Una brigada especial de agentes nacionales vigila diariamente el suburbano madrileño. Son el azote de los carteristas.


Los policías vigilan de paisano y también uniformados Madrid, 09/05/2005. Pilar Pintado
Fotos: Juan Luis Jaén

Conocen con nombres y apellidos a los cientos de carteristas que trabajan en el Metro de Madrid. Saben sus hábitos, sus líneas preferidas y su forma de robar. La Brigada Móvil de la Policía Nacional tiene su base de operaciones en la estación de Sol, pero sus treinta agentes no paran de moverse por toda la red, ya sea uniformados o de paisano, para detener a los profesionales del descuido. Ojo a la línea 10 y a la 1, porque son el paraíso de los cacos en las horas punta. Y los extranjeros, sus principales víctimas.

"Los carteristas se mueven y nosotros vamos detrás". Podría ser el eslogan publicitario de la Brigada Móvil de la Policía Nacional, pero en realidad son las palabras del inspector Mariano Matesán, Jefe del Grupo Operativo de Metro que lleva rastreando el suburbano de la capital desde 1994. En ese año nació esta unidad específica que lucha contra el delito en el Metro, y que anualmente detiene a unos 600 cacos. Los conocen a todos, y eso que hay "de todas las nacionalidades y de todas las razas". Cuentan, para tranquilidad del viajero, que en general son "poco profesionales, gente marginal", y los suelen coger a todos. Tanto, que algunos pasan por la comisaría hasta dos veces al día. Los "más finos trabajando son los sudamericanos", cuenta el inspector, y "tenemos hasta chavalas de 17 años ya con un historial delictivo internacional".

Las mujeres rumanas y bosnias son las que más actúan últimamente en el Metro. Van en grupos de tres o cuatro, se colocan en las puertas del vagón y aprovechan cuando se abren para quitar las carteras y los monederos a los viajeros. "Una roba la cartera, otra se pone en medio y se pasan el monedero entre ellas para que no las pillen". Pero hay más modalidades de robos: en las escaleras mecánicas cuando hay mucha gente, o simulando un encontronazo con el viajero. Sea como sea, "choricear en el Metro no es fácil", cuentan los policías, que destacan la baja profesionalidad de los cacos del suburbano. Sólo hay una excepción entre estos expertos del descuido: un chileno de 70 años que trabaja en la línea 7 y que, para despiste del viajero, va elegantemente vestido como un auténtico dandi.

La Policía detiene a unos 50 delincuentes al mes en el Metro La Policía detiene a unos 50 delincuentes al mes en el Metro

Las víctimas preferidas de estos "descuideros", como los llaman los policías, son los extranjeros, porque "suelen ser los que llevan más dinero encima", aunque en general los robos no suelen ser de grandes cantidades en el Metro. También tienen líneas concretas en las que se mueven como pez en el agua: la línea 3 entre Embajadores y Plaza de España, la 2 entre Manuel Becerra y Ópera, o la línea 6, entre Pacífico y Nuevos Ministerios. Pero sin duda, donde hay que andarse con más ojo es en toda la línea 1 y en la 10 entre Príncipe Pío y Nuevos Ministerios. Pero, ¿por qué eligen precisamente el Metro para delinquir? "Porque ven que es un lugar por el que pasan dos millones y medio de personas al día, y es fácil camuflarse". "Los carteristas están desde las seis de la mañana en el Metro", así que los agentes nacionales tienen ante sí un arduo trabajo.

A pesar de todo, quieren dejar claro que el Metro de Madrid no es sólo uno de los mejores del mundo en extensión y servicios, sino también en seguridad. Este grupo operativo perteneciente a la Brigada Provincial de Seguridad Ciudadana cubre toda la red de Metro, incluido Metrosur. Hasta 2.200 denuncias llegan a recibir al mes, principalmente en la comisaría que tienen instalada en la estación de Sol. En Atocha hay otra, en Chamartín y en la Estación Sur de autobuses, aunque el objetivo es que con las obras de la nueva estación de Cercanías de Sol les construyan una nueva comisaría más acorde a sus necesidades. Treinta funcionarios vigilan los puntos calientes del suburbano madrileño, generalmente de paisano pero también uniformados, con especial atención a los intercambiadores y a las grandes estaciones.

Comisaría de la estación de SolTodos han pasado un curso especial de Policía en el transporte para poder desarrollar funciones integrales: prevención, identificación, investigación, información o colaboración en eventos especiales. Precisamente la prevención es una de sus principales tareas, "esa que la gente apenas nota pero que tiene mucho valor, porque sólo con nuestra presencia en determinadas estaciones ahuyentamos a los cacos". Matesán presume, y con motivo, de su equipo, integrado por hombres y mujeres en una mezcla de veteranía y juventud que pretende crecer en número, al menos, al mismo ritmo que las nuevas estaciones de Metro. Destacan además la excelente relación que mantienen con los responsables de Metro y con las empresas de seguridad privada, con las que colaboran diariamente.