Madrid.
MDO
Las familias del edificio
que albergaba los números 38 y 40 de la calle Carmen Martín
Gaite de Leganés, donde el pasado 3 de abril se inmolaron
los siete presuntos terroristas islamistas vinculados al 11-M,
volvieron a habitarlo en julio. Estas familias estuvieron
realojadas en régimen de alquiler en el propio municipio,
en otras localidades del entorno, en la zona oeste de la región
y en la capital, corriendo todos los gastos a cargo del Ayuntamiento,
que posteriormente giró la factura al Ministerio del
Interior.
Los trabajos de reconstrucción, a cargo de Dragados, incluyeron
la adaptación del inmueble a la nueva normativa en materia
de electricidad y medidas contra incendios, mientras que por
lo demás, la dirección facultativa, a cargo de INITEC, siguió
los planos del edificio de hace nueve años con la ventaja
de que los nuevos materiales empleados fueron mejores, según
precisó el
concejal de Obras y Servicios Comunitarios del Ayuntamiento,
Mariano Maroto.
El concejal aseguró que los vecinos estaban satisfechos
con la reconstrucción, valorada en 2,2 millones de euros,
e informó que estaban "contentos porque lo que
ven es el reflejo de lo que había y reconocen que han ganado
en calidad", tras haber mantenido una reunión con los afectados.
Estas
familias estuvieron realojadas en régimen de alquiler en el
propio municipio, en otras localidades del entorno, en la
zona oeste de la región y en la capital, corriendo todos los
gastos a cargo del Ayuntamiento, que posteriormente giró
la factura al Ministerio del Interior. En este sentido, un
portavoz de los vecinos afectados, Enrique García Leal, manifestaba
que estaban "deseando volver para empezar otra vez a
vivir", tras lo cual señaló que las familias
de estos inmuebles se decantaron por la demolición para "garantizar
la seguridad", ya que temían que los arreglos tapasen temporalmente
desperfectos que, al cabo de unos años, pudiesen reaparecer.
Leal comentó, además, que no creía que
les quedase temor "a residir en el inmueble después de
su reconstrucción".
La demolición del edificio siniestrado se llevó a cabo sin
explosivos, con una cizalla eléctrica, operación que generó
3.000 metros cúbicos de escombros y que se realizó en ocho
días laborables, con la colocación de una pantalla protectora.
Las partes implicadas optaron por la demolición después de
barajar numerosas posibilidades, por lo que ésta y
su posterior reconstrucción, dejando los garajes y trasteros,
resultó ser la opción más económica, tal y como certificaba
un estudio de la empresa INITEC. No obstante, se barajó también
el derrumbe total del edificio, incluidos los cimientos y
el sótano, opción que quedó finalmente descartada porque hubiese
costado 2,5 millones de euros.