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Cuentan que Miguel Sebastián, el
candidato del PSOE a la Alcaldía de Madrid, es
un consumador buceador. No se sabe -la verdad es que se
conoce muy poco de él- si esta afición le
ha llevado, tras haber saltado a la palestra de la mano
del presidente de Gobierno y del secretario general del
PSOE en Madrid, a decidir permanecer oculto bajo un mar
de informes unas cuantas semanas más para atender
a los compromisos pendientes que tenía como asesor
económico de Rodríguez Zapatero. Como si
se lo pudiera permitir cuando en una ciudad como Madrid
el grado de conocimiento del candidato cuenta y mucho
a la hora de depositar el voto, sobre todo entre quienes
no son esos fieles de partido que cogen la papeleta llueva
o nieve, sea el candidato éste o sea aquél.
No aprovechar en estas circunstancias tres o cuatro semanas
significa, primero, que le ha caído el encargo
de la noche a la mañana y, segundo, que debe ser
más importante lo que está pendiente que
lo que se le viene encima, lo que daría una imagen
de que no parece haber demasiada confianza en los esfuerzos
que se hagan.
Y es que el número de votantes del
PP desde 1991 nunca ha bajado de 700.000 con una punta
de 955.000 en 1991. En las últimas elecciones,
el PP obtuvo 874.000 votos. Las variaciones en el PSOE
han sido similares. Este partido nunca ha bajado en Madrid
de los 510.000 votos (1991) y obtuvo su mejor marca en
1983 cuando llegó a los 808.000 votos, muy lejos
de los 625.000 obtenidos en las últimas elecciones.
Por su parte Izquierda Unida ha oscilado entre los 100.000
votos de 1987 y los 279.000 de 1995 más del doble
de los 123.000 que obtuvo en las últimas elecciones.
Luego hay 27.000 que votan en blanco y 54.000 que optan
por otras candidaturas.
Si se tienen en cuenta las elecciones a
las que se han presentado, el PP tendría una media
de 740.000 votantes, el PSOE de 608.000 e IU de 160.000.
La comparación de estas medias con los últimos
resultados dejan claro no obstante que mientras el PSOE
superó ligeramente esta media (625.000) e IU estuvo
por debajo de su media (123.000) el PP superó ampliamente
de la suya (874.000). Esta diferencia de votos, unida
al mayor envejecimiento de la población de la capital
-que se traduce en un mayor voto conservador- y al tirón
político de Gallardón son algunas de las
razones por las que ninguno de los candidatos del PSOE
a quienes se lo propusieron aceptó medirse con
el actual alcalde. Usando palabras de Bono "a nadie
le amarga un dulce" siempre y cuando le aseguren
que ese "dulce" se lo va a comer, algo que en
este caso parece difícil. Al PSOE sólo le
quedaba apostar por uno de sus grandes pesos pesados pero
¿quién siendo ministro o incluso vicepresidente
de una nación va a dejar el cargo si no tiene cien
por cien asegurado que no va a acabar de portavoz del
principal grupo de la oposición?
Ante ello el PSOE ha optado por una figura
desconocida, aunque de curriculum brillante. ¿Significa
eso que Miguel Sebastián no tiene ninguna oportunidad?.
En política no se puede afirmar nada con total
rotundidad. Véase el caso de Rodríguez Zapatero,
si bien buena parte de su éxito se debió
a una mayor participación electoral como consecuencia
del 11-M. Mantener el voto e incrementarlo con simpatizantes
a costa de abstencionistas es el reto al que se enfrenta
el candidato socialista.
Desde la llegada a la democracia, en Madrid
la abstención ha oscilado entre los 578.000 que
no acudieron a votar en 1979 hasta los 1.019.000 que no
lo hicieron en 1991. En las últimas elecciones
no votaron 772.000 personas, un 31,1 por ciento de la
población. Conseguir que una parte de ese electorado
acuda debe ser una tarea prioritaria para Sebastián.
Si es que termina por creérselo, y sale de una
vez del fondo del mar para pisar la calle.
pmontoliu@madridiario.es
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