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Madridiario
Sábado 26 de julio de 2014 | actualizado a las 01:00 horas
2009-03-29 00:00:00
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Enrique Villalba
Pegasos, quimeras y cuádrigas
Monstruos y humanos constituyen la tercera parte de este recorrido por la mitología grecorromana en Madrid. Su significado alegórico retrató una etapa de desarrollo social, filosófico, político, económico y comercial.


Autor: MDO
Una de las figuras recurrentes en las fachadas de la capital es el ave Fénix. Autores clásicos relacionaban este pájaro con la concepción de resurreción y reencarnación. Es un mito tratado por muchos autores clásicos. La historia más conocida es que era capaz de renacer de sus cenizas. Esta propiedad del renacimiento, de la seguridad de que todo se recupera, fue la filosofía que inspiró a muchas empresas aseguradoras del siglo XIX y principios del XX para colocar estatuas de este animal fabuloso en sus tejados. La más conocida era la del edificio Metrópolis, antigua sede de la Unión y el Fénix. Allí se colocó una escultura de René de Saint Marceaux.

Actualmente, en ese lugar se ubica una Victoria alada de Federico Coullaut. También se ve un Fénix en el edificio de Allianz en la plaza de la Independencia, en el Hotel Tryp Fénix, en el edificio de la Unión, en los antiguos almacenes Madrid-París, en el edificio de la Unión y El Fénix del Paseo de La Castellana y en el antiguo Banco Vitalicio (Modesto López Otero). Otras representaciones del ave, junto con una figura masculina o infantil, lo relacionan con el mito de Ganímedes (Zeus secuestra a Ganímedes en el monte Ida de Frigia convertido en águila para convertirlo en su amante y en copero de los dioses) o con el de Prometeo (que como castigo por robar el fuego a los dioses para dárselo a los hombres fue condenado a que un ave le devorase el hígado cada día).

Pegaso y la Quimera
El Ministerio de Agricultura y la estación de Atocha narran otro mito: el de Belerofontes. El rey de Licia le encargó domar al caballo alado Pegaso y matar a la Quimera. Esta escena, aunque algo modificada, se representa en esta céntrica zona de la ciudad. Sobre el antiguo Ministerio de Fomento se ubica la réplica en bronce del complejo escultórico de Agustín Querol que refleja a la Gloria obsequiando al Arte y la Ciencia y a dos pegasos conducidos por el Arte y la Industria (los originales estaban en la plaza de Legazpi y la glorieta de Cádiz). Estos caballos se enfrentan a las quimeras de Juan de Ávalos que guardan el tejado de la estación de Atocha.

La esfinge es otro monstruo que se repite a lo largo de la ciudad. Se trataba de un demonio con cabeza de mujer, cuerpo de león y alas de águila. Asoló la campiña de Tebas y mataba a todo aquel que se acercase a la ciudad y no resolviese los enigmas que cantaba. Según Apolodoro, Edipo resolvió el acertijo del monstruo, lo que provocó que se suicidase. En Madrid se puede encontrar en las puertas del Museo Arqueológico, el Parque de El Capricho y la Escuela de Minas. Según Antonio Bueno, representa el conocimiento escondido y los misterios de la naturaleza. En la calle Ortega y Gasset número 10, la tienda de Versace acoge la imagen de la Medusa, la gorgona a la que se enfrentó el héroe Perseo y que podía petrificar a sus enemigos con mirarlos. Esa imagen hipnótica es la que quieren trasladar las ménsulas de la tienda.

Atalanta e Hipómenes
Los leones de la estatua de la Cibeles (Roberto Michel) representan el mito de Hipómenes y Atalanta. La leyenda explica que Atalanta era una heroína consagrada a Artemisa (diosa de la caza). Decidió mantenerse virgen porque el Oráculo le predijo que el día que se casara, se convertiría en animal. Por ello, anunció que sólo se desposaría con el que lograse vencerla en una carrera. El que no la venciese, moriría bajo su puñal. El joven Hipómenes la engañó y ganó la carrera pues cada vez que se acercaba arrojaba una bella manzana de oro (de las Hespérides) de la diosa Afrodita. Al vencerla se casaron y se internaron en un santuario de Zeus. El dios de dioses, furioso, los convirtió en leones y los condenó a tirar del carro de la diosa Cibeles. Otra versión narra que Cibeles se compadeció de ambos y los unció en su carro para que pudiesen seguir juntos.

En la plaza de la Provincia se encuentra la fuente del bardo Orfeo, que realizó Juan Gómez de Mora. Este héroe participa en numerosos mitos. El más famoso cuenta cómo entró en el Hades para rescatar a su amada Eurídice. Durmió a Cerbero, el guardián del Tártaro. La condición que tenía su mujer para escapar era que no mirase hacia atrás, pero no pudo resistirlo y tuvo que quedarse para siempre en el infierno.

Cuádrigas y cariátides
Las cuádrigas y los carros simbolizaban el progreso y la victoria. Por eso, muchos bancos del Madrid moderno eligieron estas imágenes para transmitir su éxito. Es el caso de las figuras Higinio de Basterra sobre la antigua sede del Banco de Bilbao y las del edificio de seguros Aurora Polar (actual sede del grupo Planeta) en el paseo de Recoletos, de Agustín Ortiz de Villajos. También destacan humanas como las cariátides del Banco Central en la calle Alcalá, esclavas de los griegos tras las Guerras Médicas obligadas a llevar las mayores cargas por apoyar a los persas.

Numerosos seres marinos pueblan las estatuas de la ciudad. Los caballos marinos y la serpiente de Neptuno, las ninfas, delfines, nereidas y efidríades de la fuente de las conchas (Ventura Rodríguez), la de los tritones del Campo del Moro (la más antigua de Madrid), la de la fuente de la alcachofa en el parque del Retiro y la glorieta de Carlos V (Ventura Rodríguez, Antonio Pino, Alfonso Giraldo y José Rodríguez) y las cuatro fuentes del Paseo del Prado. Otros monstruos y personajes mitológicos aparecen en las fachadas del Ritz, el Palacio de Longoria, en el 23 del paseo de la Castellana, en el 28 de San Bernardo, en el número 22 de la la calle de José Antonio Armona y en el 9 del paseo de las Delicias.