Madrid.
08/06/06 MDO
Fotos: Nacho Hernández de Alba
Ni
están a la vanguardia de la moda ni preparados para
alojarse en una muñeca, pero dan la hora. Viven por
y para el sol y son, sin duda, grandes desconocidos de esta
ciudad donde los minutos vuelan en largos desplazamientos
e infinitos atascos diarios. Ven pasar el tiempo encaramados
a lo más alto de torres o fachadas de edificios, discretos
a los pies del peatón y hasta tendidos en el suelo.
Los relojes de sol se han convertido en pequeños monumentos
con mucha historia a sus espaldas. Un libro desvela sus secretos
y sus peculiaridades.
Naturaleza
y arquitectura se funden en los más de cuarenta relojes
de sol que conserva la Villa y Corte, y que hablan de otros
tiempos. Siguen siendo los grandes informadores horarios,
pero también históricos, desperdigados por las
calles de la ciudad con muchas anécdotas que contar.
El libro 'Relojes de sol de Madrid', editado por la Consejería
de Medio Ambiente y escrito por Javier Martín-Artajo
y Jacinto del Buey, recoge los más de 200 que todavía
se conservan en edificios, museos y casas particulares de
la Comunidad de Madrid, de los que unos 40 sobreviven en la
capital -además de los que se conservan en los museos-
, como los de la iglesia de Vallecas, el Real Observatorio,
la carretera de Castilla o el Palacio de la Zarzuela y hasta
en domicilios particulares. No se olvidan los autores de los
más modernos como el de la plaza del Rey, la Escuela
de Ingenieros de Telecomunicación o la avenida de la Victoria
en El Plantío y los de las áreas más castizas:
la iglesia de San Martín, en la plaza de Tudescos, uno de
los más antiguos de Madrid; el reloj de la calle Miguel Servet,
sobre una corrala rehabilitada; o el de una casa de estilo
modernista en la plaza de Santa Ana. En piedra, mármol,
acero o cerámica; verticales, horizontales, analemáticos
y hasta simples rocas en medio del monte o o meridianas en
despachos reales, todos tenían una misión: informar
del horario que marcaba el astro solar.
Tras
tres años de investigación y un estudio “exhaustivo y completo”,
los expertos Jacinto del Buey y Javier Martín-Artajo no sólo
recogen con todo tipo de detalles los relojes de sol sino
todas las características de su funcionamiento y su
construcción, en la mayoría de los casos una
auténtica obra de ingeniería que responde a
precisos cálculos matemáticos. Según
explican "el reloj de sol es algo vivo, que necesita
el calor del sol y de las gentes que lo rodean. Es un trozo
de cultura, de historia, de astronomía y matemáticas
y una dosis de arte e imaginación o sea, de gnomónica".
Sin embargo el hecho de que Madrid no tuviera con el paso
del tiempo el esplendor de una gran ciudad, ni en palacios,
ni en edificios civiles, ni en catedrales, ni en casas nobles,
dicen los autores, "y, como consecuencia, no se ven fachadas
importantes, en las pocas que hay escasean los relojes de
sol". Por ello en la Villa y Corte la mayoría
de los que se han recogido son modernos. Tan sólo se
enumeran los de la ermita de Nuestra Señora de Valverde
en el distrito de Fuencarral, la Fuente del Rey en la carretera
de Castilla, la iglesia de Vallecas y los del balcón
en los palacios del Pardo y la Zarzuela, además del
de la Iglesia de San Martín y el del Observatorio Astronómico
del Retiro. El Museo Arqueológico Nacional conserva
uno de los dos más antiguos de España, del siglo
I después de Cristo, un reloj romano en un bloque de
piedra, traído de Cádiz.
Entre
los más destacados, de paseo por la zona norte de
la capital se encuentra, en el número 29 de la calle
Doctor Arce, un reloj de Sol decorativo en piedra caliza blanca
orientado al mediodía. La calle Raimundo Fernández
Villaverde conserva sobre un pedestal un curioso reloj ecuatorial
en el jardín del Taller de Precisión y Centro
electrotécnico de Artillería. Posee una base
unida al círculo mediado con el gnomon (la varilla
de acero) y un semicírculo ecuatorial. La hora se lee
directamente en el reloj de sol a la que se añade el
valor correspondiente de la ecuación de tiempo, expresado
en la tabla, y el adelanto horario de invierno o verano. Un
bonito reloj de sol de cerámica se encuentra en la
pared orientada a mediodía de un chalé particular
situado en la Urbanización Mirasierra, y datado en
1739. Al noroeste, en la Carretera de Castilla, dirección
norte hay una fuente rematada curiosamente en su parte superior
por un reloj de sol, el único ecuatorial esférico
que los autores conocen en la Comunidad de Madrid. Es una
bola de piedra caliza de 40 centímetros de diámetro
y con números horarios escritos en caracteres árabes
a iguales distancias entre sí, aunque los primitivos
eran números metálicos. Este tipo de relojes
no tiene gnomon y las horas se leen directamente observando
donde la línea de sombra corta al Ecuador. Otro reloj
curioso es el equinoccial del Parque Deportivo de "Puerta
de Hierro".
La
superficie horaria es un círculo de chapa de acero
con refuerzos de perfiles de acero. En el borde del círculo
de está pintada la escala horaria y, en el centro,
un anuncio comercial. En este reloj solamente está
pintada la superficie dirigida al polo norte por lo que no
se leen las horas en el invierno, algo que realmente no es
necesario en el lugar donde se encuentra instalado, junto
a una piscina. La zona noroeste conserva un vistoso
reloj de sol vertical en el Pabellón de Autoridades
de la Casa de Campo, pintado sobre cerámica, así
como un gran reloj de sol horizontal en el Parque Ajofrín,
entre Hermanos García Noblejas y Arcentales. Junto
a la Avenida de los Toreros, muy cerca de la Monumental de
LAs Ventas hay un reloj de sol que pasa inadvertido pero al
alcance de cualquier mirada y es que está colocado
encima de una fuente de agua potable. El chorro de agua sale
por el vértice del gnomon . Las líneas horarias
están trazadas desde las 4 de la mañana hasta
las ocho de la tarde, pero sólo numeradas entre las
seis de la mañana y las seis de la tarde, con números
árabes. Según los autores de este libro, está
diseñado para una latitud mayor que la de la Plaza
de Toros y, además, "está girado con relación
a su posición correcta con lo cual sólo funciona
adecuadamente la fuente".
En
el centro de Madrid la calle del reloj esconde, precisamente
uno vertical decorativo, pintado sobre 36 azulejos mientras
que el que pasee por la calle sombrerete se podrá encontrar
un reloj vertical declinante en la fachada lisa de una casa
que cubre la totalidad de sus cinco pisos. En el centro, un
dibujo muestra una mujer asomada a un balcón tendiendo
la ropa. En la parte superior está dibujada una paloma
con una culebra entre las patas y un sol en el pecho. Otros
relojes del centro son el ecuatorial del Paseo de Recoletos
y el conjunto de relojes de sol de la Puerta de Toledo, junto
al mercado del mismo nombre. Como un verdadero racimo de relojes
de sol se encuentran en el suroeste los 17 verticales
de la colonia Salud y Ahorro del distrito de Usera, con cuatro
grandes relojes de gran complejidad y una serie de relojes
menores que reproducen muchos de los modelos históricos
conocidos. Entre los destacados señalamos también
el reloj de sol de refracción, realizado en metacrilato,
y conmemorativo de la perforación del túnel
del Metro de la línea 4, entre las estaciones de Esperanza
y Mar de Cristal.