Los asturianos que viven en Madrid y los amantes de la sidra se reúnen una vez al mes para compartir 'culines', platos típicos y algún que otro cántico


Madrid, 13/05/2005. Pilar Pintado
Fotos: Ruth Velasco
La han bautizado como la "sidroquedada" mensual, y, el que va una vez, acaba repitiendo. Cientos de asturianos de nacimiento -y otros tantos de adopción- comenzaron hace unos años juntándose una vez al mes en la capital para compartir sidra, queso de cabrales y cánticos de su tierra. Ahora esa reunión ha acabado institucionalizándose y hasta hay lista de espera para poder ir. La de este jueves volvió a ser mítica. La 'sidrina' no paró de caer de lo alto de las botellas, todo el mundo acabó escanciándola y... sí, se entonó el "Asturias, patria querida".

Es posible beber buena sidra más allá del Puerto de Pajares, aunque los madrileños no estén muy acostumbrados. En la capital "la gente se va de cañas, de vinos, de copas, de tapas y hasta de botellón, pero no de sidras", así que hace ahora dos años Fernando Delgado, un asturiano que vive en Madrid y que es propietario de una empresa de internet, se decidió a promocionar la cultura asturiana más allá del Principado. Primero creó el portal sidrero asturiano www.sidrerias.com, y después ideó la "sidroquedada", un evento con verdaderos adeptos en Madrid. "Queríamos dar a conocer los mejores establecimientos de la capital donde poder disfrutar de una buena sidra y de la gastronomía de nuestra región", explica Fernando. Él puso la idea, los dueños de sidrerías en Madrid, sus locales, y la amplia comunidad de asturianos residentes en la capital, el resto.

Desde noviembre del 2002 no han faltado a la cita mensual ni una sola vez. El segundo jueves de cada mes se juntan en una sidrería distinta, tanto los asturianos como las decenas de madrileños y gente de otros sitios que han decidido apuntarse. Cada mes que pasa tienen más éxito, tanto, que es necesario inscribirse en la web y hasta hay la lista de espera porque los aforos de los bares, como es lógico, son limitados. "Hacemos cultura de nuestra sidra", y al tiempo convencen a los hosteleros de que merece la pena cuidar "nuestro más preciado manjar". El que va una vez acaba repitiendo, porque si algo puede decirse de la sidroquedada es que es difícil encontrar un sitio con mejor ambiente que éste. Los que ya son históricos de estas quedadas hablan de "hermanamiento" entre los asistentes, independientemente de que sean del Principado o no.

Desde luego que ayuda el "pasaporte sidrero " que le cuelgan al cuello a uno nada más entrar. Sólo hay que apuntar el nombre y el lugar de procedencia, y aunque lo más habitual es leer Oviedo, Gijón, Mieres o Langreo, lo cierto es que la palabra Madrid también aparece en muchos de estos pasaportes. "Lo más normal es que venga un asturiano y se traiga a muchos amigos, cada uno de un sitio distinto", explica Fernando mientras no para de escanciar botellas, "también acuden muchos grupos que son compañeros de trabajo". Se comparten botellas, pinchos, raciones y 'culines', además de charlas con marcado acento asturiano. Al principio sólo los expertos escancian la sidra, pero al final todo el mundo acaba, con mayor o menor arte, tirando la sidra con la botella en alto.

El secreto, según cuenta uno de los asturianos, "es tirar la sidra lo más alto posible, con el brazo estirado, y que caiga lo más cerca del borde del vaso". Los más duchos lo hacen con bastante puntería, pero los profanos en esto de escanciar terminan, en muchos casos, tirándolo fuera, "así que se recomienda no venir en sandalias", bromea. Este jueves volvieron a juntarse más de 120 personas en la sidrería El Escarpín, cerca de Ópera, para celebrar, a su forma, una "espicha". ¿Y qué es una espicha?, preguntan los madrileños, albaceteños o sevillanos que no saben que para los asturianos es algo casi, casi, sagrado. Pero rápido hay alguien de Avilés, Llanes o de Cudillero que explica que en las ocasiones especiales los asturianos se reúnen en un lagar para "espichar" algún tonel de sidra. No faltan las patatas al cabrales, las manzanas con queso, la tortilla, la empanada y los chorizos a la sidra.

Y todo -además de todas las botellas que se quiera-, por 20 euros que cobran en la puerta. Entre la gente, camisetas azules con la Cruz de la Victoria de la bandera asturiana, y algún que otro vocablo en bable que acaba escapándose. El asturiano de moda, Fernando Alonso, acaba siendo coreado por los grupos de amigos, y tampoco faltan los cánticos y las tonadas, el himno del Oviedo o del Sporting de Gijón. Y claro está, la fiesta alcanza su punto álgido cuando alguien comienza a entonar el "Asturias, patria querida", que cantan al unísono los de Principado y los de fuera. A pesar de todo, Fernando Delgado se queja de que no tienen ninguna ayuda oficial. Nadie del Principado de Asturias les ayuda en su labor de promoción, "ni Fernando Alonso ni nadie", bromea. Con o sin ayudas, ahora ya piensan en hacer la sidroquedada más días, o en varios locales a la vez. Pues nada, habrá que apuntarse.