la escuela. Los sujetos conviven en la sociedad sin elementos que permeabilicen su conducta, atrayéndoles rigurosamente hacia la delincuencia, agravándose esto por la falta de oportunidades laborables y escolares,  además de la extrema pobreza.

Acontecimiento fortuito
A pesar de que el sujeto tiene la posibilidad de ejercer su libre albedrío, decidiendo acerca de sus acciones u omisiones, existen eventos en los que el agente activo del delito no tiene el control de los sucesos, ni en su origen, ni en su desarrollo. Sin embargo, el causante del delito es el elemento esencial de dichos eventos, situándose en un espacio tópico-temporal en el que la volición y la nolición tienen un efecto de neutralidad, sin poder ejercer el libre albedrío. El ser humano no es capaz de resistirse a la fuerza universal de la causalidad, así tenemos que la conducta del 'ser-antisocial' obedece a una gama de factores de los que no es posible escapar. (Agustín Salgado García, 2010). Esta raíz genealógica del delincuente es de ingente valor, por la posibilidad de que este sujeto, en otras circunstancias, jamás cometería la conducta delictiva de manera dolosa, es decir con la intención de causar el daño.

Epílogo
Las siete raíces de la genealogía del delincuente otorgan la posibilidad de conocer las bases criminógenas que dan origen a una conducta delictiva concreta, a fin de prevenir este tipo de conducta nociva (en un caso particular pero además de manera general), lo cual permitirá diseñar estrategias preventivas mediante la ortoconducta. Es decir, aportará los elementos para prevenir la reincidencia delictiva (una vez que el sujeto haya delinquido), buscando la reorientación conductual a efecto de lograr una efectiva resocialización, así como el diseño de estrategias enfocadas hacia la niñez y la adolescencia para alcanzar la prevención primaria. La genealogía del delincuente es una herramienta de gran valía para la aplicación individualizada de la pena y las correspondientes medidas de seguridad.

La genealogía del delincuente la presenté por primera vez de manera pública en junio de 2009 en un evento organizado por la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo en la ciudad de Uruapan (Michoacán, México). La genealogía del delincuente forma parte del génesis de una propuesta, en la creación de un nuevo sistema criminológico, basado en la perspectiva de la complejidad, que pretende revolucionar la forma de enfrentar el fenómeno criminal. La delincuencia organizada transnacional representa una ingente necesidad de crear y difundir nuevos paradigmas criminológicos que den pauta hacia la prevención de la delincuencia, conservando una sociedad favorable en la que se pueda vivir con un grado aceptable de seguridad y sin miedo, previniendo conductas antisociales, atendiendo inexorablemente la constitución psíquica del sujeto bajo el régimen contextual de cada cultura. 

Agustín Salgado García
Licenciado en Derecho, Rector Honorario del Instituto de Ingeniería Política (México)