El cuento de Caperucita Roja
y el lobo... ¿feroz?
Blanca, una niña de 11 años, desmonta la imagen negativa que existe sobre esta emblemática especie

Madrid. Paloma Larena/fotos:Carlos Sanz
Caperucita y el lobo, amigos más que rivales El biólogo Carlos Sanz y su hija Blanca, de once años, se han propuesto acabar con el arraigado mito del "lobo feroz" que se come a Caperucita. Sanz lleva muchos años trabajando en la realización de documentales sobre la Naturaleza. Ahora, con la ayuda de Blanca, y a través de una insólita versión del popularísimo cuento, han querido mostrar otra imagen de esta emblemática y fascinante especie no tan fiera como la pintan.

Blanca Sanz, de 11 años, se considera una niña afortunada, pues desde que apenas se tenía en pie ha jugado frecuentemente con unas mascotas un tanto especiales: ardillas, cervatillos, gatos monteses, ginetas, zorros... y lobos. Sí... ¡¡lobos!! "Siempre me ha gustado ayudar a mi padre a cuidar de sus animales, y especialmente a criar los cachorros de lobo". Y es que Carlos tenía que acostumbrarles para que no se asustaran de los equipos de rodaje y les permitieran grabar los momentos más íntimos de su biología, imágenes muy difíciles o imposibles de obtener en estado salvaje: caza, establecimiento de jerarquías, cortejo nupcial, alumbramiento y crianza de lobeznos... Así pues, Blanca -a quien ahora empiezan a conocer como Caperucita Roja- se ha criado jugando con lobos, que la han aceptado como si fuera un cachorro más, sin mostar jamás el menor signo de agresividad. "Aunque sus juegos son a veces algo bruscos, me han agarrado de la coleta, se han alzado de patas sobre mí hasta tumbarme en el suelo y me han pisoteado sin demasiados miramientos... Pero por lo general su actitud ha sido siempre de afecto, cariño y sumisión, especialmente en presencia de mi padre, a quien consideran líder indiscutible de la manada".

La niña, alimentando a un lobezno como si fuera un bebéEs probable que en otros tiempos en que los lobos eran mucho más abundantes, éstos llegaran realmente a devorar a algunos humanos, explica a MDO su padre, el biólogo Carlos Sanz. "Pero en la inmensa mayoría de los casos se trataría de personas que habrían fallecido previamente en pleno campo a causa de algún accidente o enfermedad, o que habrían quedado sin adecuada sepultura en el transcurso de guerras y contiendas", añade este biólogo. "Restos humanos que, sin duda, serían oportunamente aprovechados por buitres, zorros, lobos y todo tipo de carroñeros... Pero en muy contadas y excepcionales ocasiones los lobos habrán atacado directamente a las personas, y desde luego esa posibilidad es remota en nuestro país en los últimos tiempos".

Carlos insiste en que realmente son los perros abandonados, asilvestrados o simplemente descontrolados por sus dueños (cada vez más abundantes en nuestros campos), los auténticos responsables de muchos de los daños atribuidos tradicionalmente a los lobos, tanto en las personas como en las especies cinegéticas y en la cabaña ganadera. "Los lobos jamás matan 'por el placer de matar', solamente para comer y para defenderse, o para proteger su territorio y su familia de la amenaza de otros predadores. Además, también manifiestan un marcado espíritu de grupo, una notable fidelidad a su pareja así como una inmensa ternura y delicadeza hacia sus cachorros. E incluso llegan a adoptar a lobeznos huérfanos o procedentes de otras camadas, a los que cuidan y defienden solidariamente entre todos los miembros del clan".

