Va terminando
el periodo álgido de vacaciones estivales. El verano ha sido
más duro de lo habitual. Los incendios han acabado con la
vida de un buen número de trabajadores de las cuadrillas forestales
en Guadalajara. La sequía, el calor agobiante, la disminución
alarmante de las reservas de agua. Diecisiete trabajadores
del Ejército han muerto en un accidente en Afganistán. Un
agricultor ha fallecido tras los golpes y maltratos en un
cuartel de la Guardia Civil. Los accidentes de tráfico han
vuelto a ser triste noticia. Los tremendos atascos veraniegos
han amargado la vida de quienes salían o retornaban de sus
vacaciones y de quienes acudían a trabajar a una capital asolada
por las pertinaces obras municipales. El Gobierno autonómico
ha aprovechado el mes de agosto para aprobar la concesión
de cuarenta canales de televisión al clero y a los amigos
políticos de la derecha gobernante.
Pocos serán quienes echen de menos este verano. Volver de
este periodo vacacional tendrá como siempre sus inconvenientes.
Volver al trabajo en espacios urbanos cada vez menos a la
medida de los seres humanos, a las tensiones cotidianas. Pero
todos estos problemas nos parecerán asumibles si podemos volver
a una sucesión de acontecimientos que no vengan marcados por
la tragedia.
Volvemos a un Madrid que tendrá que participar en el primer
gran debate de la política nacional que se anuncia en la celebración
de la Conferencia de Presidentes, prevista para el mes de
septiembre y que se centrará en la financiación del sistema
sanitario. Según el Informe del grupo de análisis del gasto
sanitario público, dirigido por el interventor general del
Estado, Madrid obtiene una financiación de poco más de 4.000
millones de euros y gasta más de 4.600. Este dato pone de
relieve que Madrid gasta casi 200.000 millones de pesetas
más que cuando recibió las transferencias sanitarias. Unas
transferencias que fueron negociadas con criterio político
entre el gobierno del PP en el Estado y el gobierno del PP
en la Comunidad de Madrid, que no tomaron en cuenta las insuficiencias
que ya en aquel momento soportaba la sanidad madrileña. Mientras
Aznar gobernó todo quedaba en casa. Ahora todo son demandas
de mayor financiación al papá Estado.
Hemos tenido mala suerte los madrileños con los responsables
de sanidad que nos han tocado. Echaniz negoció unas malas
transferencias y fue incapaz de obtener el mínimo consenso
político y social para afrontar el reto de futuro del sistema
sanitario. Su sucesor, el consejero Lamela, se ha empantanado
en la privatización de los nuevos hospitales y se ha hundido
en conflictos como el del Hospital Severo Ochoa de Leganés.
Cambios tecnocráticos en los modelos de gestión sanitaria
y mucha propaganda para que cambie todo mientras todo empeora.
No hay solución para las listas de espera. No hay más camas
hospitalarias. Faltan centros de salud de atención primaria
y de especialidades. Hay más de setecientas mil tarjetas sanitarias
más y los recursos que ya eran insuficientes lo son aún más.
El mapa sanitario sigue siendo el mismo, con once áreas sanitarias
que superan con creces los 250.000 pacientes establecidos
por la Ley General de Sanidad y que en más de la mitad de
los casos superan los 500.000.
El gobierno de Zapatero ofrece 3.000 millones de euros, a
medias con las comunidades autónomas, para financiar la sanidad
española. Esta cantidad es insuficiente porque tan sólo en
2003 las comunidades autónomas recibieron 4.900 millones menos
de lo que gastaron en sanidad. Pero es un comienzo, una señal
que hay que aprovechar para poner encima de la mesa los problemas
sanitarios y evitar que el problema se agudice y se aleje
cada vez más de una solución.
Es el momento de reconocer que, tal como afirma el Informe,
las comunidades autónomas son las responsables de la gestión
del 90 por ciento del gasto sanitario público. Que según estimaciones
solventes, en España nos gastamos en sanidad casi 22.000 millones
de euros menos de lo que deberíamos de gastarnos por el nivel
de desarrollo económico y eso hace que seamos el país que
tiene menor gasto público en sanidad por habitante en la Europa
de los 15. Que dentro de España, Madrid es la Comunidad con
menor gasto sanitario público por habitante. Que la política
de equilibrio presupuestario seguida por el gobierno Aznar
ha producido un mayor desequilibrio social y sanitario con
Europa. Que en el crecimiento inadmisible del gasto en medicamentos
y en tecnología radica buena parte del crecimiento del gasto
sanitario. Que los cambios demográficos y el crecimiento de
la población deben ser tenidos en cuenta con carácter permanente
para revisar la financiación de la sanidad.
Hará mal el gobierno de Esperanza Aguirre en sacar pecho,
con el consabido "somos los mejores" que le caracteriza, ante
una situación que su propio partido generó con una mala política
sanitaria a nivel del Estado y de Comunidad Autónoma. Hará
mal tachando de dádiva o limosna la oferta del Gobierno central,
por insuficiente que parezca, y jugando a utilizar el malestar
de los madrileños para situarse como primera víctima entre
los victimistas gobiernos autonómicos del PP.
La única salida es reconocer las insuficiencias actuales,
abordar el reto de la sanidad pública madrileña y pactar con
el Estado los recursos necesarios para acometerlo, que pueden
situarse en una necesidad de financiar 1.200 millones de euros
anuales más. Recursos que deben de proceder de un esfuerzo
compartido entre el Gobierno central y el Gobierno regional.
La única salida es negociar política y socialmente un Pacto
por la Sanidad Pública, que venimos reclamando desde el momento
en que se anunció la transferencia sanitaria a la Comunidad
de Madrid y que tan sólo la falta de voluntad de los responsables
políticos de la sanidad madrileña ha hecho inviable hasta
el momento.
A principios de septiembre, en la Conferencia de presidentes
autonómicos con el presidente del Gobierno, comprobaremos
si la sanidad es un problema a resolver por la vía de la corresponsabilidad
en la financiación o si, carentes del más mínimo sentido de
Estado, algunos pretenden utilizarla como arma arrojadiza
en su particular asalto al poder.