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Madrid, 11/08/2005. Eva Montagut
Espectacularidad
en la conducción, popularidad y escasa regularización explican
la moda de los quads. Tanto para jóvenes con ánimo aventurero
como para ejecutivos con sed de adrenalina, se trata del vehículo
ideal para pasar un rato apasionante. Sin embargo, esta moda
ha llegado a invadir los campos y destrozar los senderos de
los parajes naturales, a pesar de que la Comunidad de Madrid
prohíbe por decreto el uso de toda clase de vehículos a motor
por la sierra madrileña.
El quad es casi tan ágil como una motocicleta.
Permite a los más hábiles hacer caballitos, derrapes,
e incluso, correr sobre dos ruedas. Es todo un espectáculo.
La dosis que aporta de adrenalina y la liberación de estrés
atrae cada vez más a los que buscan aventura y diversión. Es
frecuente su utilización por los montes y campos forestales
de Madrid para disfrutar del riesgo. Sin embargo, la Comunidad
prohíbe taxativamente el uso de vehículos a motor en la sierra
mediante el decreto de 1998. En él se regula la circulación
y práctica de deportes con vehículos a motor y por el que se
limita su uso a las vías de tránsito autorizadas y con la correspondiente
señalización. Las multas por infringir la normativa van desde
los 150 hasta los 300 euros y las sanciones se agravan si se
conduce en una época con peligro de incendio.
Circular
por campo a través provoca impactos medioambientales muy negativos,
pues se produce la alteración del suelo, la flora y demás valores
naturales. Además, genera gran contaminación acústica que afecta
gravemente a la fauna. La bióloga Marisa Sanz, considera que
los conductores de quads son "invasores del medio natural que
destruyen los caminos por un capricho innecesario". "Su diversión
-asegura- provoca serios destrozos forestales". "En la quema
de combustible, estos vehículos emiten unas partículas a la
atmósfera que contienen sustancias tóxicas como el azufre, y
que dañan la vegetación", explica la bióloga. Además, añade
que "con el destrozo del suelo, desaparece su flora, lo que
provoca la desertización y la erosión del suelo".
El uso de estos cuadriciclos por el campo destruye
las rutas y caminos, además de suponer un peligro para los propios
senderistas. Por su tipología, los quads pueden llegar a lugares
recónditos, degradando parajes naturales salvajes y de gran
riqueza medio ambiental. "Muchos de los conductores de estos
vehículos no corren por las rutas marcadas por la Comunidad
porque son pocas y en ellas hay circulación, por lo que no se
puede disfrutar del riesgo como en campo abierto", asegura Marisa
Sanz. A su juicio, "para atajar estas acciones, hay que duplicar
la vigilancia por parte del Seprona y los agentes forestales
para castigar a los ciudadanos sin respeto por el cuidado del
entorno".
Para
Óscar Mendiri, encargado de la tienda y distribuidora de quads
Motos BASI, el problema de que se usen caminos no autorizados
es que la Comunidad no facilita información sobre las vías permitidas
y pone muchos impedimentos a la hora de circular. "Si vas con
más de tres vehículos hay que pedir una autorización para una
ruta organizada", afirma. Mendiri denuncia que se están poniendo
demasiadas trabas para la conducción de estos vehículos. "Los
quads provocan los mismos desperfectos en el campo que los todo-terrenos
-argumenta- y no les achacan tantas críticas como las que soportamos
nosotros". Los 'quadtreros', así se hacen llamar, dicen que
no son ningunos salvajes. "Respetamos el medio ambiente y nos
comprometemos con él", afirma Mendiri. "Tanto es así que
en un foro de 'quadtreros' en Internet se está organizando una
marcha para reforestar parte de la zona arrasada por el incendio
de Guadalajara", aseguró.
Se
calcula que en España se compran más de 30.000 quads al año,
aunque la cifra no se puede determinar por su indefinición legal,
ya que se matriculan como motocicletas y como vehículos especiales.
Desembolsando entre 1.200 euros y 11.000 euros, el riesgo y
la diversión están asegurados. Sin embargo, la preservación
del medio ambiente, con parajes naturales de gran valor ecológico,
se ve seriamente amenazada por lo que para muchos no pasa de
ser un simple entretenimiento que, además, pone en peligro
vidas humanas.
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