 Madrid.
MDO
Fotos:Javier Prieto Herrero
Agentes de la Policía Nacional desalojaron el 10 de mayo el
emblemático Centro Social Feminista 'Eskalera Karakola', con
la oposición de medio centenar de mujeres que, en un tono festivo,
entre disfraces y música, se encadenaron a las puertas del edificio
de Lavapiés, condenado a la demolición. Apenas una hora duró
la "fiesta" en la que las mujeres del colectivo feminista quisieron
convertir la despedida del centro "okupado" durante más de ocho
años, antes de que los responsables municipales y representantes
legales de los propietarios del edificio de la calle Embajadores
40 exhibieran los pliegos de desalojo y embargo de la vieja
panadería.
La
protesta duró desde las nueve hasta las diez de la mañana y
contó con la complicidad de los vecinos, que preguntaban preocupados
"qué iban a hacer con las chicas". Un pequeño equipo de música
hacía sonar canciones de los ochenta y varias decenas de mujeres
jóvenes (y algunos chicos disfrazados de mujer) gritaban contra
la especulación y pedían, entre bailes, la rehabilitación del
edificio, que ya no será posible. La "resistencia" al desalojo
incluyó el encadenamiento de varias mujeres a la carcomida puerta
de la entrada, cuya viga de sujeción quedó pulverizada al primer
tirón que dieron los policías encargados de ejecutar la orden,
lo que hicieron después de cortar las cadenas sin mayores complicaciones.
Alguna
de las mujeres reprochó a los abogados de la familia
propietaria que demoliera el edificio para levantar pisos y,
bromeando, les pidió que adelantaran "unas botellas de champán"
a cuenta de los beneficios del proceso especulativo. Según explicó
'Maggie', que hacía de portavoz de las mujeres, el Ayuntamiento
les ha cedido un local en el número 53 de la misma calle, que
"es más nuevo, pero nos queda un largo rato para rehabilitarlo,
porque no tiene ni agua, ni luz ni teléfono, y dispone de menos
de la cuarta parte de espacio que el que dejamos".
La antigua panadería que este martes era desalojada
es un edificio de dos plantas de principios del siglo XVII con
algo más de 400 metros cuadrados, que ha sido recuperado por
mujeres "de toda edad, nacionalidad y condición", apuntó 'Maggie',
quien asegura que "tenemos un equipo de arquitectos que nos
dicen que la rehabilitación es posible". "Hace falta un saneamiento
completo", reconoció la portavoz, que reivindicaba la casa de
la 'Eskalera Karakola' por ser "única en el barrio, por su estructura
y por ser testimonio de los oficios de los barrios bajos de
entonces; es un monumento a los espacios cotidianos".
Explicó
asimismo que hubo un intento, respaldado por los grupos de la
oposición en el Ayuntamiento de Madrid, para que la Empresa
Municipal de la Vivienda comprase el inmueble, con el fin de
que las mujeres, muy apreciadas en el barrio, pudieran seguir
desarrollando actividades culturales y artísticas, pero, según
'Maggie', no prosperó, por lo que siguió su curso el expediente
de declaración de ruina. "Muchas mujeres que han ido y venido,
y las que estamos ahora, sentimos mucha tristeza al despedirnos",
se lamentó esta estadounidense que, no obstante, pertenece al
barrio "casi tanto como la casa", afirmó. Antes de separarse
definitivamente del edificio, 'Maggie' aprovechó para decir
que el colectivo feminista sigue adelante en el nuevo local,
y pidió ayuda para la rehabilitación de la nueva 'Eskalera karakola',
por cuyo alquiler pagarán al Ayuntamiento una cantidad simbólica.
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