 Madrid,
septiembre 2005. MDO
La Comunidad de Madrid siempre ha entendido que la R-1 y el
cierre de la M-50 son dos infraestructuras necesarias para la
movilidad del norte de Madrid, y así se lo transmitió
Aguirre a la ministra de Fomento en la reunión que mantuvieron
en el mes de mayo. El Ministerio descartó estas obras,
así que el Gobierno regional decidió que las acometerían
desde la Comunidad de Madrid. Por el momento el Ejecutivo madrileño
sólo encargó los estudios de viabilidad, y decidió
que ambas autopistas serían de peaje para poder financiar
las obras. El cierre de la M-50 bajo el monte de El Pardo levantó
las críticas de ecologistas y oposición por tratarse
de una zona protegida.
El Boletín Oficial de la Comunidad de
Madrid publicó en septiembre el estudio de viabilidad
para cerrar la M-50 bajo el monte de El Pardo y construir la
nueva autopista R-1. Según este estudio, tanto la M-50
como la R-1 serían de peaje para poder financiar unas
obras que Madrid siempre reclamó a Fomento y que el Ministerio
finalmente rechazó. El Gobierno central advertía
ya en el mes de mayo que el cierre de
la autovía M-50 por el monte de El Pardo, reclamado por el Gobierno
regional, tendría "importantes implicaciones ambientales, ya
que atravesaría una zona protegida de alto valor ambiental,
así como problemas de explotación derivados de la gran longitud
de los túneles que previsiblemente sería preciso construir".
Ante la negativa de Fomento, Esperanza Aguirre decidió
que estas obras se acometerían desde la Comunidad de
Madrid.
La presidenta regional encargó sus estudios
de viabilidad, según los cuales la M-50 ayudaría
a derivar cerca de 40.000 vehículos diarios, y en total se beneficiarían
67.000 viajeros con esta intervención. Cada actuación afectaría
a 30 kilómetros en una zona en permanente extensión con
los nuevos barrios de Sanchinarro, Las Tablas y Montecarmelo,
y los municipios de Alcobendas, San Sebastián de los Reyes y
Las Rozas. Para la R-1 se diseñaron cuatro alternativas diferentes,
todas desde el municipio de El Molar, hasta entrar en la capital
conectando con la M-12. En cuanto a la M-50, se preveía
su cierre entre la M-607 y la autovía A-6, entre Madrid y Las
Rozas, y para ello se realizaría un túnel bajo el monte
protegido de El Pardo. Precisamente por ser una zona protegida,
sólo circularían vehículos ligeros y ni siquiera se harían
pozos de ventilación o salidas de emergencia. El túnel tendría
dos carriles por sentido, ampliables a un tercero cuando fuera
necesario.
El
proyecto no tardó en levantar las críticas de
ecologistas, oposición y sindicatos. Así, CCOO
consideraba que el proyecto lanzado por el Gobierno regional
abría nuevos enfrentamientos con el Ejecutivo central,
y sólo respondía a intereses urbanísticos
y especulativos. CCOO denunció además los problemas
medioambientales que traería construir un túnel
bajo el monte de El Pardo. "La Comunidad de Madrid justifica
la urgente necesidad de acometer estas obras en un supuesto
déficit de carreteras en la zona norte de Madrid y, en el caso
de la R-1, en un estudio que indica el gran número de vehículos
que utilizarían esta autopista. Pero reiteramos que Madrid es
la región metropolitana de Europa con más kilómetros de vías
de alta ocupación por habitante, lo que no impide los continuos
atascos", indicó la central sindical.
En el PSOE, el portavoz de
Transportesen la Asamblea, José Quintana, dijo que con el cierre
de la M-50 y la nueva R-1 el Gobierno regional se metía
en una "imposible" aventura económica y social y se convertía
en el "mayor destructor del Medio Ambiente que haya sufrido
Madrid". Para el PSOE, la propuesta del Gobierno madrileño
suponía meterse en una "auténtica aventura económica
que sólo beneficiará a determinadas constructoras". El
grupo IU presentó alegaciones a los proyectos de viabilidad
de la Radial 1 y el cierre norte de la M-50. Su coordinador
general, Fernando Marín, entregó un escrito en el que solicitaba
la suspensión de los mismos por "falta de justificación" y "nula
necesidad de ejecución". El partido se oponía a estos
planes debido a que la finalidad de esta construcción
no era, en su opinión, descongestionar la autovía
de Burgos, sino "apoyar el gran desarrollo urbanístico".
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