Madrid
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Madridiario
Sábado 19 de abril de 2014 | actualizado a las 21:32 horas
2010-10-30 00:00:00
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Texto y foto: Antonio Castro
Con derecho a fantasma
En 1958 Fernán Gómez dirigió y protagonizó la comedia italiana Con derecho a fantasma (Questi fantasmi!)  en el teatro Beatriz. Ahora llega un nuevo montaje al teatro María Guerrero, procedente de Cataluña. Qué sorpresa ¿no? A un extraordinario piso de 18 habitaciones llega un matrimonio con escasos recursos. Se lo han alquilado gratis con la condición de que contribuyan a levantar la leyenda de que lo habitan fantasmas medievales. El portero, su hermano medio tonto, el vecino de enfrente… todos les meten miedo. Pero la pareja resiste y, efectivamente, aparecen los fantasmas. Pero no envueltos en sábanas precisamente.


Autor: MDO
La comedia se estrenó en 1946, el mismo año que De Filippo escribió Filomena Marturano, su obra más representada. Sorprende un poco que el CDN apueste por una comedia de hace 64 años  en este principio de temporada. Claro que la excusa puede ser que, realmente, vemos a una compañía de cómicos que llega al teatro para representar el fantasma. Quizá a los responsables del montaje les deba vergüenza montar a pelo el original, y han añadido escenitas y acciones previas al comienzo y en los entreactos. Como una disertación sobre el café, entre el primero y el segundo, que tiene poquita gracia y ningún interés. Los actores, por obra del director supongo, sacan al espectador de situación cada vez que la tensión dramática avanza un poco. Y así, el ritmo final es excesivamente premioso. Los diálogos entre el portero de la finca y el nuevo inquilino se eternizan. Hay algunos momentos brillantes, como la primera aparición del fantasma o la entrada en tromba de toda la familia de almas en pena. En esa escena es cuando se logra la auténtica tragicomedia absurda y delirante.

Filippo escribe sobre sentimientos, sobre el amor, el desamor, la penuria, la esperanza. Los personajes centrales de la comedia están encadenados en un relación llena de silencios y engaños. Así que no resulta extraño el adulterio. Aunque, como en todo teatro burgués que se precie, la redención llega al final y la moral establecida se impone. Bien está lo que bien acaba. Este tipo de teatro gustaba mucho a las primeras actrices. Luisa de Filippo, la madre del autor, era actriz. Bueno, todos en su familia lo eran. Aquí, en la España de la posguerra, Irene López de Heredia, Társila Criado, Isabel Garcés, Elvira Noriega… conmovían a su público con funciones como ésta. Hoy se busca otro teatro aunque está bien recuperar algunas piezas del museo escénico. La misma Filomena Marturano tuvo un gran éxito no hace mucho gracias a un montaje sin inventos, a una puesta en escena brillante, con buenos actores haciendo el teatro de medio siglo atrás. Los de esta compañía del María Guerrero exhiben una colección de acentos extraña en su conjunto que, a mí, no hizo más que distraerme constantemente de lo que pasaba en escena.

Fantasmas en el teatro
Los fantasmas son un recurso tan viejo como el teatro. El del padre de Hamlet, le da al hijo las claves de la traición. Calderón hizo una extraordinaria comedia -La dama duende- con fantasmas de carne y hueso. Y en el terreno que pisa De Filippo, tuvimos en España dos maestros: Jardiel Poncela y Miguel Mihura. El primero, con más sal gruesa, más absurdo y menos poesía, escribió Un marido de ida y vuelta (1939), Los ladrones somos gente honrada (1941) y Los habitantes de la casa deshabitada (1942) entre otras. Todas anteriores a Questi fantasmi! Mihura sacó a escena otros fantasmas, de carne y hueso y a cara descubierta, aunque en obras como El caso de la mujer asesinadita (1946) y Maribel y la extraña familia (1959)  juegue con supuestos fenómenos para normales. Los espíritus siempre han dado mucho juego y ahora, en el María Guerrero, también proporcionan algunas escenas divertidas y entrañables.