Integrados en la manada humana
Blanca, con su padre, en una loberaBlanca cuenta a MDO algunas anécdotas que, a pesar de su corta edad, ya ha tenido el privilegio de experimentar. "Aún no había cumplido tres años cuando empecé a ser un poco 'niña-loba', compartiendo mis juegos con mi hermano Miguel y con otros cinco 'hermanos-lobos' nacidos en la primavera de 1994, y procedentes de dos camadas diferentes: "Mowgli", "Grefa" y "Nuri", por una parte, y "Fugi" y "Chispa" por otra". Todos estos lobos fueron criados con el máximo cariño y meticulosidad desde sus primeras semanas de vida, siguiendo las pautas de un proceso que los etólogos llaman "troquelado" o "imprinting". Ello permitió que estos animales de carácter marcadamente social aceptaran perfectamente en su manada a las personas, "y que ellos mismos se integraran sin problemas en una polifacética manada humana, compuesta por niños, biólogos, técnicos de sonido, operadores y cámaras de televisión", explica su padre.

Un lobo se deja abrazar por Caperucita; impensable en el cuento clásicoHay que destacar que estos lobos ibéricos y sus descendientes son tal vez los más famosos de todos los de su estirpe (junto con sus congéneres de "El Hombre y la Tierra"), pues han protagonizado diversas secuencias para numerosos programas y series documentales como "La España Salvaje", "La Ruta Alternativa", "Los últimos lobos de la Península ibérica"... y han participado en informativos de diversas cadenas de televisión en defensa de su especie. "Nuri" parió en 1996, y "Chispa" ha repetido maternidad en cuatro ocasiones desde ese año. "En todos los casos las lobas nos han permitido a mí y a mi hermano coger a sus cachorros y jugar con ellos en el interior de la lobera -nos cuenta Blanca- despegándolos a veces de sus pezones mientras mamaban, con su total complacencia, sin el menor signo de recelo o agresividad. Pues ellas sabían perfectamente que no tenían nada que temer de nosotros, y que jamás haríamos el menor daño a los lobeznos".

Una manada de lobos rodea pacíficamente a la heroína del cuentoBlanca ya tenía ganas de decirle a todo el mundo que el cuento de Caperucita no tiene ni pies ni cabeza, al menos desde el punto de vista zoológico, "y que es totalmente falso que los lobos se coman a los niños, ni a las abuelitas...", y que nadie debe tener el menor miedo a los lobos (a excepción, obviamente, de los ganaderos que no protejan adecuadamente a sus reses), explica su padre. Se siente orgullosa de ser una de las pocas niñas del mundo que tienen la posibilidad y el privilegio de convivir con lobos, habiendo sido aceptada como un miembro más de la manada, con derecho a compartir algunos de sus momentos más íntimos, por supuesto bajo la atenta y vigilante mirada de su padre. "No sólo me han permitido participar en sus juegos y carreras, meterme en sus loberas o alimentar a sus cachorros, sino que también he participado con los lobos, a la luz de la luna llena, en ese exclusivo y estremecedor coro de aullidos que a veces lanzan al cielo para comunicarse con sus congéneres".

Los ganaderos y cazadores han sido responsables de la mala fama del loboLos lobos "bien criados", como los que forman parte de su atípica manada, aceptan perfectamente a cualquier persona que se acerque a ellos en su compañía, que les demuestre afecto y confianza, y que no tema jugar con ellos como si se tratara de sumisos perrillos. "Yo creo que con su cerebro lobuno, ciertamente inteligente, llegan a la conclusión de que los amigos de sus amigos son sus amigos. E inmediatamente se comportan con los visitantes afectuosos como si les conocieran de toda la vida."

¿Por qué es tan difícil encontrar un "peluche" de lobo, mientras que proliferan por todo el mundo mil versiones de muñecos representando a osos, leones, tigres, cocodrilos, serpientes, tiburones y otros muchos animales potencialmente más peligrosos para el hombre que el propio lobo?, se pregunta Sanz padre. "El lobo es un símbolo del mal sobre el que el hombre se ha encargado de apilar injustamente durante siglos los calificativos más indeseables de la propia condición humana: cruel, sanguinario, feroz, diabólico, traidor, repugnante, despreciable... todo porque, en el fondo, no es más que uno de los pocos animales salvajes que no ha conseguido dominar a lo largo de su historia".

 

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