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Madridiario
Martes 30 de septiembre de 2014 | actualizado a las 15:45 horas
En el teatro María Guerrero
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Crítica teatral.- Yo, el heredero: caridad mal entendida

En 1942, Eduardo de Filippo escribió la primera versión de ‘Yo, el heredero’. Era una época difícil para Europa y, también, para una España en plena postguerra. El dramaturgo italiano ponía en solfa la caridad de la clase privilegiada con una farsa que llega ahora al Teatro María Guerrero con un hermoso montaje.


Autor: MDO
Ludovico es el heredero de un señor que, durante 37 años, vivió de la caridad de una familia adinerada. Todos los miembros de la misma se afanan en mostrarse entregados al prójimo pero, parece, disimulan realmente su sentimiento de clase. Será el heredero el que les muestre sus verdaderas caras con un agotador ejercicio de cinismo, surrealismo y mala leche.

Abre el CDN la temporada con esta comedia que dirige Francesco Saponaro. ¡Qué bien lo hubieran hecho maestros del género como José Luis Alonso o Escobar! Representada sin descansos, las tres grandes escenas pecan, desde mi punto de vista, de una cierta premiosidad. No acaba de arrancar el ritmo, como si el director temiera que se le desbocaran los actores ante la absurda situación. Es intenso, y excelentemente interpretado, el mano a mano entre los dos antagonistas masculinos intentando asimilar las absurdas pretensiones y justificaciones del heredero. Seda y Alterio libran un pulso equilibrado y potente. Pero, en la esperpéntica comida familiar que sigue, falta locura, explosión de sentimientos ante la provocación del heredero.

Ernesto Alterio, representando 'Yo, heredero'.El espectáculo se ve con agrado gracias, fundamentalmente, a una estupenda interpretación. Ernesto Alterio afronta, por fin, un gran protagonista. Ludovico le permite desplegar una gran batería de recursos interpretativos a partir de una gestualidad que recuerda al eterno Groucho Marx. Alterio es, también, digno heredero de su padre. Él lleva el peso absoluto de la representación, muy bien secundado por todos. Uno, con propensión a la mitomanía, imagina un espectáculo con los tres alterios juntos: Héctor, Ernesto y Malena. ¡A ver para cuando!

No es 'Yo, el heredero' un montaje faraónico, de los que suelen aparecer en los teatros oficiales. Tiene una funcional escenografía de D’Odorico con hermoso y empastado vestuario. Gustará a todo el mundo porque ayer, como hoy, sobra la caridad mal entendida.