Pedro Montoliú
Un candidato bajo del mar
Miguel Sebastián. Foto: Javier Prieto Herrero
Alberto Ruiz Gallardón:.Foto: Juan Luis Jaén

Cuentan que Miguel Sebastián, el candidato del PSOE a la Alcaldía de Madrid, es un consumador buceador. No se sabe -la verdad es que se conoce muy poco de él- si esta afición le ha llevado, tras haber saltado a la palestra de la mano del presidente de Gobierno y del secretario general del PSOE en Madrid, a decidir permanecer oculto bajo un mar de informes unas cuantas semanas más para atender a los compromisos pendientes que tenía como asesor económico de Rodríguez Zapatero. Como si se lo pudiera permitir cuando en una ciudad como Madrid el grado de conocimiento del candidato cuenta y mucho a la hora de depositar el voto, sobre todo entre quienes no son esos fieles de partido que cogen la papeleta llueva o nieve, sea el candidato éste o sea aquél. No aprovechar en estas circunstancias tres o cuatro semanas significa, primero, que le ha caído el encargo de la noche a la mañana y, segundo, que debe ser más importante lo que está pendiente que lo que se le viene encima, lo que daría una imagen de que no parece haber demasiada confianza en los esfuerzos que se hagan.

Y es que el número de votantes del PP desde 1991 nunca ha bajado de 700.000 con una punta de 955.000 en 1991. En las últimas elecciones, el PP obtuvo 874.000 votos. Las variaciones en el PSOE han sido similares. Este partido nunca ha bajado en Madrid de los 510.000 votos (1991) y obtuvo su mejor marca en 1983 cuando llegó a los 808.000 votos, muy lejos de los 625.000 obtenidos en las últimas elecciones. Por su parte Izquierda Unida ha oscilado entre los 100.000 votos de 1987 y los 279.000 de 1995 más del doble de los 123.000 que obtuvo en las últimas elecciones. Luego hay 27.000 que votan en blanco y 54.000 que optan por otras candidaturas.

Si se tienen en cuenta las elecciones a las que se han presentado, el PP tendría una media de 740.000 votantes, el PSOE de 608.000 e IU de 160.000. La comparación de estas medias con los últimos resultados dejan claro no obstante que mientras el PSOE superó ligeramente esta media (625.000) e IU estuvo por debajo de su media (123.000) el PP superó ampliamente de la suya (874.000). Esta diferencia de votos, unida al mayor envejecimiento de la población de la capital -que se traduce en un mayor voto conservador- y al tirón político de Gallardón son algunas de las razones por las que ninguno de los candidatos del PSOE a quienes se lo propusieron aceptó medirse con el actual alcalde. Usando palabras de Bono "a nadie le amarga un dulce" siempre y cuando le aseguren que ese "dulce" se lo va a comer, algo que en este caso parece difícil. Al PSOE sólo le quedaba apostar por uno de sus grandes pesos pesados pero ¿quién siendo ministro o incluso vicepresidente de una nación va a dejar el cargo si no tiene cien por cien asegurado que no va a acabar de portavoz del principal grupo de la oposición?

Ante ello el PSOE ha optado por una figura desconocida, aunque de curriculum brillante. ¿Significa eso que Miguel Sebastián no tiene ninguna oportunidad?. En política no se puede afirmar nada con total rotundidad. Véase el caso de Rodríguez Zapatero, si bien buena parte de su éxito se debió a una mayor participación electoral como consecuencia del 11-M. Mantener el voto e incrementarlo con simpatizantes a costa de abstencionistas es el reto al que se enfrenta el candidato socialista.

Desde la llegada a la democracia, en Madrid la abstención ha oscilado entre los 578.000 que no acudieron a votar en 1979 hasta los 1.019.000 que no lo hicieron en 1991. En las últimas elecciones no votaron 772.000 personas, un 31,1 por ciento de la población. Conseguir que una parte de ese electorado acuda debe ser una tarea prioritaria para Sebastián. Si es que termina por creérselo, y sale de una vez del fondo del mar para pisar la calle.


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