Sufrir la M-30
Las obras de este eje urbano prometen cambiar el paisaje de Madrid en muchas zonas. Hasta entonces, los vecinos padecen sus consecuencias



Un vecino de la avenida del Manzanares, caminando al lado de las obras./Foto: Javier Prieto HerreroMadrid, 26/10/2006. Alberto Grados
Foto: Javier Prieto Herrero
Uno percibe que pasea cerca de las obras de la M-30 cuando se da cuenta de que eleva ligeramente el volumen de su voz y agudiza al máximo el oído para poder mantener una conversación con su acompañante. Y no hay que irse junto a las grúas o taladradoras; basta recorrer la avenida del Manzanares y sus calles aledañas, al lado mismo del Vicente Calderón. Eladio Díez, vecino de la zona y miembro de la Plataforma contra las obras de la M-30, nos acompaña por un barrio cuyos vecinos padecen estos trabajos que, en opinión de la mayoría, "no parecen terminar nunca". El ruido o el polvo que provocan las máquinas son sólo algunos de los inconvenientes que sufren a unas personas cuya vida diaria está marcada en exceso por las obras que tienen al lado de sus casas.

Antes de subir al piso de Eladio para ver una perspectiva única de las obras que tiene enfrente de su casa, nos cruzamos con Salvador Martín, uno de los vecinos del bloque que pasa parte de la mañana paseando por el vestíbulo de entrada porque "es más cómodo caminar por aquí que por la calle". Afirma, además, que mantiene sus ventanas cerradas para no oír el ruido y no dejar que entre el polvo de las obras que le impide dedicarse a su gran pasión: la pintura. Ya en su piso, Eladio confirma que es difícil vivir con el ruido que sufren tanto por el día como por la noche, "a veces te despiertas a las seis y media de la mañana cuando empiezan a funcionar las máquinas", comenta.

Las obras están al lado de las casas en la avenida del Manzanares haciendo que las calzadas sean muy estrechas para caminarNo obstante, lo que más molesta a los vecinos es la falta de información "y el pitorreo" por parte del Ayuntamiento sobre cómo va a ser el futuro de su barrio. Por ejemplo, dicen desconocer cuándo terminarán las obras. "Depende de con quién hables te dice una fecha distinta", asegura Eladio. "El Ayuntamiento prevé acabar antes de las elecciones pero tememos que se hagan la foto y continúen las obras. Si preguntas a los técnicos, aseguran que necesitan nueve o doce mes más para que todo funcione con las medidas de seguridad adecuadas e incluso, Ginés Garrido -arquitecto ganador del concurso Madrid Río- prevé que no estará todo finalizado hasta dentro de cinco años". Los vecinos ni siquiera se consuelan como quedará todo tras las obras. "Dicen que mi piso se revalorizará pero no quiero especulación".

Ya en la calle, Eladio Díez confiesa que cuando ha pedido explicaciones nunca ha recibido respuestas claras. La última pregunta ha sido sobre las medidas de seguridad y emergencia ante, por ejemplo, un incendio en el barrio mientras duren las obras. "Los bomberos no pueden llegar bien a determinadas zonas -dice-, igual que las ambulancias que trasladan a centros de día a los ancianos del barrio", obligados a caminar entre barro, zanjas y escombros hasta los vehículos. "Me dicen que esas medidas las han negociado con la asociación de vecinos pero en esta zona no hay ninguna", asegura.

Nos cruzamos con un matrimonio mayor. Ella, apoyada en un bastón y del brazo de su marido. Dicen que andar por el barrio es muy complicado por las obras y, sobre todo, lo notan por el largo camino que tienen que recorrer para coger el autobús (el número 50), ya que no puede entrar por las calles Illán o Hacienda debido a las dificultades de acceso. Lo mismo ocurre con los taxis, "que se niegan a entrar a la zona por la misma razón", dice Eladio. Se quejan también de la falta de previsión y de los rodeos que tienen que dar para hacer algo tan sencillo como la compra.

Las farmacias han atendido muchas heridas por caidas desde que empezaron las obrasAumento de las caídas
Y es que las caídas están a la orden del día. Para un vecindario mayoritariamente mayor, caminar por sus calles de siempre se ha convertido en una odisea por las calzadas estrechas, las zanjas y otros desperfectos de la vía, que sumados al barro y al piso deslizante de los días de lluvia, obligan a prestar toda la atención posible para dar un sólo paso. Ana María Menéndez, farmacéutica de barrio, confirma que "hemos atendido a muchos vecinos sobre todo por caídas y también para vender productos contra el asma o el picor de ojos". "Aconsejo a algunos -dice Ana María- que se vayan de la zona un tiempo pero que sean pacientes porque todo quedará bien al final".

También los comerciantes se han visto perjudicados. Un taller y algunas tiendas han cerrado por la falta de clientes. Otros han perdido hasta un 30 por ciento en ventas en el último trimestre pero esperan que la situación mejore. Ana Isabel Sánchez, propietaria de una tienda de alimentación para niños alérgicos a la leche y al huevo, ha creado incluso una página web por la que hace la mayoría de sus ventas pero asegura, aún así, que ha sufrido pérdidas y ha tenido que despedir a dos empleadas. "Vendo productos de primera necesidad y desde el Ayuntamiento hacen caso omiso", comenta. Por su parte, Antonio González, carnicero, asegura que ha perdido hasta proveedores "que no pueden traerme mercancía" por la dificultad para acceder a la tienda. "Como siga el problema después de abril me jubilo", bromea.

Muchos comercios han cerrado por el descenso en las ventasCon todo, "la mayoría de los vecinos están a favor de las obras porque esperan que queden bien", dice Eladio Díez. "El 70 u 80 por ciento son votantes del PP y apoyan los trabajos pero cambian de discurso cuando descubren, por ejemplo, lo que tienen que pagar por todo ello". Gusten o no las obras, lo que quiere Eladio es que haya más planificación de cara a los vecinos. "Y es que siempre estamos en último lugar", se lamenta.