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Madrid,
17/12/2004. Ana Narbón Fotos: Javier Prieto
Aprovechar los residuos de poda para
que no vayan al vertedero y puedan reutilizarse en los jardines
de la capital es el objetivo de la Planta de Compostaje de Migas
Calientes del Ayuntamiento de Madrid. Una instalación
que da lugar a un producto cien por cien natural que se utiliza
como compost en los parques madrileños. Anualmente esta
planta puede tratar hasta 4.700 toneladas de residuos vegetales,
formados por hojas y material leñoso.
La Planta de Compostaje de Migas Calientes se
inauguró en el año 1997 con el objetivo de tratar
los residuos vegetales para convertirlos en compost. Desde entonces,
esta planta procesa los residuos leñosos y las hojas,
es decir, los residuos de poda. "Digamos que las hojas
que caen en las calles, ahora por todos los lados, esas no vienen
aquí, sino los residuos generados por la poda, que llevan
tanto materia verde como leñosa", explica Javier
Espala, jefe de la sección de Viveros del Ayuntamiento
de Madrid y responsable de esta planta.
El
proceso que realiza esta planta de compostaje se divide en tres
partes muy diferenciadas unas de otras. La primera está
basada en juntar en montones de grandes dimensiones hojas de
pinos, fronsosas..., "debido a que es fundamental para
el proceso que se mezcle la materia leñosa de las ramas
con la materia verde de las hojas", señala contundente
Espala. De esta forma el proceso es totalmente natural al cien
por cien. Estos montones se encuentran en la denominada área
de recepción "que ahora está prácticamente
colapsada" de tal manera que la planta ha tenido que dejar
de admitir, por el momento, más residuos, "por las
fechas en las que estamos", declara el jefe de la sección
de Viveros. Este área tiene alrededor de unos 1.100 metros
cuadrados de superficie. Una vez que se ha mezclado todo de
forma correcta los montones se trasladan al área de trituración
donde una máquina especial "golpea, no corta, las
ramas y el material vegetal" de tal modo que se desprenden
las fibras "algo que favorece mucho la fermentación
rápida", declara Espala.
De
hecho, si no se utilizara esta máquina, -denominada desfibradora-,
el material leñoso sería imposible de fermentar
ya que, por sí solo, es un proceso muy lento. Una vez
que ya se ha sacado las fibras de todo el material leñoso
y verdoso el resultado, que está casi machacado, se lleva
al área de fermentación para que el material reciba
tanto aire generado por cinco ventiladores como humedad. "Una
vez que se depositan los montones en este área de fermentación
se ve que la materia natural empieza a evolucionar muy rápidamente,
como resultado del aire que se le insufla y la humedad",
destaca Javier Espala. De hecho, cualquier persona que se acerque
hasta los montones puede apreciar sin ninguna dificultad como
sale de ellos vapor de agua "y si metiéramos la
mano dentro notaríamos que está muy caliente.
De hecho, puede llegar a los 70 grados", puntualiza el
jefe de Viveros. Esta salida de vapor significa que los montones
están fermentando de forma natural. En total, esta primera
fase puede durar "unos quince o veinte días".
Compost para parques y jardines
Una vez que el producto ha fermentado y, por tanto, ha sufrido
una transformación, se pasa a la segunda fase "que
es más pasiva porque no inyectamos aire sino que lo único
que hacemos es regar y voltear, es decir, una máquina
va cogiendo el material de un lado, dándole la vuelta,
y lo pone en otro sitio", señala Espala. De esta
forma, el producto se oxigena y se hace más uniforme.
Además, otra de las características de esta fase
es que los montones escurren una gran cantidad de líquido
"donde van bacterías y materia orgánica",
según explica el portavoz del Ayuntamiento, que va a
parar a unos depósitos que se encuentran enterrados "ya
que es un activador de primera del proceso porque este líquido
se utiliza para volver a regar", recalca Espala. De esta
forma, se recicla todo.
Con
ello acaba la segunda fase tras un periodo de tiempo de "cinco
a seis meses". Una vez que el producto está madurado
y estabilizado pasa al área de cribado y almacenamiento
donde se procede al afino y separado del mismo. Cuando ya está
listo se amontona y solamente falta esperar que se produzca
una demanda del producto -"algo que es muy habitual. De
hecho, ahora mismo tenemos un exceso de demanda", señala
Javier Espala-, ya que el compost está preparado para
utilizarse en los parques y jardines de la capital. En este
sentido, el portavoz municipal hace hincapié en que este
reciclaje se hace posible gracias a que la planta, -ubicada
en un extremo de Migas Calientes ceñida entre la autopista
de circunvalación M-30 y el río Manzanares-, "acoge
todos los residuos de poda de Madrid", lo que supone que
anualmente esta planta trate 4.700 toneladas de residuos.
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